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Bienvenido al Principado de Pontinha, la nación con más gatos que personas y un Jesús Gil de presidente

Bienvenido al Principado de Pontinha, la nación con más gatos que personas y un Jesús Gil de presidente
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Puede que el bizarrismo político europeo sea fuerte en Italia o Marbella, pero hoy, gracias al inmejorable descubrimiento que nos ha hecho Elena Amorós, hemos descubierto que Portugal puede no sólo no quedarse atrás, sino ofrecer sus propias historias dignas de los primeros puestos en el esperpento político.

La micronación a la que queremos prestarle atención hoy es al Principado de Pontinha o Principado da Pontinha. Se sitúa en la Isleta de Pontinha, en la costa sur de la isla de Madeira. Tiene una superficie de 178 metros cuadrados y 4 habitantes censados, exactamente su príncipe, su mujer y sus dos hijos. En el peñón viven más gatos que personas y no es una forma de hablar, es la realidad.

File0078 El Principado da Pontinha en su totalidad.

Pero que no te engañe su tamaño, su historia se remonta a cientos de años atrás. En 1419 dos navegantes desembarcaron aquí y construyeron el fuerte que constituye la actual nación, el Fuerte de San José. Fue ese emplazamiento el que quiso proteger en 1903 el rey Carlos I de Portugal, que por eso firmó un Decreto Real en el que reconoce la soberanía del territorio del Principato da Pontinha.

La vida en Pontinha: moneda virtual, pescado y energía todo el día

Es a ese documento al que se agarra Renato Barros, poseedor del fuerte desde que se lo comprara por 25.000 euros hace unos años a unos británicos, para justificar su soberanía. El 30 de noviembre de 2007 el Príncipe Renato Barros anuncia formalmente la secesión del gobierno luso. A partir de entonces sería una nación libre. Su página de Facebook tiene menos seguidores que la del blog de cupcakes de tu prima.

(El avance legislativo de Pontinha adelanta a Europa: ellos ya habían eliminado el roaming en 2015).

Pontinha ha tenido desde 2007 una vida tranquila, de transición entre el antiguo y el nuevo modelo. La moneda oficial es el Bitcoin, su príncipe ha asegurado que mantiene buenas relaciones con el gobierno brasileño, y asegura que si el principado es reconocido internacionalmente, se convertirá en una "puerta de entrada" a Europa.

("El valor no es la ausencia del miedo, sino el misterio del mismo". Buenas tardes).

En la actualidad la autodeterminación de Pontinha está siendo estudiada por la comunidad internacional, incluyendo las Naciones Unidas. Si se la conceden, el Principado ganará además 200 millas náuticas, algo que le vendría muy bien a la economía de la nación, ya que según su príncipe el país podría ser autosuficiente a nivel alimenticio gracias a la pesca del bacalao. Pontinha ya es autosuficiente en materia energética: un férreo control del gasto energético así como las instalaciones necesarias para abastecer a toda la población (es decir, una turbina eólica y un panel solar) producen lo justo y necesario.

Conociendo a Renato Barros, el gran tesoro oculto del cerro

Puede que este sitio sea un lugar especial, pero, como intuimos, más aún lo es su dirigente, Renato Barros o Renato II, tal y como indica su título (aunque nadie sabe de dónde viene lo de Segundo, ya que el peñón nunca conoció a Renato I). En las fotos oficiales de la región, Renato II posa para Pontinha y para los medios internacionales portando un capote dorado. Y sus declaraciones a prensa suelen ser tan majestuosas como podría esperarse de un auténtico príncipe, aunque lo sea de la micronación más pequeña del mundo. Aquí van algunas de sus aseveraciones:

Intenté buscar otros inversores que apoyaran mi iniciativa, pero todos pensaban que estaba loco y que comprar el Fuerte era simplemente pagar una pasta por un trozo de piedra: entonces era una pequeña cueva con una galería arriba del todo, sin electricidad o agua corriente. Así que puse en orden mi economía y lo compré. Por supuesto, mi mujer, mi familia, todos mis amigos... pensaban que estaba mal de la cabeza.

Cuando el Rey de Portugal vendió originalmente la isla en 1903 él y todos los mandatarios firmaron un documento que indicaba que estaban vendiendo "todas las posesiones y dominios" de la isla. Eso quiere decir que puedo hacer lo que me de la gana con Fuerte San Jos. La gente cree que puedes abrir un restaurante, un cine... pero no un país. Así que decidí hacer justamente eso: esto ya no iba a formar parte de Funchal, iba a ser mi propia isla del tamaño de una vivienda unifamiliar.

(Renato Barros reinterpretando la frase "ningún hombre es una isla").

La nueva etapa política del Principado de Pontinha

Pero la vida en el Principato da Pontinha podría cambiar para siempre. Desde hace cuatro días se ha convertido en el objetivo de las cámaras internacionales (al menos de las portuguesas): la nación acaba de aceptar en su seno a su primer preso político. Un diputado luso por el PTP llamado José Manuel Coelho se encontró en problemas por unas declaraciones realizadas en 2011 para el Diario de Noticias de Madeira contra uno de sus rivales, el abogado Garcia Pereira. Le tildó de “masón” y le acusó de pertenecer a la CIA.

Después de varias vueltas por los juzgados el pasado 30 de enero de 2017 el Tribunal de Relaciones de Lisboa ratificó su sentencia: un año de prisión efectiva por sus difamaciones. Coelho, indignado, pidió el asilo. Que Pontinha, es decir, Renato II, le concedió.

Y las imágenes del desembarco del exiliado son todo lo que de una historia así te podrías imaginar. Aquí te recomendamos que pongas los altavoces para no perderte el himno pontinhense.

Como nos señalaba Elena Amorós, Coelho no se corta y llama fascistas a todos los órganos del gobierno, a decir que son ladrones y a condenar sus mentiras. Pontinha así va ganando así densidad de población. En concreto, un 20% más de personas. Renato ha repartido ya el carnet 00005 del censo pontinhense.

Y a nosotros nos queda esperar para ver si después de este arriesgado movimiento político de la micronación se le complicarán las cosas en el panorama internacional o si, por el contrario, Portugal y el resto de países entienden este gesto como uno de contundente soberanía.

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