En su batalla por una ciudad más verde, Hamburgo acaba de prohibir la construcción de más chalets

En su batalla por una ciudad más verde, Hamburgo acaba de prohibir la construcción de más chalets
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En Alemania los Verdes han cruzado una línea muy peligrosa: destruir los sueños de un retiro dorado de la clase media. El director del distrito de Hamburgo-Norte, Michael Werner-Boelz, ha decretado que a partir de este momento no se permitirá la construcción de nuevas viviendas unifamiliares en su zona. La idea formaba parte de su plan de coalición con los socialistas, firmado en 2019. Este tipo de edificación "consume demasiado espacio, emplea demasiados materiales de construcción y su eficiencia energética es demasiado pobre" comparado con los bloques de pisos.

Todos los rivales ideológicos e incluso algunos de sus aliados, como debería ser el periódico de izquierdas Der Spiegel, se han manifestado duramente en contra.

El plan. El equipo de Werner-Boelz ha hecho un cálculo de la cantidad de arena y cemento que requiere cada vivienda, siendo el promedio de esta zona de Hamburgo de 200 toneladas por casa, y han considerado que esto queda lejísimos de los objetivos climáticos. "Ya no nos lo podemos permitir", han dicho. Así que aplicarán este baremo a los nuevos planes de construcción que les lleguen, fijando unos límites de material por vivienda.

Las aspiraciones del Hans de a pie. Según las encuestas, dos tercios de los alemanes consideran que la vivienda unifamiliar, con su porche, su barbacoa, su piscina, donde pueden corretear los niños y con estufas de pellets, “es la forma de vida ideal”.

Muchos de ellos pasaron la infancia en alguno de estos tipos de viviendas, se desplazaron a los centros de las urbes en tu etapa productiva y planean o bien tener una segunda residencia de descanso y veraneo o su propio espacio para la jubilación. Los alemanes, por lo general, tienen bastante dinero ahorrado, y la política financiera de tipos bajos y el poco rendimiento y volatilidad del resto de mercados les está llevando, como en otros tantos países occidentales, a invertir en bienes raíces. Pero de repente un partido que quedó tercero en las últimas elecciones les ha arrancado de sus manos este sueño.

El peso ideológico. Poco a poco la amenaza para agrupaciones verdes es convertirse en las zonas desarrolladas más y más en "el partido de la censura", como han empezado a reprocharles con esta medida, lo cual es un problema para la consecución de estos y otros objetivos ecologistas. Como bien apuntan muchos críticos, los Verdes tienen idea de aplicar este rodillo en muchas otras regiones en las que cogobiernan.

Una amargura soterrada que se nos escapa. En la mente germana esta acción se emparenta de forma casi perfecta con las políticas "socialistas" de la DDR, que además se imaginan ahora quieren hacerles vivir en casas estilo panelák, el clásico bloque de piso de la época del desarrollismo comunista. Por supuesto, hay también mucha campaña de desprestigio inmerecida. Los nuevos planes arquitectónicos de la zona contemplan sobre todo pisos de siete u ocho plantas, nada de brutalismo.

Si te ha tocado, mala suerte. Como señalan también muchas voces de izquierdas e incluso su Ministro de Economía, esto ahondará en la desigualdad social: los precios de las residencias unifamiliares se irán disparando, con una brecha de injusticia generacional extra, ya que si tú o tu familia construisteis antes de la normativa podrás disfrutar de ese bien a un precio mucho más barato.

Qué estaba sucediendo en la zona. Sabemos que el modelo suburbial es ecológicamente ineficiente e inasumible a nivel de densidad poblacional, así como también es una solución de construcción mucho más atractiva y más fácil que solucionar la raíz del problema de la desigualdad e ineficiencia de la habitabilidad en las ciudades viejas.

Cuenta la prensa alemana que incluso en las grandes ciudades los ayuntamientos incluían en sus planes de desarrollo este tipo de viviendas siempre que pudiesen porque son las que atraen a las familias de altos ingresos, y de irse a ciudades colindantes, éstas pagarían sus impuestos allí. El problema es que, con la jubilación de los boomers y los cambios laborales, Hamburgo estaba recibiendo cada año 7.000 habitantes más, casi todos ellos buscando chalets, y los 10.000 nuevos apartamentos anuales que el Senado se había fijado como mínimo para hacer frente a esta demanda no se logra sin cambiar el chip al de edificaciones verticales.

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