La contaminación cotidiana: ducharnos o aspirar genera más huella medioambiental que el tráfico

La contaminación cotidiana: ducharnos o aspirar genera más huella medioambiental que el tráfico
35 comentarios

Cuando pensamos en contaminación, lo primero que se nos viene a la cabeza es el tráfico de las grandes ciudades o una imagen de centrales eléctricas de carbón a las afueras.  Cuando la pandemia forzó cierres globales en decenas de ciudades, una ventaja positiva, aunque temporal, fue la reducción de la contaminación del aire exterior. Desde EEUU a China, los niveles se redujeron significativamente. Sin embargo, a medida que los países se han vuelto a abrir, la contaminación se ha recuperado a niveles anteriores a la pandemia.

Pero cuando nos centramos solo en la contaminación del aire exterior pasamos por alto un hecho simple y a la vez importantísimo: la mayor parte de nuestra exposición a la contaminación del aire ocurre en el interior, cuando menos lo esperamos, en nuestras actividades diarias.

La contaminación, en nuestra casa. Según la Agencia de Protección Ambiental, los niveles de contaminantes del aire en interiores pueden ser de dos a cinco veces más altos que en el exterior, y los bloqueos derivados de la pandemia lo agravaron aún más. Vamos, que de cualquier manera salimos mal parados. Muchos de nosotros usamos jabones, lociones para después del afeitado, perfumes y productos de cuidado personal. Si bien la mayoría de estudios sobre la contaminación del aire en interiores tiende a centrarse en las velas, los efectos de los productos que usamos en los hogares son mucho más amplios.

Los productos químicos derivados de combustibles fósiles que se evaporan de las tintas de impresión, adhesivos, revestimientos, agentes de limpieza o productos de cuidado personal son también los grandes causantes de las emisiones, superando incluso al tráfico.

El estudio. La científica Amber Yeoman ha estado estudiando la contaminación atmosférica que se produce cuando nos duchamos. Y los resultados de su experimento son sorprendentes. Ella y sus compañeros instalaron tubos de muestra en un cuarto de ducha. A cada uno de los voluntarios se les dio los mismos productos del supermercado y se les pidió que se ducharan; comenzando con lavado de cara y gel de ducha, seguido de champú, acondicionador, humectante y luego desodorante en aerosol.

Uno por uno, los compuestos orgánicos volátiles fueron medidos. La peor parte provino principalmente del champú con olor a cítricos, el alcohol bencílico del acondicionador y el etanol del humectante. Aunque diferente para cada persona, y aquellas que se enjuagaron durante más tiempo produjeron menos emisiones. También se observaron otros productos químicos, posiblemente relacionados con los productos de lavandería utilizados para lavar la toalla de cada voluntario o su ropa.

¿Soluciones? Ya se ha comenzado a prestar más atención a estos productos debido al impacto acumulativo de las emisiones de los hogares y la forma en que reaccionan juntos para formar una contaminación atmosférica. Y la lucha no será fácil. Básicamente, porque por mucho que conozcamos la huella ambiental de estas actividades es muy difícil, por no decir imposible, neutralizarla. Todos hacemos esas actividades.

El primer paso será responsabilizar a los fabricantes de la contaminación de los productos que venden. Cambiar a otros que no sean aerosoles sería otra solución más sencilla. Del estudio se desprende claramente que el etiquetado tendría que reflejar el impacto y el destino de estos productos químicos en nuestros desagües y sistemas fluviales. "Las etiquetas de calidad del aire ayudarían a comunicar los posibles impactos negativos a los consumidores y podrían alentar a los fabricantes a cambiar sus productos para atraer compradores preocupados por la salud”, explicaba la autora del estudio en este reportaje de The Guardian.

Los sorprendentes peligros de cocinar. La contaminación del aire en interiores también proviene de una amplia gama de actividades. Las partículas finas se liberan de prácticas como cocinar (freír y asar en particular), limpiar y de los fuegos y velas. En todo el mundo, se estima que tres mil millones de personas todavía cocinan con fuegos abiertos o estufas simples alimentadas con queroseno, carbón o biomasa, que producen grandes cantidades de contaminación.

Un estudio indica que estás más expuesto a PM2.5 (partículas diminutas que son peligrosas para la salud humana cuando se inhalan) al cocinar una tortilla en tu cocina que situándote al lado de una carretera cualquiera de Londres. Otro estudio también sugiere que cocinar un asado en familia o una cena de Acción de Gracias podría producir niveles más altos de PM2.5 que los que se encuentran en las calles de Delhi, una de las ciudades con más polución del mundo. Sorprendentemente, los niveles más altos de PM2.5 se detectaron al preparar el desayuno. Es por eso que los expertos enfatizan que las personas siempre deben usar la campana extractora o abrir una ventana al cocinar.

O de limpiar. También utilizamos muchos productos químicos en el aire en los hogares. Están incrustados en los pegamentos utilizados en muebles, así como en pinturas, selladores y madera y materiales de construcción. Pero también los hay emitidos por productos de limpieza para el hogar, productos de cuidado personal como geles de ducha y fragancias, colas, tintas y ambientadores. Individualmente, algunos son más dañinos que otros, aunque casi todos reaccionan con óxidos de nitrógeno para crear ozono a nivel del suelo.

Incluso pasar la aspiradora también es otra fuente de contaminación del aire interior, a menos que se utilicen filtros adecuados de alta calidad, y pasar el trapo con ciertos productos de limpieza también puede aumentar los niveles de sustancias químicas en el aire.

Efectos negativos para la salud. Algunos de los tipos de contaminación más letales, incluidos los óxidos de nitrógeno y las nanopartículas, también son lo suficientemente minúsculas como para atravesar no solo las paredes de los pulmones y entrar en el torrente sanguíneo, sino también alrededor de puertas cerradas y dentro de los hogares.

Según la Organización Mundial de la Salud, alrededor de 3,8 millones de personas mueren al año por la exposición a la contaminación del aire doméstico. La mala calidad del aire interior se ha relacionado con una variedad de enfermedades, que incluyen asma, neumonía, cáncer de pulmón, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y enfermedades cardiovasculares.

Imagen: Unsplash

Temas
Inicio