Carlos III ha heredado el trono. El problema es que Inglaterra quiere que reine su hijo Guillermo

Carlos III ha heredado el trono. El problema es que Inglaterra quiere que reine su hijo Guillermo
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Rex nunquam moritur: "El rey nunca muere". Es una antigua ley que simboliza que el soberano existe a perpetuidad, pero en la práctica significa que Carlos, como heredero al trono, se convirtió en rey en el momento en que murió Isabel II.  Sin embargo, en las últimas semanas se hacía intenso el rumor de que el príncipe Guillermo, el siguiente en la línea sucesoria, podría convertirse en monarca. En realidad, esto solo podría ocurrir si el actual rey Carlos decidiera abdicar en el futuro.

Y eso requeriría legislación. La línea de sucesión está regulada por el parlamento y solo puede ser modificada por ese organismo sin ser alterada unilateralmente por el monarca. Aunque lo cierto es que Carlos ha estado esperando el trono toda su vida y puede decidir quedarse con el título un tiempo. Sin embargo, ¿es realmente lo que quiere el pueblo británico?

No.

Carlos, el rey actual, ha visto una disminución en la favorabilidad de los británicos. Según esta encuesta de YouGov, la popularidad del monarca ha bajado, lo que significa que el 59% de la población tiene una opinión positiva de él y el 35% una opinión negativa. A diferencia de su padre, el Príncipe William, disfruta de gran apoyo. Guillermo cuenta con el visto bueno del 80% de los británicos y sólo un 15% en contra.

Tras la muerte de la reina Isabel II, muchos se preguntan sobre la posibilidad de que en un futuro cercano el príncipe Guillermo se convierta en rey. Para responder esto, hay que entender cómo funciona la línea de sucesión. Hay dos formas para que un miembro de la realeza llegue al trono. Según el Palacio de Buckingham, la sucesión está determinada por la ascendencia y las leyes establecidas por el gobierno británico. Los estatutos parlamentarios dictaban que la sucesión estba influenciada por los siguientes factores: ascendencia, legitimidad, religión y sexo.

Esto cambió con la Ley de Sucesión a la Corona de 2013, que establece que los herederos al trono, tanto hombres como mujeres, serán determinados por el orden en que nacieron. Ahora que Isabel II ha muerto, Carlos se ha convertido en el rey Carlos III ya que es el hijo mayor, el primero en la fila después de la reina.

El heredero al trono ahora pasa a ser el Príncipe de Gales, Guillermo, seguido por su hijo, el Príncipe George de Cambridge. Sus otros hijos, la princesa Charlotte y el príncipe Louis, son el tercero y cuarto respectivamente. El príncipe Harry, el hijo menor del rey Carlos y hermano de William, es el siguiente en la línea después de los hijos de Guillermo.

Guillermo y Carlos realeza inglesa

El único caso en el que el príncipe Guillermo se habría convertido en rey después de la reina Isabel II es si Carlos hubiera muerto antes que ella, según Robert Hazell, profesor de gobierno y constitución en la University College London. Ahora la pregunta es: ¿Hará el trabajo durante él durante unos años antes de abdicar? Algunos expertos creen que sí.

"Sería perfectamente entendible que el rey Carlos quisiera asumir el trono y realizar los deberes reales para los que se ha preparado durante tanto tiempo. Pero algunos también podrían ve natural si un hombre que ya tiene 73 años hiciera el trabajo durante algún tiempo antes de entregarlo a William", explicaba Hazell. Hay que tener en cuenta que a su edad, es complicado abordar las giras reales con la misma fuerza que su madre, que tenía sólo 27 años cuando ascendió al trono en 1952.

Si bien algunos pensaron que la decisión que tomó el rey Eduardo VIII en 1936 de renunciar a su título para casarse con la divorciada Wallis Simpson desató una crisis que casi pone fin a la monarquía, Carlos podría no sentirse tan culpable si no sirve de por vida como su madre.

¿Por qué no es tan querido?

Por su excentricidad. O mejor dicho, por no ser tan neutral como su madre. Tal y como se comenta en este artículo de eldiario.es, hasta dos gobiernos británicos intentaron frenar sin éxito durante años la publicación de 27 cartas que Carlos III envió a Tony Blair en las que daba instrucciones y opinaba sobre asuntos políticos. Llegó a quejarse por el contenido nutricional de la comida que se servía en los colegios. Incluso exigió en un arrebato que los militares en Irak recibieran mejores helicópteros.

Basta decir que en 2005, Carlos III encargó un informe a favor de incluir diversas pseudoterapias en el sistema público de salud. Esto resultó razonable para muchos británicos. Pero desde Exeter, un médico de origen alemán levantó la mano y dijo lo que le parecía: "vergonzosamente erróneo y peligroso". Aquello le costó el trabajo.

Se trataba de una manera polémica de hacer las cosas y, sobre todo, impropia de un futuro rey. Y eso preocupaba mucho al gobierno y a las élites británica, que estaban asustadas por el momento en que Carlos se convirtiera en monarca. Y sólo un pensamiento ha rondado sus cabezas desde que la reina ha pasado a mejor vida: si podrá mantener la boca cerrada tal y como hizo su madre desde 1952.

El historiador Max Hastings publicó en 2010 un duro artículo en el Daily Mail hablando de las consecuencias negativas que podría tener en la corona: "La mejor esperanza para la monarquía es que el príncipe Carlos muera antes que la reina".

Otra biografía de 2018 escrita por Tom Bower, experiodista de BBC, describía a Carlos como un hombre caprichoso. "Lo peor no son sus excentricidades, producto de una vida de privilegios en la que paradójicamente no ha podido tomar algunas decisiones muy personales, sino su costumbre de tener asesores que sólo pueden cumplir lo que él ordena, como un lord feudal. Para los monárquicos comprometidos, esa independencia es alarmante".

Imágenes: GTRES

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