34.000 personas encerradas en Disneyland por un positivo: la otra cara de CovidZero en China

34.000 personas encerradas en Disneyland por un positivo: la otra cara de CovidZero en China
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El domingo 31 de octubre 34.000 personas decidieron pasarse por el parque de Disneyland de Shanghái. Era ya de noche, la hora de los espectáculos pirotécnicos, cuando las autoridades cerraron las puertas del mismo a cal y canto, sin dejar entrar o salir a nadie. Una mujer que se cree que fue a Disneyland en días anteriores había dado positivo por covid, así que iban a hacer todo lo posible por encontrar a todas y cada una de las almas que pudieran haber sido contagiadas.

El celoso proceso chino de rastrear a una multitud. Para que los asistentes pudiesen abandonar las instalaciones habría que testearlos a todos, uno por uno, y nadie podría salir hasta que se terminase de testar al último de ellos. Cuando reabrieron, las líneas de tren estaban ya cerradas, así que los responsables pusieron a disposición de los usuarios 220 autobuses. Después de aquello, todos los visitantes tanto de esa jornada como de la anterior han tenido que aislarse dos días en sus viviendas, realizarse un segundo test, estar disponibles durante las siguientes dos semanas de forma telemática para informar sobre la evolución de su salud y hacerse un tercer y definitivo test. Por el momento, todos han dado negativo.

La estrategia covid zero asiática. Como ya han contado otros periodistas, China, Hong Kong y Taiwan son de las poquísimas únicas jurisdicciones mundiales que se mantienen firmes en su estrategia de eliminación total del virus dentro de sus fronteras en lugar de la convivencia con la que se vive en casi todo el planeta. Pese a que el 75% de su población está ya completamente vacunada, la vigilancia de sus fronteras sigue siendo total, pero la cosa en los últimos tiempos se está torciendo por la contagiosa variante delta.

Otro tipo de fatiga pandémica. El investigador Dan Wang afirma que nunca ha sido tan difícil como en estos momentos salir o entrar en Beijing, dado el grado de vigilancia de sus fronteras y la seriedad de sus medidas de precaución. La paranoia no les ha librado de filtraciones que se esmeran por contener: según los últimos datos oficiales, el número de casos activos a nivel nacional asciende ya a 869, de los que 33 se encuentran graves. Están desperdigados por 16 provincias, aunque la mayoría de ellos se localizan en Heilongjiang, frontera con la Mongolia interior. Cada positivo ha ido asociado con una tanda de medidas draconianas, como confinamientos totales de algunas ciudades, que ha provocado tímidas protestas y una aparente fatiga ciudadana.

La pesadilla no ha terminado. The Guardian recopila algunos de los peores episodios: en Jiangxi, y después de identificarse un único caso tras dos años de pandemia, las autoridades pusieron en rojo todas las luces de carretera de la región para que nadie pudiera desplazarse, aunque tuvieron que revertir la medida a causa de las protestas. En Ruili, un pueblo en mitad de la frontera entre China y Myanmar, han vivido infinidad de confinamientos por la amenaza de brotes. Ponen como ejemplo del agravio un bebé al que se le han realizado 74 pruebas covid desde el pasado septiembre. El alcalde dice que la zona ha perdido a unos 300.000 de sus 500.000 habitantes al no soportarlo. En Beijing los residentes afirman que las apps de localización ciudadana les ubican en sitios en los que no han estado, obligándoles a llevar cuarentenas que no les correspondían (el gobierno ya se ha disculpado). Hoy las autoridades de la capital han pedido a los ciudadanos que se muevan lo menos posible.

Ciudadano, aprovisiónate. Lejos de calmar los ánimos, China ha pedido a las familias que hagan "esfuerzos para asegurarse el aprovisionamiento de víveres" en medio de los rebrotes ahora activos en distintos puntos del país. El objetivo es, dicen, evitar los problemas de planificación que ocurrieron en Wuhan en enero del año pasado. Con ello, y según los testimonios de ciudadanos en Weibo, la gente se ha dejado llevar por el pánico y ha empezado a acaparar aceite, sal, arroz y otros víveres.

Hay quien se pregunta si todo esto merece la pena, una pregunta lícita, a la que hay que responder sopesando todos los datos: el consumo ciudadano y el PIB ya estaba recuperado en abril de 2021 y las cifras oficiales hacen un recuento de menos de 5.000 muertos desde que empezó la pandemia.

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