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El alturismo es real: las mujeres están menos dispuestas que los hombres a que él sea más bajito que ella

El alturismo es real: las mujeres están menos dispuestas que los hombres a que él sea más bajito que ella
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Las mujeres somos bastante nazis con la altura de nuestras posibles parejas. Es la conclusión de diversos estudios a lo largo de estos años, y uno de ellos, de 2008, está circulando estos días en redes sociales. Está realizado por psicólogos y antropólogos de distintas universidades estadounidenses y su fuente de estudio es uno de los sitios donde la presión física es más latente: las páginas de citas.

Bajitos no, gracias: la página es Yahoo Personals, y la muestra 1000 hombres y 1000 mujeres heterosexuales de Los Ángeles. En la plataforma, los usuarios tienen la posibilidad (que no la obligación) de filtrar a los candidatos según una serie de baremos, siendo uno de ellos las alturas máximas y mínimas del otro. 

De entre todos ellos, el 30% de los hombres querían que ella fuese más bajita que él, tolerando una misma o mayor altura de la compañera en un 70% de los casos. A la inversa, sólo el 25% de las mujeres toleraba que el hombre fuese igual o más bajito que ella, mientras un 75% de las mujeres sólo quería que su posible compañero fuese más alto. Es decir, hay un claro mayor prejuicio contra los hombres bajitos, algo que sabrán muchos hombres que hayan visitados estas webs, donde no es raro que las candidatas incluyan en su biografía exigencias mínimas de altura para los chicos.

Prejuicio sexual y financiero: la altura de los hombres también es un dato crucial para los demás hombres. Un análisis de las alturas de los CEOs de la lista Fortune 500 reveló que el 58% de los máximos mandatarios medían más de 1.83 de estatura cuando sólo el 14.5% de los hombres estadounidenses miden esto. También los presidentes de EEUU son más altos que la media, e históricamente ha tendido a ganar siempre el contendiente más alto. Hay diversos estudios que muestran cómo hay una clara correlación salarial en base a la altura. Uno de ellos contaba, por ejemplo, que por cada 3 centímetros más de altura el candidato gana, de media, un 1.8% más al final de su vida laboral.

La búsqueda de la aprobación ajena: según otro macroestudio sobre el “ratio de diformismo sexual” (por qué la norma dice que el hombre debería ser más alto que la mujer), se ha vinculado ese favoritismo de las mujeres a preferirlos altos a su conformidad social. Hay una correlación entre lo exigente que sea la mujer a que el hombre presente rasgos asociados a la masculinidad (fuerza física, rudeza emocional, éxito laboral) con su búsqueda de hombres más altos. También es cierto que las personas con menos autoestima tienden a buscar más intensamente esas conformidades de género.

La altura no lo es todo: aunque creemos (razonablemente) que la altura está vinculada a una mejor alimentación y salud familiar, hay un punto en el que la altura también correlaciona con defectos en la misma: un estudio entre 1.3 millones de españoles concluyó que cada centímetro adicional en altura acorta 0.7 años en la esperanza de vida del sujeto. También se ha visto que, por cada 10 centímetros de incremento de altura del sujeto, aumentan los riesgos de padecer algún cáncer en un 16%, consecuencia de poseer más células, con lo que crece el riesgo de sufrir mutaciones de las mismas.

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