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Rosalía y la apropiación: por qué se acusa a "Malamente" de robar a la cultura gitana y andaluza

Rosalía y la apropiación: por qué se acusa a "Malamente" de robar a la cultura gitana y andaluza
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A esta hora no hay vídeo más comentado en España que 'Malamente', la canción compuesta por Rosalía, producida por El Guincho y transformada en fantasioso videoclip por Canada. Desde que se subiera a YouTube ayer por la noche se ha colocado sistemáticamente entre las principales tendencias de la plataforma, y desde que permeara en la esfera pública ha generado un larguísimo debate, a menudo enconado, sobre la apropiación cultural, la cultura gitana y Andalucía.

La discusión no es en absoluto nueva, y tampoco es la primera vez que Rosalía se enfrenta a una polémica similar. Para entenderla hay que entender, primero, el factor geográfico: pese a interpretar la mayor parte de su repertorio con dejes y acentos típicos del habla andaluza, Rosalía es barcelonesa. No ha nacido o vivido en Andalucía y tampoco emplea las particularidades fonéticas del andaluz en su día a día, como se puede apreciar en las entrevistas. Es un disfraz artístico.

Segundo, el género: pese a su desarraigo de las raíces andaluzas, Rosalía se mueve entre las siempre convulsas aguas del flamenco. Su primer disco, Los Ángeles, consistió en una aproximación minimalista a cantes tradicionales del género. Desde entonces ha experimentado con diversas fusiones, a menudo imbricadas con la actual explosión de música urbana, hasta llegar a 'Malamente': una suerte de trap sostenido sobre palmas, guitarras acústicas y el cante de Rosalía.

Y por último, el contenido del propio videoclip: en 'Malamente' Rosalía aplica las enseñanzas de la estética de polígono industrial, hace una explícita apología del chándal como la tendencia por antonomasia de nuestro tiempo, se relaciona con aprendices de torero y eleva a la categoría de la fetichización la pasión por las motos y el tunning. Es una versión actualizada y asimilada de Yo soy la Juani, una celebración de la imagen choni tan en boga hace apenas una década.

El cocktail resultante de tantos elementos entrecruzados ha sido un agrio y relativo escándalo que, a esta hora, domina las redes sociales entre referencias cruzadas a la cantante catalana y a la mujer de Luis Bárcenas, casualmente llamada Rosalía. En su caso, se fusionan críticas desde la cultura gitana, por la apropiación de un género y un léxico muy circunscrito a la etnia, y reproches planteados por numerosos andaluces, por la utilización de un acento que no es el suyo.

Rosalía y el "antigitanismo"

Ambas causas se remontan algo más en el tiempo. La cuestión de la apropiación cultural de Rosalía saltó a los medios de comunicación hace medio año cuando una usuaria gitana de Twitter, Noelia Cortés, explicó en un largo y apasionado hilo los múltiples errores e insultos en los que incurría la artista al tratar de imitar o simular una identidad gitana que no le pertenecía. El rant fue muy compartido y se coló en los mentideros del debate cultural con rapidez.

Cobró una dimensión excepcional, sin embargo, cuando Jenesaispop, la web dedicada a la cultura pop más importante de España, ofreció una columna a uno de sus colaboradores para cargar contra los argumentos de Cortés. La propia interpelada zanjaría temporalmente la discusión con otra tribuna en Jenesasipop en la que refrendaba, de forma más ordenada y profunda, sus críticas hacia Rosalía. Desde entonces el asunto se ha convertido en un runrún permanente en torno a Rosalía.

Rosalia Cofrade

¿Pero qué decía exactamente Cortés, en un arco argumental muy aplaudido y asimilado por numerosas personas tanto en Twitter como en otros rincones de Internet? Es aquí donde entran en juego las teorías relacionadas con la identidad, tan en boga durante las últimas décadas, y cuestiones tan complejas como la "representatividad" o la "apropiación", de amplio recorrido académico, teórico e ideológico en Estados Unidos (donde las identidades raciales dominan el debate público).

Según Cortés, Rosalía se valía de su privilegio (en este caso, "white privilege") para escamotear elementos variados de una cultura tradicionalmente oprimida (la gitana) y utilizarlos en clave de mercado. Es decir, trasladaba una visión artística e idealizada del pueblo gitano a los blancos del resto de la península, de tal modo que las particularidades históricas de los gitanos (la discriminación, la opresión, el sufrimiento) se blanqueaban en un mero ejercicio de folclorismo musical.

El discurso casa muy bien con las teorías culturales preeminentes de nuestro tiempo, en las que el "privilege" es la base desde la que analizar las asimetrías y las desigualdades entre los grupos sociales (ya sea por el género o por la etnia). Cortés criticaba el éxito de Rosalía en tanto que ensombrecía las producciones culturales de auténticos gitanos como Alba Molina. Así, su mimetización del deje andaluz y su instrumentalización del flamenco sólo contribuían a mantener silenciados (de forma metafórica) a los gitanos, contribuyendo a su exclusión.

Los límites de la apropiación

La tesis de Cortés fue muy discutida, tanto en el artículo al que respondía (en el que se defendía el trabajo artístico de Rosalía desde la propia naturaleza transitoria, apropiacionista y maleable de todas las culturas del mundo, por defecto derivativas) como a las conversaciones informales que surgieron en la red poco después. Rosalía medió poco en la disputa, y se limitó a contadas declaraciones y a compartir una playlist de Spotify donde volcaba todas sus enseñanzas flamencas.

Aquel particular fuego se ha visto reavivado ahora con renovado brío. Ya no sólo se trata de la utilización del flamenco (un género, por lo demás, fusionado hasta la extenuación tanto por payos como por gitanos) sino de la incorporación de elementos distintivos del léxico andaluz. El más evidente sería "illo", circunscrito a Sevilla y alrededores y utilizado a modo de leitmotiv en 'Malamente'. Otros serían la aspiración de la "s", de dialectos sureños, o incluso "malamente".

Rosalia

En el proceso se han cruzado las reivindicaciones desde el colectivo "gitano" y una amalgama de lamentos y protestas desde la identidad nacional o regional "andaluza", haciendo aún más complejo el debate. Muchos seguidores de Rosalía han destacado lo extremo del debate y su escasa relevancia teórica (Rosalía utiliza un mero disfraz artístico, como tantos otros artistas a lo largo de la historia), y lo endeble de algunos argumentos (¿y si quitáramos "illo" del estribillo?).

La particular iconografía empleada por Rosalía ha contribuido a generar más confusión. El toreo, la cultura de extrarradio, la escenografía inspirada en los polígonos industriales, el empleo del chándal, la preponderancia de la cultura del motor (no sólo los coches tuneados y las motos, sino también el camión con un "Vanessa" serigrafiado) han sido interpretados por los críticos de Rosalía como otras formas de valerse de elementos típicos de un estrato social andaluz al que no pertenece.

Y es aquí donde reside parte del problema. La teórica apropiación de Rosalía opera y funciona bien a nivel narrativo cuando el dolo se dirige hacia la cultura gitana: la etnia lleva cinco siglos siendo perseguida social y legalmente, y aunque hoy en día no media discriminación formal alguna los gitanos siguen viviendo apartados en muchas ciudades y en permanente exclusión social. Es, probablemente, el único caso histórico español al que se ajusta la narrativa racial estadounidense.

Rosalia Tunning Malamente

La cuestión andaluza es más peliaguda, en tanto que los andaluces, si bien sí caricaturizados y abiertamente insultados por políticos e individuos de otras partes de España (en el imaginario popular y en la televisión su acento sigue siendo indeleble sinónimo de incultura y rechazo), no han sido perseguidos o excluidos históricamente. Y los atributos culturales particulares de los que Rosalía se vale en 'Malamente' también son discutibles: ni el toreo ni la cultura de extrarradio ni el tunning ni la estética choni son específicos de Andalucía, y sí se reparten por toda España.

Las propias raíces de Rosalía ofrecen otra compleja variable para analizar la apropiación: la cultura castellanoparlante del Baix Llobregat, compuesta en su mayoría por segundas y terceras generaciones de inmigrantes andaluces, murcianos o extremeños, tiene ciertas afinidades con la de sus antepasados, ya sea a nivel musical o de algunos dejes dialectales. Sucede lo mismo con el chándal o el tunning: son elementos característicos de la cultura poligonera, tan asociada al cinturón rojo barcelonés.

Lo que la polémica revela, en cualquier caso, es la penetración del debate identitario y de las teorías sobre identidades raciales y discriminaciones históricas en España. Y también lo complejo y sutil de muchas lecturas sobre los productos culturales que llegarán en el futuro.

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