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De qué va Cat Person, el relato de 7.000 palabras que está devorando todo Internet
Un mundo fascinante

De qué va Cat Person, el relato de 7.000 palabras que está devorando todo Internet

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El tiempo de permanencia de los lectores en un reportaje raramente sobrepasa los dos minutos. Tardarías más de 20 minutos en leer Cat Person (si sabes inglés, claro), y, de momento, lleva más de 100.000 compartidos sólo contando el post original del New Yorker. Es el relato más exitoso de todos los que han publicado a lo largo del año y se están escribiendo decenas de artículos sobre lo que esta ficción está suponiendo para mucha gente.

Para no interrumpir la lectura y por si no lo has leído, aquí te dejamos el original. Al final de este artículo también tienes, por si lo prefieres, la traducción de algunos pasajes seleccionados.

Qué cuenta Cat Person

Margot conoce a Robert, chatean durante un tiempo, tienen una cita para ir al cine llena de incidentes, con extraños intercambios que hacen pensar que el tipo bien sufre algún tipo de disfuncionalidad social o tiene un perfil de manipulador de baja intensidad. Acaban en el piso del chico y mantienen un polvo horrible donde se mezcla la falta de pericia de él y el conflicto interior de ella, una chica incapaz de salir de su papel de objeto de deseo.

Margot huye despavorida. Incapaz de cortar la relación, deja que una amiga mande un mensaje borde en su nombre y, después de que él la siguiese de improviso hasta los lugares que ella frecuenta, le manda por chat unos duros reproches de hombre despechado.

En su mínima expresión, la historia de una mala cita entre una veinteañera y un hombre de 34 años; yendo más allá, las desvirtuaciones que se producen en los contextos de cortejo por culpa de los roles de género, por nuestra incapacidad de salir de las convenciones que nos han marcado y que nos causan infinidad de microconflictos invisibles en cada interacción con el Otro.

Y qué está significando para la gente

Muchas lectoras y usuarias, alentadas por el despertar feminista que se está viviendo en las redes, subrayan la injusticia inherente de un sistema por el que la víctima final es esa mujer necesitada de una atención masculina que, en el fondo, no quiere pero le otorga a hombres inoperantes e incapaces de empatizar con la mujer, mucho menos contemplar los deseos que ella pueda tener.

El relato habla, según algunos analistas, de la violencia que desprende una diferencia sexual y afectiva por la que ellos asumen que deben ser saciados y ellas deben cumplir con ese deber.

Al hilo de esto han salido miles de mujeres de todas partes sintiéndose identificadas especialmente por una dimensión del texto: la chica hace todo el trabajo emocional del cortejo manteniendo constantemente a flote el frágil ego del protagonista, colocándose a sí misma como sujeto siempre humilde y solícito cuando él no da ninguna muestra de reciprocidad. “De esos mecanismos (que ocurren, silentes, frente a vosotros) no sabéis nada”, que han dicho.

“No tenía ni idea de lo universales que son estas emociones para las mujeres” es también una frase que se repite.

Al otro lado, bastantes usuarios heridos por un relato que les ataca como colectivo. Que de alguna manera les ha tenido que interpelar como individuos, ya que muchos han expresado su miedo a convertirse (o haber sido) Robert mientras que otros, haciendo oídos sordos, redimen al tipo protagonista que no ven como un sociópata sino como la verdadera víctima de las manipulaciones de una chica que se cree superior sólo por tener mejores habilidades sexuales.

Y este es el poder de seducción y, probablemente, la causa del éxito viral que ha vivido Cat Person, un relato polisémico que nos suena a todos de algo, que nos enfrenta (para bien y para mal) a nosotros mismos y que habla de uno de los temas que más nos duele como sociedad ahora mismo.

Hemos llegado hasta aquí sin hablar de su autora. Kristen Roupenian, una joven escritora desconocida hasta hace dos días a punto de publicar su primera novela y que se ha topado súbitamente con el estrellato. Roupenian, de 36 años, escribió un primer borrador del texto en un arranque febril de creatividad. Dejó supurar los temas que le han interesado en los últimos tiempos (sexo, consentimiento, poder) sobre el esqueleto de la historia: una reciente experiencia amorosa propia que había acabado terriblemente mal y que trasladó a la ficción.

La escritora apunta a que las lecturas que han hecho de Cat Person tantas mujeres en la red son acertadas. También, en parte, las de los hombres. El texto no debería leerse sobre una simple guerra de sexos. Como ejemplo, un extracto de la entrevista que le hicieron después de que saliese la publicación:

Bueno, siento una gran simpatía hacia Margot, pero al mismo tiempo me frustra: ella es tan rápido a la hora de leer a Robert, en creer que le comprende y en interpretar su comportamiento de una forma que la halaga. Creo que es revelador que el momento de satisfacción sexual más puro que experimenta en la historia es cuando se imagina lo que Robert ve cuando la mira: Margot está seducida por la visión que ha creado de sí misma, de una criatura perfecta, hermosa y joven. Gran parte de las citas conllevan esta intersección entre la empatía y el narcisismo: tejer una narrativa completa a partir de una pequeña cantidad de información sobre el otro y luego, después de haber creado un relato convincente sobre alguien, te enamoras de lo que has creado.

Roupenian también se acuerda de una cita de Margaret Atwood: "los hombres tienen miedo de que las mujeres se rían de ellos. Las mujeres tienen miedo de que los hombres las maten".

Así es Cat Person (en castellano)

Cat Person 1

A partir de aquel pequeño intercambio sobre Red Vines construyeron un elaborado entramado de chistes vía chat durante las siguientes semanas. Él demostró ser muy inteligente, con lo que ella comprendió que iba a tener que trabajárselo para impresionarle. Al poco tiempo se dio cuenta de que cuando le mandaba un mensaje él respondía de inmediato, pero si ella tardaba unas pocas horas en responder su siguiente mensaje era escueto y no añadía ninguna pregunta, por lo que ella tenía que reiniciar la conversación, cosa que siempre hizo.

[...]

Margot rió todas las bromas que Robert hizo a expensas de la versión cinéfila-snob imaginaria que él se había formado sobre ella, aunque esos comentarios no le parecieron justos, ya que, en realidad, quien realmente había sugerido ver aquella película sobre el Holocausto en el Quality 16 había sido él. [...] Ella le hizo muchas preguntas acerca de las películas que le gustaban, y habló con desprecio de las que se exhibían en las salas artys y que le resultaban aburridas o incomprensibles. [...] El efecto que esto causaba en él era inmediato y palpable, y ella se sintió como si estuviera acariciando a un animal grande y asustadizo, como un caballo o un oso, persuadiéndolo hábilmente para que comiera de su mano.

[...]

Entonces la beso en los labios con determinación. Se movió hacia ella con una especie de vaivén y básicamente vertió su lengua por su garganta. Fue un beso malo, terriblemente malo; Margot tuvo problemas para procesar que un hombre adulto pudiera ser tan malo besando. Era algo espantoso, pero de alguna manera también le despertó un sentimiento de renovada ternura hacia él; la sensación de que, a pesar de ser más viejo que ella, ella sabía algo que él desconocía.

[...]

Al verlo así, torpemente inclinado sobre su tripa gorda y suave y cubierta de pelo, Margot se arrepintió del todo. Pero pensar en el esfuerzo que habría que hacer para detener lo que había puesto en marcha era demasiado. Requeriría una cantidad de tacto y dulzura que se sentía incapaz de reunir. No es que tuviese miedo de que él la fuese a forzar a hacer algo en contra de su voluntad. Pensó que insistir en pararlo ahora, después de todo lo que ella había hecho para llegar a esta situación, la haría parecer mimada y caprichosa, como si hubiese pedido un plato en un restaurante y después, una vez servido, hubiese cambiado de opinión y pidiese ahora que lo mandasen de vuelta a la cocina.

[...]

Durante el polvo la colocó en distintas posiciones con brusca eficiencia, girándola y empujándola, y se sintió como una muñeca otra vez, tal y como se había sentido a la salida del 7-Eleven, aunque ahora no era una muñeca preciosa sino una hecha de goma, flexible y resistente, parte del decorado de la película que se estaba proyectando en su cabeza. Cuando ella se puso arriba él le dio una palmada en el muslo y le dijo: "Sí, sí, esto te gusta", con una entonación con la que era imposible comprender si lo decía como pregunta, observación u orden, y cuando le dio la vuelta y le espetó al oído: "Siempre quise follarme a una tía con buenas tetas", tuvo que ahogar su cara en la almohada para no reírse otra vez. Al final, cuando él estaba encima de ella en la postura del misionero, siguió perdiendo su erección, y cada vez que ocurría decía agresivamente: "Me pones la polla durísima", como si al mentir esto pudiera hacerse realidad.

[...]

Hola Margot, te vi esta noche en el bar. Sé que dijiste que no te escribiera pero sólo quería que supieses que estabas muy guapa. ¡Espero que te esté yendo bien!

Sé que no debría decir esto pero te echo mucho de menos.

Ey igual no tengo el derecho a preguntar pero me gudtaría saber qué hice mak

Mal

Sentí que teníamos una conexión real no lo sentías así tú o . . .

Igual era demasiado mayor xa ti o puede que te guste alguien mas

El chico con el que estabas era tu novio

???

O solo es un tío al que te follas

Sorry

Cuando te riste cundo te pregunté si eras virgen es porq te has follado a muchísimos tios

Te estás follando a ese tio ahora mismo

Si o no

Si o no

Si o no

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Puta

Ilustración | Franxurio

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