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¿Por qué Rajoy nos parece ridículo corriendo y Obama no?

¿Por qué Rajoy nos parece ridículo corriendo y Obama no?
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Fue el running gag del día ayer en Twitter: Mariano Rajoy publicó una foto desde su perfil oficial en la que aparecía practicando deporte desde buena mañana. Las reacciones fueron, como casi siempre que un político se sale de la comunicación corporativa convencional, inevitables.

La imagen corrió como la pólvora, los memes se extendieron hasta el infinito y más allá y el tono de mofa generalizado hacia el presidente aún no ha cesado. En el extremo más oscuro de Twitter resonarán las carcajadas casi tanto tiempo como lo hicieron las surgidas a raíz de la última fotografía de Rajoy corriendo (#lastetasderajoy).

Ok, ¿es justo?

Pensemos por un segundo en las imágenes de otros políticos corriendo. La fiebre runner también ha alcanzado, como es natural, a nuestros representantes públicos, y aquí y allá se dejan ver ataviados con prendas fosforitas y mallas ajustadas. El último en sumarse a la tendencia ha sido José Antonio Monago, pero antes de él ya habíamos visto a José Luis Rodríguez Zapatero, cuya estampa corriendo junto a David Cameron en una cumbre internacional provocó otra airada reacción de las redes sociales. ¿Por qué nos reímos tanto de nuestros políticos cuando hacen deporte?

O dicho de otro modo, ¿por qué Rajoy nos parece ridículo corriendo y Obama no?

Rajoy: el hombre distante que no quería parecerlo

La imagen que un político construye alrededor de sí mismo define su personalidad, sea cierta o no, para el resto de ciudadanos. Barack Obama siempre lo ha tenido muy claro, y desde el inicio de su presidencia se ha esforzado por ser el presidente más cool de la historia de Estados Unidos: ya sea sacando el máximo partido a Twitter, acudiendo a late night shows como los de Jimmy Kimmel o Stephen Colbert o parodiando un sketch de Saturday Night Live en la última cena junto a los corresponsales de la Casa Blanca.

Ficticia o no, y al margen de cualquier consideración sobre su figura política, Barack Obama proyecta una imagen relajada, saludable y de buen humor. Alguien que puede salir a correr con su perro y luce así de bien.

Barack Obama Running

"A Obama le hemos visto en más ocasiones practicando casi todo tipo de deporte y, por tanto, le consideramos una persona deportista —que, por cierto, tiene estilo haciéndolo— y que cuida su forma y su imagen. El contexto en que lo hace no chirría como en el caso de Rajoy", explica Ignacio Martín Granados, politólogo y experto en comunicación política. "Los asesores de Rajoy tratan de humanizarle y provocar simpatía en los ciudadanos con este tipo de comportamientos y fotografías, pero cada político debe ser fiel a si mismo y no prestarse a todo tipo de instantáneas. El ejemplo lo tenemos con esta fotografía en la que ha conseguido lo contrario del objetivo deseado".

"Los asesores de Rajoy tratan de humanizarle y provocar simpatía en los ciudadanos con este tipo de comportamientos y fotografías, pero cada político debe ser fiel a si mismo"

Aunque se declare un gran amante del deporte, rara es la ocasión en la que se le ha visto practicar alguno de ellos (en contraste con José María Aznar, por ejemplo, quien, con más o menos éxito, siempre trató de dejar claro su pasión por el ejercicio físico). Desde sus inicios en la carrera política, Rajoy siempre se ha esforzado por parecer un tipo con los pies en el suelo, realista, dado a pocos excesos, racional y serio. Y a ser posible, con un puro en la mano.

"Rajoy ha cultivado una imagen de formalidad, de concienzudo opositor y rígido registrador de la propiedad, y ahora no puede desligarse tan facilmente de una percepción que tienen todos los españoles", afirma Martín Granados. Como consecuencia, añade, el gesto de Rajoy es forzado y antinatural, carne automática de meme.

A pesar de mostrarse como alguien cercano a las vivencias cotidianas del ciudadano, la imagen de Rajoy durante su estancia en Moncloa no ha podido ser más distante. Poco dado al humor, Rajoy ha esquivado cualquier atisbo de crisis política evitando todo contacto posible con los medios de comunicación, limitando sus apariciones públicas al máximo y ofreciendo ruedas de prensa desde una pantalla de plasma.

Rajoy ha sido literalmente la imagen de un hombre que ha vivido al otro lado de la pantalla. De ahí que cualquier acto que se aleje de su convencional imagen de hombre serio resulte tan chocante. Rajoy es, a su pesar, una figura distante y fría, formal y gris, no la clase de político que sube fotos a Twitter como un runner más. Porque cuando lo hace, resbala.

Hay que sumar dos errores más: por un lado, como señala Martín Granados, el propio contexto del gesto: "No parece el lugar adecuado para manifestar lo deportista que pueda llegar a ser y que sigue la moda runner: estás en un viaje oficial a otro país para hablar nada menos que de la lucha contra el yihadismo, la inmigración, la piratería y el tráfico de drogas". Por otro, la toma: poco afortunada, mal encuadrada, borrosa, y mostrando un gesto corporal del Presidente del Gobierno poco agraciado.

Como resultado de todo ello, la estampa de Rajoy corriendo por las playas de Dakar es carne de mofa, del mismo modo que en su día lo fue la de Zapatero. ¿Será siempre así? No de forma obligatoria. Pensemos en Pedro Sánchez, en sus apariciones en el programa de Calleja y en cómo sus fotos corriendo no han tenido, ni de lejos, el mismo recorrido cómico que las de Rajoy. Cuestión de imagen, de cómo se construye a lo largo del tiempo y de cómo se transmite. Algo en lo que, en este caso, Mariano Rajoy ha fallado de manera estrepitosa.

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