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Dentro de Fukushima: así es la vida en los alrededores de la central cuatro años después

Dentro de Fukushima: así es la vida en los alrededores de la central cuatro años después
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Hemos oído, leído y visto gran cantidad de programas, artículos y documentales sobre el accidente de Chernóbil y sus fatales consecuencias, ¿pero qué hay de Fukushima? Tan sólo han pasado cuatro años desde el tsunami que se llevó por delante a la central de Fukushima Daiichi, provocando el segundo mayor accidente nuclear de la historia tras el de Chernóbil. Su relato post-apocalíptico, al contrario que el ucraniano, aún está por crear. Pero poco a poco sabemos más de él.

De forma inmediata al accidente, el Gobierno de Japón ordenó establecer una zona de exclusión total en los primeros 20 kilómetros a la redonda de la central nuclear. El nivel de contaminación, al igual que en Chernóbil, fue alto, y el acceso a la planta se restringió de forma progresiva en los alrededores. Hoy, visitar Fukushima es factible, pero aún existen limitaciones. La "zona roja", la más cercana a la antigua central nuclear, continúa vedada a todo el público, incluidos residentes, a no ser que obtengan un permiso especial. El nivel de contaminación es aún demasiado alto.

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Como ya vimos, en Chernóbil existen semejantes medidas. A diferencia de Fukushima, sin embargo, la planta ucraniana sufrió el accidente hace más de treinta años, de modo que el paisaje de su alrededor, una vez el ser humano se ha marchado, es salvaje, decadente y fascinante. Hace poco hablamos de ello: gracias a la ausencia de humanos, los mamíferos se han hecho con el control de la zona, y las poblaciones de osos, lobos o ciervos viven una explosión demográfixa excepcional.

El reportaje de Podniesinski es excepcional, en tanto que es único: nadie había fotografiado la zona roja de Fukushima, la de mayor exclusión y restricción, con tanto detalle

Las imágenes sobre Fukushima, por la cercanía del accidente, aún nos eran esquivas. Eso se ha terminado. En lo relativo a retratar lugares abandonados, el nombre del momento es Arkadiusz Podniesinski, fotógrafo polaco que ha logrado acceder a la zona roja de Fukushima, la de mayor restricción de acceso, y ha inmortalizado el estado dejado, tomado por la naturaleza y olvidado de sus alrededores, incluidas sus gentes. Su reportaje completo es excepcional, en tanto que es único.

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Podniesinski ya había viajado en varias ocasiones a Chernóbil, ofreciendo fascinantes vídeos y galerías fotográficas, además de otros rincones olvidados del planeta (como Kolmanskop).

¿Y qué ha sido de Fukushima en estos cuatro años? Las semejanzas con Chernóbil son evidentes: tiendas abandonadas; plantas tomando paredes, aceras, edificios; coches dejados a su suerte en el mismo lugar en el que estaban en 2011; y un control total por parte del gobierno nipón del área, cuyo proceso de desinfección dura ya casi un lustro. Un detalle singular: los operarios identifican trozos de suelo altamente contaminados, los extraen y los apilan en enormes sacos negros. Hay decenas de miles de ellos y, desde el aire, resultan impresionantes (Podniesinski ha utilizado un drone).

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En este vídeo (hay subtítulos), Podniesinski explica por qué decidió acudir a Fukushima y qué se encontró allí, una vez llegó. El reportaje en su web es amplio (en inglés), y cuenta con testimonios de granjeros y habitantes locales que se resisten a abandonar sus hogares (también sucedió en Pripyat). Fukushima se convierte poco a poco en un lugar olvidado y prohibido, pero a costa de miles de personas que tuvieron que abandonar sus hogares y sus vidas entre la radiación.

Más vídeos e imágenes sobre Fukushima

Hay más documentos al margen de Podniesisnki, claro, dado que no ha sido el único fotógrafo o periodista acreditado dentro de la zona de mayor exclusividad de Fukushima. Hace un año, por ejemplo, Mies O'Brien, reportero de PBS News Hour, acudió al mismo epicentro del accidente: la central nuclear. Su reportaje se centra menos en el abandono de los alrededores como en el estado de conservación del complejo y su viabilidad como central nuclear. Es largo, de media hora, pero muy interesante. Merece la pena recordar que Chernóbil continuó funcionando hasta el siglo XXI.

The Daily Telegraph también tuvo se adentró en la zona de exclusión. En su caso, el reportaje se centra en la vida del único hombre que, dos años después del siniestro, continuaba viviendo dentro de la zona roja: Naoto Matsumara. Matsumara rechazó la posibilidad de abandonar su hogar, y vive en absoluta soledad, en un entorno altamente contaminado por la radiación. Aparece también en el reportaje de Podniesisnki. Es granjero. Sus motivos para quedarse: salvar a sus animales.

Aunque la zona roja de la central nuclear es la más inaccesible y, por tanto, fascinante, hay otros documentos gráficos que arrojan luz sobre el estado general en el que la provincia de Fukushima quedó tras el accidente. Tomioka, por ejemplo, es una ciudad cercana sobre la que se ha levantado la prohibición de forma progresiva, aunque no total. Se puede visitar con mayor facilidad y algunos residentes han tenido la oportunidad de volver. Este vídeo de Hexa Media utiliza un drone, tres años después, para sobrevolar la silenciosa, solitaria ciudad, ahora carente de vida.

Más personajes: este otro reportaje de Al Jazeera, realizado por Matthew Allard, narra la vida de Shohei Yoshida, uno de los trabajadores de la central nuclear de Fukushima. Tras el terremoto y tsunami, Yoshida, al igual que muchos colegas, tuvo que enfrentarse a una realidad nueva, pero de la que tampoco podía huir. Continúa trabajando para TEPCO en un lugar que aún libera millones de materiales radiactivos al día. Es su puesto laboral y su familia depende de él.

Por último, un proyecto singular donde también podemos observar parte del abandono y la decadencia a la que el área de Fukushima se ha visto condenada. The Creators Project se asoma al proyecto de ChimPom, un colectivo artístico japonés que se dedica a construir una serie de esculturas e instalaciones artísticas conmemorativas repartidas por toda la zona de exclusión. El proyecto se llama "No sigas el viento", y busca narrar las devastadoras consecuencias del desastre.

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