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¿Por qué no conviene creer a un grafólogo?

¿Por qué no conviene creer a un grafólogo?
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El otro día, RTVE, en su línea de hacer la realidad siempre un poco más surrealista, nos regaló un impagable análisis historiográfico basado en las firmas de... Carlos I de España (V de Alemania), Francisco I de Francia e Isabel de Portugal.

En los últimos años, parece que hay un revival de la grafología. Sobre todo, en el ámbito de la selección de personal. Es un método intuitivo, rápido y relativamente barato. Pero, ¿Sirve para algo? Te ahorro el clickbait: ni para falsificar las notas del colegio.

Lo que afirman las firmas

Carlos Rey Emperador

Como digo, RTVE publicó una pieza en la que citaba algunos rasgos de personalidad que se podía extraer de las firmas de algunos de los personajes históricos que pueblan el universo de 'Carlos Rey Emperador', la nueva serie de época de la televisión pública.

Según la experta, Sandra Cerro, la firma de Carlos V reflejaba "Aparece un sentimiento de orgullo personal aún con sorprendentes dosis de humildad y sencillez. Era un hombre emotivo, sensible y con notables signos de sociabilidad y capacidad de entrega a los demás". En cambio, la firma de Francisco I, rey de Francia, "nos habla de una persona altiva, con sentimiento de estar por encima de los demás y poder mirar a los otros por encima del hombro".

Si ya esto era sorprendente, ahora viene lo jugoso (según el community manager del programa). Por lo visto, Isabel (el personaje interpretado por Blanca Suárez) era, entre otras cosas, "muy potente sexualmente hablando".

Ante la evidencia histórica y grafológica, pensaréis muchos, sólo queda lamentarnos por la mala suerte de que el personaje 'potente sexualmente hablando' no sea el interpretado por Juanjo Puigcorbé.

¿Tiene algún sentido todo esto de la grafología?

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Confundida a menudo con el peritaje caligráfico (con el que tiene poco que ver), la grafología es la técnica que "busca el significado psicológico del gesto gráfico. El análisis de la escritura (que) pone al descubierto la personalidad del individuo", no hay mucha duda: a día de hoy no tiene soporte científico y numerosas organizaciones internacionales desaconsejan encarecidamente su uso.

Evaluar la personalidad a través de la caligrafía no tiene respaldo científico

No era una mala idea. Cualquiera que haya tenido una receta médica entre las manos podrá dar fe que las condiciones de vida influyen en la caligrafía. Una letra apresurada puede ser signo de estrés y trabajos intensos y este a su vez de personalidad tipo A. O quizá una letra infantilizada podría dar puntuaciones bajas en responsabilidad y altas en neuroticismo, por decir algo. La cuestión, como con todas las ideas por muy ridículas que estas nos puedan parecer, es hasta qué punto esa intuición es correcta.

Y a ello se le han dedicado muchos esfuerzos. La historia del estudio científico del análisis de textos escritos a manos es una historia larga y poco exitosa (Crider, 1941), me temo. Y aunque hay alguno artículo que presentan argumentos a favor, la inmensa y abrumadora mayoría de ellos dejan claro que no, que no hay manera de usar la caligrafía para saber algo sobre la persona en cuestión.

La grafología tiene serios problemas de validez. Se suele definir validez de un sistema de evaluación como 'si el test mide lo que dice medir'. Por poner un ejemplo, Crider, 1941 (o Dazzi y Pedrabissi en 2009) compararon los resultados de tests de personalidad con análisis grafológicos. Los psicólogos usan distintas formas de evaluar la personalidad, la más conocida es el modelo de cinco rasgos: extraversión, responsabilidad, apertura a la experiencia, estabilidad emocional y amabilidad. Pues bien, la idea de Crider era pedir a unos grafólogos que evaluaran en esos cinco ejes en textos autobiográficos manuscritos y, posteriormente, evaluar si coincidía con pruebas fiables y validadas.

El grafólogo más exitoso coincidió con las pruebas objetivas un 20% de las veces. Extrovertidos fueron catalogados como tímidos; amables, como personas ásperas y desagradables; personas que puntuaban alto en neuroticismo fueron recomendados por su gran estabilidad emocional. En otro estudio, ninguno de los grafólogos fue capaz de adivinar la profesión de los evaluados aunque habían manifestado que sí que eran capaces (Ben-Shakhar, Bar-Hillel, Bilu, Ben-Abba & Flug, 1986). Como este, hay decenas de estudios que repiten estos resultados (Driver, Buckley y Frink, 1966) e insisten en que los análisis grafológicos son el equivalente (no tan) moderno a los posos de té o leer entrañas de animales muertos.

Dejad que los niños se diviertan

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Pero, en fin, ¿Que daño puede hacer un artículo sobre gente que murió hace, como poco, 400 años? ¿Por qué no iba a poder entretenerse RTVE inventando historias sobre firmas y hábitos sexuales?

Pues porque de esta forma están prestigiando un conjunto importante de prácticas injustas y peligrosas. Aún hoy en día, el destino laboral de muchos está en manos de personas que divagan sobre la ética u honorabilidad de la gente sin datos ni pruebas. Hace muy poco pudimos ver cómo esas prácticas están a la orden del día gracias a El Jefe Infiltrado de La Sexta.

Pese a no tener ningún tipo de respaldo científico, los grafólogos sigue decidiendo el futuro laboral de muchísimas personas

En el empeño por construir una sociedad más justa, más libre y más ética, no nos podemos dejar la ciencia en el camino. Y cuando lo hacemos, más nos vale rectificar. Nos jugamos mucho en ello.

Imágenes | Patrick Keller

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