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La vacuna tardará en llegar. Entre tanto, las llamas y los dromedarios han acudido en nuestra ayuda

La vacuna tardará en llegar. Entre tanto, las llamas y los dromedarios han acudido en nuestra ayuda
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La vacuna contra el Covid es la gran esperanza en la que trabajan los investigadores de la mayoría de  los países para regresar lo antes posible a la antigua normalidad. Pero todavía tardará. Hasta entonces, organismos de todo el mundo trabajan en el desarrollo de antivirales que sirvan para mantener la enfermedad a raya. Para sorpresa de todos, en esta búsqueda se han topado con dos aliados insospechados en la lucha contra la epidemia: los camellos y las llamas

Dromedarios. El Centro Nacional de Biotecnología (CNB) ha comenzado un ensayo clínico cuyo objetivo es detectar si estos animales pueden ayudar a crear un antiviral contra el SARS-CoV-2 que sea capaz de frenar su propagación por el organismo. En un contexto epidemiológico como el actual, en el que todavía no existe una vacuna, los antivirales representan una de las opciones más eficaces para combatir la enfermedad ya que tienen la capacidad de inhibir algún paso esencial del metabolismo del virus.

¿Cómo funcionan? El CNB y la Universidad de las Palmas han creado por ingeniería genética una proteína S que imita la que utiliza el coronavirus para entrar en nuestras células. Esta proteína de membrana es introducida en el organismo de los dromedarios a modo de antígeno, es decir, con la idea de inducir una respuesta defensiva. De tal forma que si los dromedarios crean anticuerpos específicos contra la proteína del SARS-CoV-2, éstos podrán bloquear la entrada del material genético del virus en las células y, por ende, detener la infección masiva.

Nanoanticuerpos. Las defensas originadas por el sistema inmunitario de los camélidos (camellos, dromedarios, llamas y alpacas) son eficaces ante determinados tipos de virus, entre otras cosas, por su reducido tamaño. Para hacernos una idea, los nanoanticuerpos de los camélidos representan tan sólo una cuarta parte de los convencionales. Esta ventaja estructural les permite inhibir el funcionamiento de las proteínas tipo llave que utilizan los virus para unirse a los receptores de nuestra células y entrar.

Al tener un tamaño mucho mayor que la proteína llave del virus, los anticuerpos convencionales como los que generamos los humanos, no sirven para detener la entrada en las células y la consiguiente replicación masiva (infección).

Antecedentes. Antes de que estallase la epidemia del SARS-CoV-2, un grupo de investigadores de la Universidad de Gante en Bélgica estaba realizando ensayos con nanoanticuerpos de llama para estudiar hasta qué punto eran capaces de inhibir virus como el SARS o el MERS. Y, efectivamente. Tras introducirle al animal las proteínas de ambos tipos de coronavirus, observaron cómo ésta producía un nanoanticuerpo específico contra cada una de ellas. Por eso, cuando la crisis del Covid-19 estalló en China, el grupo de investigación hizo lo mismo con el actual virus.

Como resultado no solo reafirmaron su postura, sino que la publicaron en la revista Cell para que investigadores de todo el mundo pudiesen testear la función antiviral presente en el sistema inmune estos animales.

Otros estudios. Desde el Centro Nacional de Biotecnología, además de impulsar el estudio inmunológico en dromedarios, también trabajan en la producción de proteínas sintéticas necesarias para desarrollar test serológicos de diagnóstico y en el desarrollo de posibles vacunas. Junto a ellos y entre otros, organismos como el Ciemat (Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas) investigan un tratamiento para el síndrome de distrés respiratorio, una de las complicaciones de la clínica del Covid-19.

Imagen: Toimetaja Tolkebüroo/Unsplash

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