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Una discusión entre jugadores de Call of Duty provoca la muerte de un inocente: así es el swatting

Una discusión entre jugadores de Call of Duty provoca la muerte de un inocente: así es el swatting
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Es la broma más pesada imaginable, y lleva años sobrevolando la comunidad gamer estadounidense. Lo saben bien comunicadores que hacen directos en Twitch: si a algún pirado de Internet le apetece, puedes acabar la partida tumbado en el suelo con las manos en la cabeza. Mientras temes que maten a los seres queridos con los que vives, decenas de efectivos asaltan tu casa buscando esa hipotética disputa o amenaza de bomba que el chistoso ha indicado que se está produciendo ahí.

Pues bien, desde esta semana hay que lamentar un muerto por esta práctica, tal y como ha confirmado la policía de Wichita, Kansas. Las fuentes oficiales aún mantienen silencio oficial acerca de lo sucedido, pero medios como Kansas, KSNW o The Washington Post ya han ofrecido una hipótesis aproximada.

Dos jugadores exaltados, un bromista y un agente de gatillo rápido

sadf Equipo SWAT rodeando una casa. Eso es lo que debió ver Andrew Finch antes de morir.

Dos jugadores online de Call fo Duty de identidad desconocida discutían en el fervor de la partida en la que se habían apostado un dólar y medio. Uno de ellos amenazó al otro con hacerle “swatting”, la práctica apuntada. Éste, pensando que el otro estaba fanfarroneando, le dio una dirección, pero no la suya, sino una aleatoria que resultó ser la de Andrew Finch, el joven de 28 años y padre de dos hijos que ha resultado abatido.

El jugador desafiado habló con un popular bromista experto en “swatting” (que se dedicaba a amenazar con ejecutar su práctica a jugadores famosos) y le pidió que le mandase a los agentes. “Hola tío. Este jodido imbécil me acaba de dar su dirección y piensa que no va a suceder nada. ¿Le demuestras que se equivoca?”. “Claro, adoro “swatear” a chavales que creen que no va a pasar nada”, dijo el usuario de Twitter llamado Swautistic.

Según la policía de Wichita, el 911 recibió una llamada en la que el interlocutor aseguraba haberle pegado un tiro en la cabeza a su padre y que tenía ahora como rehenes a su madre y a su hermano, también en la casa. Amenazó con prender fuego a todo y dijo encontrarse en la ubicación de Finch. Puedes oír la llamada aquí.

Un equipo de SWATS, es decir, la policía militarizada, acudió al poco tiempo y rodearon la casa. Finch, que estaba en aquel momento con su madre y con dos personas que no han trascendido a los medios, vio las luces neón por la ventana y salió al porche pacíficamente. Siguió todas las instrucciones que los SWATS le estaban dando, pero según la policía en un momento dado se llevó una de sus manos a la cintura. Temiendo que el joven fuese a sacar un arma, un agente le disparó y le mató.

Finch, como se ha sabido después, no suponía amenaza ninguna. Ni había disparado a su padre ni llevaba encima ningún arma. Mientras su madre presenciaba la muerte de su hijo, la persona que había organizado el “swatting” seguía llamando al servicio de emergencias alegando ser Finch y amenazando con quemar a su familia.

Horas después del suceso las autoridades arrestaban a Tyler Barriss, un chico de 25 que como apuntan los medios sería el tuitero que había ejecutado la broma: Swautistic. Según los tuits publicados en su cuenta se asignaba la autoría del suceso, según él, “una broma que ha terminado mal”. No se siente responsable de la tragedia, y como dijo en un comentario ahora borrado “No he provocado que se mate a nadie porque no he vaciado ningún arma y no soy ningún miembro SWAT”.

Amenaza percibida: el coladero argumental de casi mil muertes al año

Wichita Troy Livingston, subjefe de policía de Wichita.

Los comentarios de la madre de Finch también son dolorosos. Según dijo al medio The Eagle “Vi las luces rojas y azules parpadeando a través de la ventana. Entonces escuché cómo mi hijo gritaba, me levanté y oí un disparo. No llamaron a una ambulancia hasta que murió”. En la conferencia de prensa, un subjefe de policía dijo que el oficial que disparó ha sido puesto en permiso retribuido. Según el discurso oficial, la muerte de Finch es sólo la culpa de "las acciones de un bromista".

Aunque la policía descargue responsabilidades en el que hizo la llamada, muchos no paran de preguntarse qué parte de crítica merece un Estado capaz de presentarse con decenas de personas armadas en casa de alguien sólo por una llamada anónima. Según el Washington Post, Finch es una más de las casi 1.000 personas que han muerto a manos de la policía en 2017, e históricamente el país vive en el momento en el que menos agentes son acusados y encarcelados por este tipo de homicidios.

En esa llamada nos dijeron que el padre había muerto, de un disparo en la cabeza. Así que esa era la información con la que trabajamos", argumentó el subjefe de policía de Wichita. "Nuestros agentes llegaron hasta aquí preparándose para una situación de rehenes. Muchos tomaron sus posiciones. Un hombre vino a la puerta principal, y uno de nuestros agentes disparó su arma".

sd Daniel Shaver instantes antes de su muerte.

Pero la opinión pública ve cada día menos favorable este tipo de relatos. Apenas cuatro semanas antes aparecía en los medios un video de otra situación parecida previa. Daniel Shaver, en el suelo del hotel, amenazado de muerte por un policía que repetidamente le dice que cualquier “error” que cometa va a causar su muerte. Mientras el joven gemía suplicando “por favor no me dispares” el agente Philip Brailsford descarga cinco tiros letales (imágenes sensibles).

Un video de tantos, como también han sido los de Walter Scott, Patrick Harmon o Sam DuBose, casos todos ellos que prendieron la indignación pública y son parte del combustible del movimiento Black Lives Matter. Y sí, el exceso de violencia policial está más que probado: el ratio de muertes a manos de las fuerzas de seguridad en EE.UU. es cuatro veces más alto que el de Canadá o Reino Unido. Y diez veces más alto que el de Alemania.

La Corte Suprema estadounidense sentó las bases del marco de actuación jurídico a raíz de un par de casos de 1980, Tennessee contra Garner y Graham contra Connor. La policía sólo necesita “percibir una amenaza” pública para poder justificar los disparos. El truco está en que la justificación no se basa en la amenaza real, sino en la percepción, la creencia "objetivamente razonable" hecha por el oficial acusado de que había una amenaza real que justificaba su actuación.

Y aquí encajan desde los ladrones que han robado algo en un supermercado y huyen de la escena (sería, potencialmente, alguien que podría ejercer la violencia al salir de allí) o un sospechoso que el agente crea que va a dispararle, aunque no le vea portar ningún arma. Ambos perfiles podrían ser objetos del ataque de un agente que apele a la “protección ciudadana” o a la “autodefensa” y se libre así de las consecuencias penales.

La impunidad es tal que, según un análisis de la Policía Nacional, apenas el 10% de los juicios penales contra policías acaban cumpliendo condena en prisión. Aunque estadísticas independientes dan cifras aún más extremas, en cualquier caso se trata de un índice muy inferior al de la población civil acusada por estos mismos crímenes. Una razón más para sentir indefensión y miedo la próxima vez que un estadounidense vaya a echar una partida al Call of Duty.

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