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El cultivo de aguacates está salvando las finanzas de los granjeros africanos. Gracias, millennials

El cultivo de aguacates está salvando las finanzas de los granjeros africanos. Gracias, millennials
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Tanzanos y kenianos están de enhorabuena: sus países han sustituido en buena medida la producción de café por la de aguacate. Dejando pingües beneficios para los productores locales.

Y no, no sólo se lo están llevando los empresarios. el 70% de los cultivos de Kenia los dirigen pequeños agricultores. Como explica Reuters con un caso particular pero representativo, el de Steve Mbugua, el agricultor eliminó los árboles de café de sus fincas para meter en ellas árboles de aguacate ocho años atrás. Sus exportaciones de aguacates le generan ahora 4.000 dólares al año, diez veces más de lo que estaba haciendo antes con el café. En Kenia, por cierto, la agricultura emplea al 75% de las personas del país.

¿Por qué es una buenísima noticia para estos países africanos? porque muchos cultivos de estas zonas eran hasta ahora cafeteros y son productos que generan salarios del hambre. Aunque la demanda sigue aumentando, el precio de la libra de café pasó de valer 2.80 dólares en 2011 a 1.12 a día de hoy. Teniendo en cuenta que el 70% de los costes de la producción de café están vinculados al trabajo y que era la segunda exportación más importante de Kenia, negocio de 230 millones de dólares anuales, se hacen las cuentas. El aguacate está incrementando y distribuyendo la riqueza en Tanzania y Kenia.

Pero espera, ¿no eran malísimos los aguacates? Sí, durante su boom expansivo allá por 2015 la escasez de la oferta provocó muchos trastornos de explotaciones de suelo que deberían haberse protegido. También muchos medios se hicieron eco de denuncias ecologistas del impacto medioambiental de esta fruta de moda. En México, principal productor de aguacates mundial, ha provocado fuertes deforestaciones para dejar paso a estos cultivos (que además son muchas veces monocultivos, con los riesgos que ello implica). Los 1.500 kilómetros cuadrados de cultivo de estas pepitas negras ha provocado la destrucción de buena parte de los bosques de Michoacán.

Productos de moda y denuncias de moda. Los medios hablamos del producto millennial por excelencia, pero el daño ecológico que causa el aguacate no es distinto (en realidad menor) del que produce la producción de soja o maíz, aún más dependiente de regiones globales específicas.

Tampoco son tan dañinos como se ha dicho. Los mismos artículos que explicaban las consecuencias forestales de México comentaban que, al ser un producto que necesita de mucha agua, “el doble que un bosque bastante denso” o “el doble que el cultivo de naranjas”, está dejando consecuencias dañinas en el suelo. Pero para calcular el coste de agua habría que meter en la ecuación el valor calórico de cada distinto producto agrícola. La naranja tiene 45 calorías por 100 gramos, mientras que el aguacate son 160 calorías para los mismos gramos. Su coste, por tanto, no es mayor que el de otras exportaciones agrícolas cotidianas.

La difícil medida del comercio justo: la industria cafetalera, como muchas otras, está tirando los precios y destruyendo economías locales. Paradójicamente es una industria que opera bajo unas condiciones de comercio más vigiladas (le pasa también al chocolate) que otros productos, y se ha usado la falta de una regulación más firme del aguacate como el causante de la deforestación. En realidad, muchas de estas certificaciones no funcionan y no ayudan ni a erradicar la pobreza ni a salvar el medio ambiente, reinando casi exclusivamente la tiranía del precio más apurado.

Curiosamente, en este vaivén comercial, ahora mismo le está tocando ganar a los productores africanos.

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