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Las polémicas sobre la investigación del coronavirus demuestran que la ciencia funciona como debería

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Varios artículos científicos sobre investigaciones relacionadas con la COVID-19 han sido criticados por la comunidad científica en las últimas semanas. Dos artículos que trataban sobre la viabilidad de ciertos fármacos en enfermos por coconavirus fueron retractados y hay científicos que piden la retractación de un tercer artículo que evaluaba los comportamientos humanos que mitigan la transmisión del virus.

Algunas personas consideran que las retractaciones son una crítica al proceso científico. Ciertamente, la desestimación de estos artículos es una mala noticia y son muchos los culpables.

Pero a pesar de estos reveses a corto plazo, el escrutinio y la posterior corrección de los artículos científicos en realidad nos muestran que la ciencia funciona. Estos informes sobre la pandemia hacen que la gente pueda ver, en muchos casos por primera vez, el engorroso negocio que es el progreso científico.

La comunidad científica responde rápidamente a los estudios deficientes

En mayo se publicaron dos artículos de investigación sobre la viabilidad de algunos fármacos en pacientes con coronavirus. El primero, publicado en el New England Journal of Medicine, afirmaba que un fármaco para problemas cardiovasculares era apto para pacientes con COVID-19, a pesar de las dudas previas al respecto. El segundo, publicado en The Lancet, afirmaba que la hidroxicloroquina, un medicamento contra la malaria, aumentaba el riesgo de muerte cuando se utilizaba para tratar el coronavirus.

El artículo de The Lancet obligó al a Organización Mundial de la Salud a interrumpir brevemente los estudios que investigaban la hidroxicloroquina para el tratamiento de la COVID-19.

En cuestión de días, más de 200 científicos firmaron una carta abierta criticando duramente el artículo y señalando que algunos de los hallazgos eran simplemente inverosímiles. La base de datos proporcionada por la pequeña empresa Surgisphere (cuya página web ya no está accesible) no estaba disponible durante la revisión por pares del artículo ni posteriormente para los científicos o el público general, lo que impidió que cualquier persona pudiera evaluar los datos. Por último, la carta sugería que era poco probable que dicha empresa pudiera obtener los registros hospitalarios que supuestamente estaban en la base de datos cuando nadie más tenía acceso a esa información.

A principios de junio, tanto el artículo de The Lancet como el de New Englang Journal of Medicine fueron retractados alegando dudas sobre la integridad de las bases de datos utilizadas por los investigadores en sus estudios. Una retractación es la retirada de un artículo científico publicado debido a que los datos a partir de los que se obtienen las principales conclusiones del artículo tienen problemas importantes. Dichos problemas pueden deberse a un fraude científico intencional, aunque no siempre es así.

La urgencia a la hora de encontrar soluciones a la pandemia de la COVID-19 sin duda ha contribuido a la publicación de artículos científicos chapuceros y posiblemente fraudulentos. Las medidas de control de calidad que minimizan las publicaciones científicas de calidad insuficiente fallaron estrepitosamente en estos casos.

Defectuosos y reiterados

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La retractación del artículo de investigación sobre la hidroxicloroquina tuvo relevancia mediática inmediata, no solamente porque desacreditaba a la ciencia en general, sino también porque el presidente Donald Trump había presentado el medicamento como un tratamiento efectivo contra el coronavirus a pesar de la falta de pruebas fehacientes.

La prensa respondió con mano dura. The New York Times declaraba que "La pandemia se ceba con nuevas víctimas: las prestigiosas revistas médicas". The Wall Street Journal acusaba a The Lancet de "politizar la ciencia" y desde Los Angeles Times se afirmaba que los artículos retractados "dañaban la imagen de la investigación global sobre el coronavirus".

Estos titulares pueden tener su mérito, pero también es necesario tener perspectiva. Las retractaciones son algo inusual: solamente cerca del 0,04% de todos los artículos científicos publicados son retirados, pero el escrutinio, la actualización y las correcciones sí que son algo común. Así es como debería funcionar la ciencia y es lo que ocurre en todos los ámbitos de investigación relacionados con el SARS-CoV-2.

Los médicos han aprendido que la enfermedad ataca a múltiples órganos y no sólo a los pulmones como se pensaba en un principio. Los científicos siguen trabajando para comprender si los pacientes de la COVID-19 desarrollan inmunidad a la enfermedad o no. En cuanto a la hidroxicloroquina, tres nuevos estudios científicos a gran escala publicados tras la retractación de The Lancet indican que el fármaco contra la malaria es, en efecto, ineficaz en el tratamiento o la prevención del coronavirus.

La ciencia se corrige a sí misma

Antes de que un artículo científico sea publicado, se somete a una revisión por pares, o peer review, de expertos en el tema que recomiendan a los editores de la revista científica si el artículo es apto para la publicación, rechazado o reconsiderado tras realizar modificaciones. La reputación de la revista depende de prácticas de revisión por pares de calidad y una vez publicado el artículo pasa a ser de dominio público, pudiendo ser evaluado y juzgado por otros científicos.

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La publicación de los artículos en The Lancet y en el New England Journal of Medicine falló en cuanto a la revisión por pares. Sin embargo, el escrutinio de la comunidad científica, probablemente animado por la atención mediática de la investigación sobre el coronavirus, fue capaz de detectar los errores en tiempo récord.

El artículo sobre la hidroxicloroquina publicado en The Lancet fue retractado a tan sólo 13 días de ser publicado. A modo de comparación, le llevó 12 años a The Lancet para retractarse de un artículo fraudulento que afirmaba de forma errónea que las vacunas provocan autismo.

Todavía se desconoce si estos artículos aplicaron de forma deliberada malas prácticas científicas, pero los errores y las correcciones son algo común, incluso entre científicos de alto nivel. Por ejemplo, Linus Pauling, quien obtuvo el premio Nobel por descubrir la estructura de las proteínas, posteriormente publicó una estructura errónea del ADN. Su hallazgo fue posteriormente corregido por Watson y Crick. Los errores y las correcciones son un sello distintivo del progreso en ciencia y no de las malas prácticas.

Es importante destacar que dichos errores fueron expuestos por otros científicos y no fueron revelados por algún organismo de vigilancia o grupo de observación.

Estos intercambios entre académicos son fundamentales para la ciencia. No hay motivos para creer que los científicos sean más virtuosos que el resto. En realidad, las cualidades humanas en cuanto a curiosidad, competitividad, interés propio y reputación que están en juego antes y después de la publicación del artículo. Se crea un modelo basado en pruebas sólidas a medida que se deja atrás el más débil.

Vivir con la incertidumbre

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Desde las clases y los libros de texto en el instituto, la ciencia parece estar formada por un ente de hechos y principios bien conocidos que son simples e indiscutibles. Este tipo de fuentes ven la ciencia en retrospectiva y a menudo hacen que los descubrimientos parezcan inevitables, por no decir aburridos.

En realidad, los científicos van aprendiendo sobre la marcha. La incertidumbre es inherente a la senda del descubrimiento y el éxito no está garantizado. Sólo el 14 % de los fármacos y tratamientos que se someten a ensayos clínicos en humanos acaban obteniendo la aprobación de la FDA, la agencia para el control de medicamentos de los EE.UU., y la tasa de éxito apenas llega al 4% para los fármacos contra el cáncer.

El proceso científico suele desarrollarse al margen de la conciencia pública, por lo que dicha incertidumbre suele pasar desapercibida. Sin embargo, los estadounidenses están prestando mucha atención a la pandemia de la COVID-19 y son muchos los que, por primera vez, se interesan por cómo se realizan estos procesos.

Aunque las recientes retractaciones puedan ser desoladoras, la medicina ha tenido mucho éxito a largo plazo: se ha erradicado la viruela, las infecciones se pueden tratar con antibióticos en vez de amputaciones y el control del dolor durante la cirugía ha avanzado mucho más allá desde los tiempos en los que la única opción era morder un palo.

El sistema no es para nada perfecto, pero sí que es bastante bueno.

Fotos: John Locher, dominio público, Craig Lassig, Peter Steffen.

Autor: Mark R. O'Brian, profesor y presidente de Bioquímica en la Jacobs School of Medicine and Biomedical Sciences, la Universidad de Buffalo y la Universidad Estatal de Nueva York.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el artículo original aquí.

Traducido por Silvestre Urbón.

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