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¿Te creíste el bulo de la final de la Champions? Te damos las armas para reconocerlos... Aunque no podrás pararlos

¿Te creíste el bulo de la final de la Champions? Te damos las armas para reconocerlos... Aunque no podrás pararlos
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La final de la Champions League entre el FC Barcelona y la Juventus de Turín fue el escenario perfecto para que Internet se llenase de bulos. En Twitter, sólo el hashtag #ChampionLeagueFinal dio para más de 180.000 publicaciones sobre el tema... Y una de ellas consiguió engañar a bastantes personas.

El usuario @losbox posteó una versión del mapa que abre este artículo, acompañándolo del mensaje "xarxa 2.0" [red 2.0 en catalán], dando a entender que la imagen representaba de dónde venían los tuits sobre el partido. La asociación era fácil: Barça-Cataluña-Países Catalanes (las cuatro regiones que conforman el ideario lingüístico independentista). Pero era mentira.

El tuit tuvo bastante eco, pero la imagen que mostraba no tenía nada que ver con el partido: se trataba de un mapa de junio de 2013 sobre artículos geolocalizados de Wikipedia, como señalaba el post del estudiante de Periodismo David Parreño que desmentía el tema.

El mapa forma parte de un bello proyecto en curso del Oxford Internet Institute (¡un atlas de Internet!) y se puede consultar de forma interactiva. Parreño señaló que no era la primera vez que ese usuario soltaba ese mapa, para empezar. Pero había más elementos para sospechar de él.

¿Cómo identificar un bulo?

Pinocho

No hace falta ser un experto para coger un bulo al vuelo. La Oficina de Seguridad del Internauta, parte del Insituto Nacional de Ciberseguridad de nuestro país, recopiló hace tiempo una guía aplicable tanto a tuits como a esos insistentes mensajes sobre los pagos en Whatsapp. Los puntos clave de la guía permiten identificar rápidamente un bulo como éste. Veamos cómo:

Son atemporales

En el caso de @losbox ya hemos mencionado que no era la primera vez que buscaba el mismo efecto.

Y, aunque en Twitter la fecha sí es aplicable, la recirculación ayuda a confundir sobre las fechas. Lo vimos recientemente con la "dimisión en diferido" de Esperanza Aguirre. En Whatsapp, hemos perdido la cuenta de las veces que hemos desmentido en el mismo grupo familiar la luz que cambia de color si reenvías el mensaje para que no te cobren.

Carecen de fuente

Esto es esencial: no hay un enlace o un hilo del que tirar para contrastar. Si acaso, viene de "alguien" -nunca el emisor- o le pasó a un conocido, o se basa en una información sin origen -"Whatsapp está avisando ya" y cosas así-. ¿Os acordáis de cuando iban a cerrar vuestra cuenta de Hotmail porque lo había dicho Microsoft en ninguna parte más allá de ese correo en cadena de vuestro cuñado?

Alerta roja

Miedo a todo.

Una situación política peliaguda, una apelación directa a la cartera del usuario, una situación irreversible si no te la tomas en serio... Cualquier gancho que provoque miedo, duda o incertidumbre funciona. Es una estrategia de marketing que va desde las empresas hasta los argumentos paracientíficos. "No me creo esto, pero si es verdad puede hacerme daño o cabrearme".

La defensa de la existencia de una tuitsfera que abarque todos los Países Catalanes entra en juego otro elemento, el sesgo de confirmación: nuestro cerebro nos empuja a dar por buenas todas las cosas que encajan con nuestro sistema de creencias.

En el caso de un tuit dirigido al público catalanoparlante, tenía más posibilidades de que los defensores de la idea lo aceptasen sin más. Como le pasó a Nació Digital, que tuvo que cambiar una noticia que dieron por buena, aunque la dirección html del enlace pone de manifiesto el error.

Contienen una petición de reenvío

Esto forma parte del ADN de Twitter y su posibilidad de republicar a cualquier usuario con un botón. En Whatsapp o los viejos correos en cadena, la petición de reenvío forma parte del bulo, como ya lo hacía en las historias de terror infantiles: "Fulanita rompió la cadena y...". Es decir, si el mensaje necesita que reenvíes eso a 10 personas para que pase o no pase algo, puedes estar casi seguro de que es mentira. Menos en el caso de Magnet: si no reenvías nuestros post a todos tus contactos, no serás feliz.

Se aprovechan de eventos o nombres con autoridad

Stephen Hawking.

No es un fenómeno exclusivo de los bulos: parte de los tuits de #ChampionsLeagueFinal, como de cualquier otro trending topic, son spam emitido por bots. El nombre ayuda a que el mensaje traspase filtros y se procese como parte de la narrativa que estamos viviendo. En este caso, el tuit de @losbox no afirmaba de manera explícita que esa imagen tuviese que ver con la final de la Champions. Pero, como ya vimos al principio, servía en bandeja la asociación de ideas (erróneas).

En nuestras redes, el nombre de Whatsapp o de algún experto del que te suena el nombre pero no tienes ni idea de lo que hace puede servir. Y, si distorsiona un poco información ya existente, mejor. Mañana podríamos iniciar un bulo con Stephen Hawking y los robots asesinos y Siri/Cortana: "El Premio Nobel Stephen Hawking avisa de que Siri puede ser letal a largo plazo".

Pero no puedes pararlos

Los bulos y los rumores se alimentan de los mismos sesgos cognitivos irracionales. "Lo que sabemos de psicología nos dice que la mera repetición de una información la hace más poderosa". Es el viejo adagio de la propaganda, pero el profesor de ciencias políticas del MIT Adam Berinsky lo ha verificado en un estudio.

Berinsky ha examinado los rumores y bulos sobre política estadounidense, incluso los más alocados (Obama es un presidente ilegal porque no es estadounidense), y ha descubierto que ni siquiera los desmentidos ayudan a exterminarlos. Nos tomamos los propios desmentidos como un intento interesado de influir en nuestra opinión. En el caso de Whatsapp, por seguir con el ejemplo más conocido, la respuesta más habitual es "me ha llegado de 10 personas distintas, tú eres el único que dice que eso es mentira".

Peor, Internet ha logrado que nos relacionemos principalmente con gente que piensa lo mismo que nosotros. Vivimos inmersos en una burbuja de opiniones que nos dan la razón, y eso fortalece nuestros prejuicios de confirmación. Unido al deficiente funcionamiento de nuestra memoria selectiva, el resultado es que una mentira desmentida mil veces sigue siendo una verdad en muchas cabezas. O, como explica Berinsky:

“No es que existan algunas personas que se crean un montón de locuras. Lo que hay es mucha gente que cree algunas locuras”

El peligroso ejemplo de Facebook

Ahora mismo, el 30% de los estadounidenses emplean Facebook como principal fuente de información. Y la empresa confesó que su algoritmo ajustaba lo que los lectores veían dependiendo de su ideología y/o creencias. Pero no sólo eso: los propios lectores, según un estudio interno con 10 millones de participantes, también influyen en las publicaciones que ven en su muro siguiendo esos patrones. Con lo que el altavoz de los bulos y los rumores interesados lo decide, en parte, el propio usuario.

¿El resultado? Es más fácil que consumas las mentiras que sueltan los candidatos de una campaña política, por ejemplo, que los desmentidos posteriores, aunque cuenten con pruebas. Por la sencilla razón de que serán invisibles en la principal red social del planeta a menos que los busques activamente: somos doblemente vulnerables a los bulos que más apelan a nuestras creencias.

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