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Así se hizo el increíble truco óptico de esta película de los años 30 que parece totalmente digital

Así se hizo el increíble truco óptico de esta película de los años 30 que parece totalmente digital
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Quien crea que todos los efectos especiales de antaño se asemejaban a los que nos dejó Ed Wood en sus películas se equivoca. Mucho antes de la llegada de los ordenadores y del CGI ya se hacían virguerías técnicas para hacer que la fábrica de sueños pudiese ejercer su capacidad hipnótica a pleno rendimiento.

El truco más alucinante, inquietante y bello lo ha difundido en Twitter la cuenta Horror Losers‏, especializada en el cine de terror. En Sh! The Octopus, un híbrido entre thriller y comedia de 1937, puede observarse una transformación en tiempo real de una anciana a una bruja. El tono de su piel se oscurece, le crecen arrugas y verrugas, y su pelo pasa a ser demoníaco.

En un primer momento cualquiera de nosotros pensaría en dos posibilidades. Si fuese una película moderna todo esto serían retoques digitales. En el caso de ser algo genuinamente antiguo habría que haber hecho una progresión del gesto mediante multitud de cortes en los que podría haberse maquillado a la actriz. Pero viendo la fluidez de su expresión casi se borra por completo esa posibilidad. Esto parece haber sido realizado en una única toma.

Como descubre Josep Maria Sempere al poco de que el tuit empezara a moverse, la solución está en los trivias de la ficha de IMDB de la película. Se trata de un truco de maquillaje que había sido empleado anteriormente en el cine desde hacía más de una década, con la diferencia que en el caso de esta película de William C. McGann la transformación de la actriz Elspeth Dudgeon está realmente lograda (a cambio, la película es un cúmulo de errores de continuidad y problemas técnicos de otro tipo). Un efecto visual que causa terror de manera genuina.

Lo cuenta Horror Losers a continuación.

Es decir, que como has visto, es un truco que utiliza capas de color e iluminación, pero que sólo consigue funcionar en películas en blanco y negro debido a las lentes tintadas que, si se empleasen en una película actual, harían que toda la pantalla se pusiera roja o azul. Y si vieses al actor en carne y hueso notarías cómo las líneas que luego nos parecen terroríficas en pantalla (las ojeras, las líneas de la frente, etc) están pintadas con colores más fuertes que el resto del rostro. La luz roja no distingue entre las dos capas de maquillaje, pero cuando introduces el filtro azul crearás un enorme contraste.

Este es otro más de esos efectos especiales que hemos olvidado que estaban en los tiempo pretéritos del cinematógrafo, pero son muchos los trucos que le debemos a los maestros de un siglo atrás. Ya en 1895 se empleó el primer montaje mediante stop motion, por el que Thomas Edison nos hizo creer que se había decapitado a una mujer delante de la cámara. Georges Méliès hacía que sus actores fuesen sustituidos por esqueletos o que cambiasen abruptamente de tamaño mediante la perspectiva forzada. También fue capaz de filmar a los humanos en las profundidades marinas.

Y de propina, si te gustan mucho los viejos prodigios de la técnica arrinconados por la historia del séptimo arte, aquí te dejamos una cuenta de Tuiter que saciará tu necesidad periódica de raros descubrimientos fílmicos (y otras cosas así de guays en general).

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