Europa lleva años preparándose contra el frío. Ahora se ha dado cuenta de su gran error

Europa lleva años preparándose contra el frío. Ahora se ha dado cuenta de su gran error
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Hace unos días, durante la peor ola de calor que ha vivido Reino Unido (récord histórico de 40 grados), un usuario de Twitter ilustraba un problema creciente en el país: "Esta es la razón por la que estar a más de 36ºC es devastador aquí, cuando en otro país sólo sería algo molesto: casas sin toldos, sin aire acondicionado, ventanas pequeñas y diseñadas para atrapar el calor y no dejarlo salir por la noche". Un infierno en mayúsculas es lo que se ha vivido en el país británico estos días.

Sin embargo, no es el único país de Europa que se enfrenta ahora a un calor extremo. Estas naciones hambrientas de sol durante casi todo el año, no están acostumbradas a largos períodos de altas temperaturas. No sólo las personas están mal adaptadas: casi todas sus viviendas lo están.

Los problemas actuales. Las casas de los países al norte de Europa como Reino Unido o Alemania se han construido durante décadas con un objetivo: mantener a las personas calientes en invierno. Por eso, casi nunca se ha incluido en ellas un aire acondicionado, porque los veranos eran normalmente templados. Ahora, el cambio climático está poniendo todo esto patas arriba. ¿Querían eficiencia energética? Pues ahí la llevan.

En 1970, tras la crisis del petróleo, los gobiernos empezaron a centrarse en un urbanismo más hermético, sellando las viviendas para evitar que el calor se escapara y reducir así el consumo de combustible en calefacción. Eso significó reacondicionar edificios y aislar los nuevos. Pero conforme aumentaron las temperaturas, los expertos se dieron cuenta del problema: un flujo de aire reducido. Un problema que se hace más grande en las ciudades donde además el hormigón exterior absorbe calor durante el día y lo irradia durante la noche. El llamado efecto isla de calor urbano.

El caso de Reino Unido. Millones de casas en el país se construyeron cuando las olas de calor eran episodios climáticos poco frecuentes. Y ahora, el precio a pagar es este: el 20% de los hogares ya se sobrecalientan en verano. Después de una década de críticas, el gobierno acabó introduciendo la política "Future Homes Standard" en 2021: todas las casas a partir de ahora tendrán que estar bien ventiladas y ser resistentes a las temperaturas. La ola de este 2022, sin embargo, les ha pillado desprevenidos.

Transporte y urbanismo. Tal y como hemos contado en otros artículos en Magnet durante estos días, algunos países han cancelado trenes por riesgo de derretimiento de las vías de acero o el sobrecalentamiento de estas. Hay que tener en cuenta que algunos ferrocarriles de Francia o Reino Unido son muy antiguos y fueron construidos con vías de acero que tienden a estar 20 grados por encima de la temperatura ambiente. El metro de Londres es de 1863 y muchos de los trenes aún no tienen ni aire acondicionado.

Luego está el efecto isla de calor, donde los edificios de hormigón y las superficies de las grandes ciudades absorben el calor ya abrasador y lo amplifican. Los espacios verdes se han reducido en gran parte de Europa y se ha hecho necesario plantar de nuevo árboles en las zonas peatonales para crear sombra y evitar que el cemento y asfalto se sobrecalienten.

La arquitectura. Los expertos explican en este artículo que una clave para evitar todo esto es asegurarse de que las casas tengan ventanas en lados opuestos, lo que permite que fluya la brisa. Sin embargo, los apartamentos modernos suelen tener ventanas en un solo lado, lo que dificulta la corriente de aire. Y eso sólo si la ventana puede abrirse. Los materiales también pueden ayudar. Pero claro, debido a los costes, los pisos se construyen con materiales con una masa térmica más baja que no puede absorber el calor en el día y liberarlo por la noche.

Consecuencias. Son desastrosas, tal como estamos viendo. En un rascacielos en Shenzhen, China, se culpó a las altas temperaturas de hacer temblar la estructura y evacuarla, ya que el acero se estaba agrietando por el calor. Los materiales, sobre todo los metales, se expanden a medida que se calientan, lo que puede hacer que se doblen. Las temperaturas extremas pueden incluso hacer que se derritan.

Todo esto confluye en un punto en común: el cambio climático y sus consecuencias. Como hemos visto, la riqueza no protege contra los efectos del calentamiento global y todas las naciones (incluso las ricas) van a tener que adaptarse rápidamente para frenar su impacto. Porque sí, los daños serán indiscriminados, sin importar en qué parte del mundo te encuentres. De hecho, los edificios modernos de los países ricos corren más peligro que las estructuras tradicionales simples.

Soluciones. Incluso, en los países menos desarrollados que sufren este problema se están realizando proyectos para revivir los estilos de arquitectura que utilizan materiales vernáculos ya que se enfrían de manera natural. Por ejemplo, tal y como comentan en este artículo de Surface, en la India se están recuperando las casas hechas a mano construidas con ladrillos de barro secados al sol para absorber el calor. Hay que tener en cuenta que este país adoptó el cemento como material de construcción dominante a finales del siglo XX. No parece estar funcionando.

Imagen: Unsplash

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