Oh, sí, por supuesto que hay un nexo de unión en los inicios del feminismo y el vegetarianismo

Oh, sí, por supuesto que hay un nexo de unión en los inicios del feminismo y el vegetarianismo
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El ecofeminismo es tan viejo como el propio feminismo. Y pueden rastrearse los puentes entre el vegetarianismo y el movimiento por la igualdad entre hombres y mujeres en el mismísimo caldo de cultivo que supuso la sociedad británica eduardiana de finales del siglo XIX e inicios del XX.

En el mencionado período hubo tres grandes organizaciones feministas, cada una de ellas con diferentes corrientes internas, miembros y preceptos. Primero estuvo la Unión Nacional de Sociedades de Sufragio de Mujeres (NUWSS), promotoras, aliadas con los liberales. Después vendría la Unión Social y Política de Mujeres (WSPU), a las que se conoce por ser las que emplearon tácticas violentas y transformadoras del movimiento. De ellas se segregó una sección, la Liga por la Libertad de las Mujeres (WFL), que es la que nos interesa.

El café que nutrió los estómagos y bolsillos del movimiento sufragista

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Aquí Atlas Obscura cuenta bien la historia interna de la sede de la Liga por la Libertad de las Mujeres: el Minerva Café, en Holborn, Londres. Inaugurado en 1916 y clausurado en 1959, el Club fue un lugar idóneo para reclutar militantes feministas, puesto que sus "deliciosos almuerzos vegetarianos" así como sus instalaciones “bonitas y acogedoras” atraían a un gran público. El vegetarianismo era, a grandes rasgos, una corriente minoritaria pero longeva y válida tanto para hombres como para mujeres. En la época eduardiana estaba muy unido a la teosofía, religión de origen hindú, y las mujeres del WFL, separadas del WSPU, promulgaban a su vez una ideología de protesta pacífica, al estilo de Ghandi, por lo que es visible la conexión con el espíritu del movimiento.

Un consomé con juliana de verduras y una “hamburguesa de lentejas” con salsa de tomate es una misa en torno a la que puede sentarse cualquiera, sin importar su condición, razón por la que este fue el menú en celebración del café cuando algunas mujeres obtuvieron el voto en 1918. El superávit de este restaurante regentado por sufragistas sirvió durante décadas para financiar sus actividades.

El feminismo se sentía así cercano al vegetarianismo por mil nexos que se mantienen visibles a día de hoy. Uno de ellos es la base ética radical: si en aquella época se sentía que las mujeres eran un ser inferior al hombre, y llevando hasta el final la esencia de su pensamiento, “¿no le damos, acaso, el mismo trato de inferioridad a los animales?”, discurrieron. “En todos mis años de existencia he causado innumerable sufrimiento [animal]. En el futuro lo antinatural será que mi menú provoque muertes”, dijo la conocida activista Constance Lytton como recoge la historiadora Leah Leneman en este paper al respecto.

Esa pelea contra la crueldad innecesaria alcanzó a la medicina y a la moda. Hubo multitud de sufragistas que lucharon contra la práctica de la vivisección, y ya a un nivel de lucha interna de su sexo, contra las vestimentas crueles, aquellos abrigos de pieles y tocados con plumas y cabezas de pájaros tan típicos de la época. Así muchas de las prensas sufragistas que se vendían se procuraba que fuesen cruelty free, y las revistas femeninas tenían secciones sobre cómo abrigarse bien con otros materiales o criticaban las salidas cinegéticas aristocráticas: la caza como símbolo de estatus que fomenta tanto la desigualdad (de clase) como la violencia (animal).

Lo que echas a la sartén también es político

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Otro de los importantes enfoques de adhesión fue el dietético. Como sabemos, muchas de las más prominentes sufragistas acababan siendo encarceladas por sus actividades por cortos o largos períodos de tiempo. Empezó a circular el hecho de que en las prisiones la calidad de la carne y el pollo (por aquel entonces eran dos conceptos distintos) eran ínfimos, así que se recomendaba a las militantes que, al estar allí, pidiesen menús vegetarianos, opción que los penitenciarios ofrecían sin problema.

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Pero no era sólo un régimen transitorio para cuando no se pudiese acceder al producto de calidad, sino también uno que podías llevar en tu día a día. Es la época también en la que la medicina trata problemas sanitarios mediante recomendaciones de cambios en el estilo de vida, por ejemplo, un reumatismo puede mejorar yendo a zonas costeras y comiendo menor carne. Todo esto dio pie a lo que se conoció como “reforma alimentaria”, escuela dietética que sostenía de forma casi invariable que la carne era responsable de muchas de las enfermedades de la época, y que con pasarse al vegetarianismo encarnarías mejor los ideales de "pureza" y tu salud mejoraría enormemente.

Por último, había motivos feministas prácticos. La comida era una actividad que recaía casi en exclusiva en las mujeres sin importar su clase social, y llevaba muchas horas (más que las que supone en nuestro tiempo), y de entre todos los platos, los guisos cárnicos eran los que más las encadenaban al fogón. Así, se consideró que si, una mujer no podía ayudar al movimiento fuera de casa, era un paso hacia el empoderamiento personal el cocinar alimentos vegetarianos en su hogar. “El vegetarianismo apunta tan directamente como nosotras, las mujeres, a la abolición de la doctrina de la actividad física no remunerada”, dijo una sufragista en una conferencia.

Antes de su desaparición, el Café Minerva no fue sólo un espacio para el feminismo, sino para todo tipo de ideas progresistas. Fue utilizado también por los anarquistas (anarquismo y veganismo tenían vínculos, como demostraron León Tolstoi y Elisée Reclus). El Partido Socialista Británico, que había evolucionado de la Federación Socialdemócrata y que iba a ser un componente importante del Partido Comunista, se reunió allí cada quince días para sus tertulias críticas durante años. Y los y las activistas por la independencia de la India y la English Gymnosophical Society, la primera organización naturista en Gran Bretaña, también emplearon el espacio para sus quedadas. El vegetarianismo, como se ve, estuvo muy unido en sus orígenes a las organizaciones izquierdistas de muy distinto signo.

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