Colas y carreras para acceder a una parcelita de playa: el estrés de veranear en Torrevieja

Colas y carreras para acceder a una parcelita de playa: el estrés de veranear en Torrevieja
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El deseo mayoritario de la gente es que sus vacaciones sean un sinónimo de relax. No es así lo que ocurre desde hace años en la costa del alicantino municipio de Torrevieja, donde los veraneantes se enfrentan diariamente a una suerte de gymkana o pruebas de resistencia. Los vídeos de locos por la playa han circulado a sus anchas en Twitter en las últimas semanas, una suerte de pesadilla hobbesiana sobre la cárcel que supone el disfrute en la sociedad de masas.

Oro olímpico en acceso a playa. “Como en España apenas tenemos costa, la gente tiene que hacer cola para entrar en una playa de Torrevieja”, dicen los indignados. Con un sol que indica que estamos ya a unas horas bien entradas del día, una fila larguísima espera a su turno para acceder a las parcelas de arena acondicionadas en tiempos de covid. Ilusos, dicen: en el momento en el que un individuo agarra un hueco, no tiene ya motivos para soltarlos. El sentido de lo vacacional se pervierte así por las dinámicas de la escasez de disponibilidad. Si has atesorado una parcelita, se te quitan las ganas de dejar fluir tu movimiento porque luego no lo vas a poder recuperar, y por eso la gente se queda fija largas horas en su toalla.

Colas de día, colas de noche. ¿Qué hacer entonces para conseguir entrar en la playa? Madrugar muchas horas. Los hay que se plantan a las cuatro de la mañana. Otros, más “sensatos”, esperan desde las cinco y media. A partir de las siete y media “ni lo sueñes”, dicen los veteranos. Las imágenes de la apertura oficial de la playa, a las seis, devuelven igualmente colas para acceder al espacio. El Ayuntamiento ya ha dicho que no piensa hacer nada al respecto (de hecho, confía en la experiencia previa de los interesados). Hace años una norma informal decía que, si plantabas tu sombrilla en la arena de Torrevieja a las seis de la mañana, podías volver luego tranquilamente a las 11 a ese sitio que te habías procurado. Pero desde que empezó la pandemia está prohibido por los vigilantes de la costa. Es más, es sabido que hay carteristas que peinan la playa con sus prismáticos en busca de los incautos que abandonen sus bártulos por unos minutos para llevarse los enseres.

La playa del Cura es la principal afectada por este fenómeno. Es la más céntrica de Torrevieja, con apenas 375 metros de largo y poco más de 20 de ancho. Los oriundos dicen que es “literalmente, la peor playa de la ciudad. Hay playas y calas kilométricas en la misma Torrevieja y alrededores”, pero al ser “la más céntrica y la que menos oleaje tiene” explica su popularidad, sobre todo entre los ancianos. ¿Qué pasa cuando se acerca un novato? Lo que ocurre lo vemos en la entrada de la Playa del Cura en Tripadvisor. “Masificada” es la palabra que más se repite, la “suciedad” ocupa también bastantes comentarios, sus aguas son “turbias” y es imposible desconectar.

El modelo vacacional residencial. Estamos sólo parcialmente ante una situación delirante, porque tiene su explicación: el residencialismo. Además de ser, sobre el papel, el punto más pobre de la geografía española (aunque los técnicos de Hacienda dicen que habría que matizarlo, entre otras cosas por su economía sumergida), Torrevieja es uno de los poquísimos sitios de nuestro país donde el número de segundas residencias es mayor que el de primeras.

Los pisos del Un, dos, tres popularizaron el enclave, y las políticas de liberalización salvaje de suelo hicieron que la gente comprase su pisito de playa de forma masiva en los años ochenta. Pisos que eran muy baratos, pisos que creían en una interpretación creativa de la ley de costas. Hay cientos de miles de jubilados españoles que, en los meses de verano, viven ahí. Que están condenados a veranear allí, y su limitada movilidad hace que lo lógico sea pelear por entrar en la playa del Cura, a pesar del estrés. Las colas, cuentan en El Periódico, son el día a día de la realidad estival de Torrevieja: “las colas continúan durante la mañana en cualquier supermercado, en la puerta de los bancos, en las paradas de autobús, y en la tarde noche en las terrazas de las heladerías, en las pizzerías”.

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