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La alucinante anatomía del cóndor andino: sólo aletea un 1% del tiempo que pasa en el aire

La alucinante anatomía del cóndor andino: sólo aletea un 1% del tiempo que pasa en el aire
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Pocos animales resultan tan impresionantes a simple vista como el cóndor andino. El secreto reside en sus proporciones. Se trata del ave más grande del mundo. Un ejemplar adulto puede llegar a pesar hasta 15 kilos, con 140 centímetros de altura y unos tres metros de envergadura. En pleno esplendor, el cóndor, tan gigantesco, tan pesado, cuesta imaginarlo como uno de los animales más dotados para el vuelo.

Y sin embargo lo es. Sin apenas aletear.

Un 1%. Porque el cóndor planea mucho antes que vuela. Un reciente trabajo elaborado por investigadores de la Universidad de Swansea así lo afirma. Tras adosar pequeños dispositivos geolocalizados a ocho ejemplares adultos, estudiaron sus patrones de vuelo durante cinco años, entre 2013 y 2018. En total, recopilaron 250 horas de vuelo. Su hallazgo fue bastante sorprendente. Del tiempo total transcurrido en las alturas, los cóndor tan sólo aleteaban un 1%. El 99% simplemente planeaban.

Por qué. Es más: el 1% del aleteo estaba asociado a maniobras de despegue y aterrizaje en el 75% de los casos. ¿Cómo es posible que el ave más pesada del mundo se maneje con tanta precisión en el aire sin apenas batir sus alas? La respuesta reside en su maestría domeñando las corrientes de aire. Los cóndor se valen de las diferentes temperaturas y presiones para desplazarse largas distancias, casi siempre en busca de alimentos.

Mérito. Esto les plantea varios retos. Según uno de los autores, necesitan encontrar corrientes cálidas para "evitar aterrizajes inesperados". Se trata de una estrategia "arriesgada", dado que las corrientes a distintas temperaturas pueden comportarse de forma inestable, "con burbujas de aire ascendiendo de forma intermitente desde el suelo cuando el aire es lo suficientemente cálido". Los cóndor han de ser precisos escogiendo el tiempo y el lugar adecuado para aprovecharse del aire.

Nada que un piloto humano bien adiestrado no sepa hacer. Con una diferencia: los pilotos se aprovechan de las corrientes cuando las condiciones se lo permiten. Los cóndor no. Siempre necesitan alimentarse de cadáveres que identifican desde las alturas, y estos no siempre aparecen bajo cielos proclives al planeo. De ahí que su mérito sea doble.

Récords. Una anatomía y un sentido extraordinario para leer los vientos dan como resultado hitos inigualables. Uno de los ejemplares analizados por los investigadores, por ejemplo, pasó más de cinco horas planeando en las alturas. En ese periodo de tiempo logró recorrer 172 kilómetros. En ningún momento batió sus alas. Todas las aves se aprovechan de las corrientes del aire para minimizar esfuerzos, pero no a este nivel.

Problemas. Tan impresionantes habilidades representan una bendición para los actuales cóndor. Otros estudios han ilustrado como su radio de acción ha aumentado durante los últimos años. Si antaño un 30% de su dieta consistía en mamíferos marinos, arramblados en las costas chilenas, hoy ese porcentaje se ha reducido al 8%, fruto del uso intensivo de las costas por parte de los humanos. Lo que ha obligado a las aves a buscarse la vida en el otro lado de los Andes, en Argentina.

Allí la presencia de mamíferos terrestres es más amplia. Pero también les obliga a recorridos más largos. Siempre planeando.

Imagen: Jean Vella/Flickr

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