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Hanging Rock: la conspiranoia surgida de una película y creída a pies juntillas por miles de personas

Hanging Rock: la conspiranoia surgida de una película y creída a pies juntillas por miles de personas
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El sábado 14 de abril de 1900, día de San Valentín, las 19 alumnas del Colegio Appleyard cerca de Woodend, en Australia, salieron a celebrar su picnic anual en la base de Hanging Rock, una formación rocosa muy popular en la región. Era una tarde calurosa de verano y las chicas, más las dos profesoras que las acompañaban, cayeron en una cómoda modorra después de dar buena cuenta de sus sándwiches y hasta de una tarta.

Cuando despertaron, tres de las adolescentes y una de las maestras habían desaparecido sin dejar rastro.

Durante décadas, bastantes aficionados a los misterios impenetrables han intentado resolver el enigma de las desapariciones en el picnic en Hanging Rock, sin suerte. Habría sido realmente curioso que hubieran conseguido resolver el enigma cuando éste nunca ocurrió de verdad. Lo inventó la novelista australiana Joan Lindsay en 1967 y lo inmortalizaron primero, Peter Weir, en una película en 1975, y ahora, una miniserie protagonizada por Natalie Dormer. Aunque haya quien siga pensando que lo de Hanging Rock es conspiranoia de alto nivel.

El simbolismo de Hanging Rock

Lo cierto es que la zona es terreno abonado para los amantes de lo esotérico. Para empezar, es un antiguo volcán de más de seis millones de años de antigüedad (lo que en términos geológicos se conoce como mamelón) conocido como Monte Diógenes. Hanging Rock, o la roca colgante, es en realidad una gigantesca roca suspendida sobre un "pasillo" que hace las veces de entrada a la formación, de 718 metros de altura.

Para las tribus aborígenes australianas Dja Dja Wurrung, Woi Wurrung y Taungurung era un lugar sagrado en el que se celebraban ritos de paso a la edad adulta hasta que, a mediados del siglo XIX, los colonos ingleses las expulsaron de la región. A partir de entonces, se convirtió en un sitio de asueto turístico victoriano.

Hanging Rock El monte Diógenes, formación donde se encuentra Hanging Rock. (Foto: Flickr/Nigel Heap)

De hecho, el verdadero nombre de Hanging Rock es el que le dieron los aborígenes en su momento, Ngannelong, y fueron los expedicionarios europeos de mediados del siglo XIX los que empezaron a llamarlo de la manera en la que es conocido actualmente. Al estar a apenas 70 kilómetros de Melbourne, y cerca de las localidades de Macedon y Woodend, ya entonces era una atracción turística muy visitada. De esa manera fue inmortalizada, en 1875, por el pintor William Ford en el cuadro En Hanging Rock.

La roca lleva ya un tiempo en el centro de una campaña para que Australia reconozca y repare los daños causados por el genocidio de sus habitantes nativos que causó la colonización europea de la isla. El año pasado se lanzó la campaña "Miranda Must Go" para recuperar el lugar de Hanging Rock en la tradición y la historia aborigen, y para criticar la obsesión nacional con la historia ideada por Joan Lindsay. Pero es que esa obsesión es mucho más fuerte de lo que nadie pudo haber imaginado en su momento.

La culpa de todo la tiene Peter Weir

En 1999, el festival de Sundance era tomado al asalto por algo que parecía una mezcla entre documental y ficción basada en hechas reales sobre unos amigos que desaparecen en el bosque mientras siguen el rastro de una legendaria bruja. Los amigos lo habían grabado todo y los directores de la película la montaron a partir de esas grabaciones, encontradas después. La campaña promocional de El proyecto de la bruja de Blair diluía a propósito la frontera entre ficción y realidad para que el impacto en los espectadores fuera mayor, pero rápidamente se averiguó que todo era producto de la imaginación de sus guionistas.

Joan Lindsay se adelantó 32 años a la bruja de Blair con su Picnic en Hanging Rock, una novela en la que contaba la desaparición de tres estudiantes y una profesora de una escuela de señoritas en esa formación rocosa.

El libro está considerado una de las cumbres de la literatura anglosajona moderna y es deliberadamente ambiguo con respecto a si lo que narra es una historia real. Se centra en las consecuencias que la marcha de Miranda, Irma, Marion y la señorita McGraw tiene en sus compañeras, en la directora del Appleyard College y en el resto de personas que tuvieron contacto con ellas, y consigue crear unos interrogantes tan atractivos, que los lectores empezaron a obsesionarse con dilucidar que había pasado en el picnic.

Lindsay contribuyó a generar dicha obsesión al eliminar el último capítulo de la novela, donde se ofrece cierta resolución al misterio, y pedir a sus editores que lo guardaran para su publicación después de su muerte.

Hanging Rock Un fotograma de "El misterio de Hanging Rock". (FMA/Ben King)

Sin embargo, el verdadero fenómeno llegó cuando Peter Weir llevó al cine el libro de Lindsay. Su Picnic en Hanging Rock está considerada una de las obras cumbre de la Nueva Ola del cine australiano, junto con Mad Max, y es de las películas más influyentes del cine de las últimas décadas por la atmósfera onírica que consigue crear. Su rastro puede encontrarse desde Las vírgenes suicidas a la segunda temporada de la serie The Leftovers, pero donde de verdad se nota su influjo es en los conspiranoicos que se creyeron que todo lo que contaba había pasado de verdad.

De los extraterrestres a anomalías gravitacionales

La ambigüedad con la que Lindsay promocionó su libro (que incluye un breve prefacio en el que apunta que da igual que los hechos sean reales o no porque sus protagonistas murieron hace tiempo) y la cualidad inmersiva de la película de Weir llevaron a no pocas personas a intentar buscar confirmación de que realmente se habían producido unas fantásticas desapariciones en Hanging Rock en 1900. Lo hicieron buceando en publicaciones de la época, que no recogían ninguna noticia de ningunas chicas perdidas en la roca y puntualizando que, en aquel año, San Valentín cayó en miércoles y no en sábado, como recoge la novela.

Esto se une a una carretera en los alrededores en la que se asegura que se producen anomalías gravitacionales, como que los coches suban una colina con el motor apagado, y a algunos visitantes a la Roca que afirman que, como ocurre en el libro y en la película, sus relojes se paran y se atrasan en sus proximidades. Todo esto ha dado pábulo a las creencias de que Picnic en Hanging Rock está basado en hechos reales, aunque no haya rastro de ellos documentados en 1900.

Y la conspiranoia ha intentado explicarlo todo con varias teorías.

Dentro de Zona Cero, la sección sobre esoterismo que Juan Antonio Cebrián incluía en su programa de radio, La rosa de los vientos, se emitió un monográfico sobre Hanging Rock que recopilaba bastantes de esas ideas, reconociendo al mismo tiempo su cualidad de leyenda urbana. Una era que las tres chicas habían sido secuestradas, asesinadas y, probablemente, violadas por algunos hombres locales que las habían visto ascender a la Roca, una explicación que sí es parecida a un suceso que ocurrió realmente a finales del siglo XIX en la región, cuando desaparecieron dos colegialas. Sus asesinos las habrían arrojado a alguna cueva en la que nunca pudieron encontrar sus cadáveres.

La segunda explicación es que fueron abducidas por extraterrestres, una teoría que encaja con la creencia de que los lugares sagrados para los aborígenes australianos, como la roca Ayers (o Uluru), son zonas con gran actividad OVNI. Y la tercera es que Hanging Rock es una poderosa fuente de energía electromagnética que se traduce en un portal interdimensional, o hasta intertemporal, y que las chicas pasaron a otra dimensión. Por eso no se encontró nunca ni un solo rastro de ellas. Y estas teorías conspiranoicas no se reducen sólo a los aficionados a ellas en internet.

Hanging Rock Mistery

El año pasado, la periodista Janelle Macculloch escribió un libro que intentaba ofrecer una solución plausible y definitiva al "misterio". Beyond The Rock: The Life Of Joan Lindsay And The Mystery Of Picnic At Hanging Rock, que es su título, asume que Joan Lindsay se inspiró en hechos reales para crear su historia, y se dedicó a buscar a antiguas alumnas del internado femenino al que asistió la propia Lindsay, y en el que se inspiró para crear Appleyard College, y rebuscó en documentos de la época de todos los tipos.

McCulloch basa toda su investigación en la conexión de la autora con el lugar, pues creció allí, y en que su prefacio original rezaba "para la autora, que conoció muy bien de niña el Monte Macedon y Hanging Rock, la historia es completamente verdadera". Pero lo que para Lindsay era "verdadero" no quiere decir que ocurriera de verdad.

Imagen | FMA

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