La alucinante "subasta loca" por un cuadro de Van Gogh que había pasado décadas oculto

La alucinante "subasta loca" por un cuadro de Van Gogh que había pasado décadas oculto
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Pocas veces sale a la venta una obra del pintor holandés Vincent Van Gogh, cuya producción ya está casi toda en manos públicas. La última subasta la protagonizó la pintura Escena de calle en Montmartre, la cual permaneció oculta 100 años. Se trata de un paisaje de Montmartre que el pintor retrató al poco de llegar a la capital francesa y que permaneció en una colección particular desde 1920. La primera impresión de quienes lo admiraron: "No parece un Van Gogh". En esta ocasión no había estrellas difuminadas en un cielo azul, ni girasoles luminosos. De no saber quién era el autor, cualquiera hubiera pensado que se trataba de un paisaje más de Montmartre pintado por la hornada de artistas que han campado por la famosa colina del Sacré Coeur desde hace un siglo.

Pero sí, lo era. Y los coleccionistas ya se frotaban las manos mientras los subastadores ponían fecha para el esperado evento. No siempre surge la oportunidad de hacerse con un van gogh de esta manera, y los compradores lo sabían. La venta, en Sotheby's, una de las casas de subastas más famosas de Reino Unido, donde se han subastado pinturas por millones de euros. Allí, el Van Gogh, un óleo de 46,1x 61,3 cm pintado entre febrero y marzo de 1887, esperaba a su nuevo dueño. Pues bien, la subasta en cuestión, bien podría haber sido un partido de la Champions: giros de guión no faltaron.

Tan importante era la venta que la encargada de las adjudicaciones (quien golpea el martillo) era Aurélie Vandevoorde, la directora del departamento “Impresionista y Moderno”. La subasta comenzó en 4 millones de euros (la estimación de la pieza era de entre 5 y 8 millones de euros). Tres compradores se disputaban el cuadro telefónicamente. Uno desde Nueva York, otro desde Hong Kong y otro en Londres. Las subastas se sucedieron durante diez minutos pasando de millón en millón, hasta que el hongkonés ya no se opuso a la puja del londinense que había subido un escalón más. En total, 13 millones de euros.

Ya creía acariciar la victoria cuando, inesperadamente, otro comprador entró en el terreno de juego por Internet, causando el furor de todos los espectadores, y ofreciendo 14 millones.

Aplausos en la sala, gritos de incredulidad de algunos periodistas y coleccionistas que asistían al acontecimiento. Los titulares ya estaban casi escritos. La subasta continuó con normalidad, vendiéndose otros lotes. Y entonces, de repente… Vandevoorde anunciaba que la venta del Van Gogh se reabriría al final de la subasta. ¿Qué había pasado? Un portavoz de Sotheby's confirmaba más tarde que esto se debía a un "error de la oferta" y se calificaba la subasta de "inválida". Tanto Nicolas Chow en Hong Kong y Samuel Valette en Londres, aquellos compradores que se había disputado el cuadro inicialmente, no podían creerlo, e iban a subirse al ring otra vez. Pero esta vez el tercer comprador online no estaba por ningún lado.

El valor de un secreto durante años

Al final, el representante de Londres acabó ganando al chino en una guerra de desgaste, de 50.000 euros en 50.000 euros, para poner punto y final a la batalla con una puja de 11.250.000 euros, o algo más de 13 millones con costes incluidos. Sotheby's aún no ha comentado nada sobre el incidente, calificándolo de "subasta no válida", pero ocurre, aunque rara vez a este nivel de precios.

Es lo que la ley francesa denomina una "subasta loca". El ganador renuncia repentinamente a su compra, que se vuelve a poner inmediatamente a la venta. ¿Por qué? Puede ser por muchas razones: el comprador puja por el lote equivocado y por lo tanto adquiere una obra que no deseaba comprar; se deja llevar por el juego de la subasta y no puede pagar la cantidad exigida; o se olvida de tener en cuenta el coste de las tarifas extras del comprador.

Vanghoh
(FT/Flickr)

Cuando un subastador se enfrenta a una "subasta loca", se consideran dos posibles soluciones: por un lado, el subastador puede intentar obtener el pago forzoso del comprador; por otro lado, puede optar por volver a poner en venta el lote. Pero eso no es todo, si se vende por menos que en la primera subasta, el postor "loco" debe pagar la diferencia. Así que aún queda ver si a nuestro comprador online desconocido le va a tocar abonar un millón de euros en el futuro por dicho infortunio.

Como sea, los vendedores, por fin, se quitan de las manos la pieza que llevaban ocultando años. Concretamente, quien ofreció a subastar la obra de arte es la misma familia que compró la obra en 1920, probablemente de uno de los artistas amigos de Van Gogh, o de Père Julien Tanguy, un vendedor de pinturas que le vendió materiales y también almacenó muchas de sus pinturas. A los empleados de Sotheby's no hay quien les saque media palabra sobre quién es el verdadero dueño. Todo lo que se sabe sobre la propiedad cabe en dos líneas: "Entre 1915 y 1920, el cuadro fue a parar a una colección particular. Uno de los descendientes de aquel comprador lo vendió al actual. Nunca se ha mostrado en público".

La historia de Escena de calle en Montmartre es poco conocida. En marzo de 1886, Vincent van Gogh llegaba sin avisar a París y se instalaba en casa de su hermano Théo que trabaja en una galería marchante. Un par de meses después, ambos se mudaban al 54 de la Rue de Lepic, entonces frontera informal entre el Montmartre urbano y el rural. "Es un apartamento bastante grande con una vista magnífica sobre la ciudad y las colinas. Con los efectos de las variaciones del cielo, hay para muchos cuadros", escribía Théo en una carta. Además, estaba a cinco minutos a pie de los tres molinos del emblemático barrio.

Entre febrero y marzo de 1887, Van Gogh pinta tres veces el más pequeño de los tres molinos. Tres vistas diferentes. Una está en el museo de arte del Carnegie Institute de Pittsburg, otra en el museo Van Gogh de Amsterdam. La tercera es la subastada en Sotheby’s. La que ha protagonizado un guión digno de una película de Hollywood. Me encantaría ver la cara del pintor si conociera las locuras que el ser humano ha llegado a hacer por sus pinturas. Aunque, pensándolo bien, también se decía que él mismo no era la persona más cuerda del mundo.

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