Durante años se ha contado que un niño descubrió la tumba de Tutankamón. Es una leyenda que hemos querido creer

Durante años se ha contado que un niño descubrió la tumba de Tutankamón. Es una leyenda que hemos querido creer
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La historia no sólo la escriben los vencedores, sino también esos a quienes identificamos como fuente autorizada. Los interesados, la prensa e incluso la plausibilidad de un relato, que cambia con los tiempos.

Durante años se pensó que el importantísimo hallazgo de la tumba de Tutankamón lo hizo Howard Carter. No cabe ninguna duda de que fue él uno de los principales impulsores de la arqueología, así como el líder de las excavaciones en el Valle de los Reyes, frente a Luxor. Tampoco que fue este británico el que comandaba a la expedición aquel 4 de noviembre de 1922, cuando se encontró el yacimiento que cambiaría la egiptología para siempre.

Pero el tiempo ha querido ir dando una nueva interpretación de los hechos. Puede encontrarse en la mayoría de fuentes actuales, también oficiales, una adenda al relato originario. Se nos cuenta que una buena mañana el niño que llevaba tinajas de agua al equipo se tropezó con una piedra que resultó ser el comienzo de una escalinata. Según algunos estaba jugando y según otros removiendo la arena. Al descubrir lo que parecía un material moldeado por la mano del hombre, tapó la roca y fue corriendo a buscar a Carter para llevarse todo el mérito.

Así, una y otra vez en los últimos tiempos, la película ha cambiado: no fue un británico y, en parte, fuerza colonizadora, la que halló los restos del ”niño faraón”, sino un niño autóctono por un golpe de suerte. La historia de la arqueología egipcia está preñada de raptos de dudosa legitimidad y la mitad del patrimonio de aquellas tierras se guarda bajo llave en el museo Británico. Devolverle el mérito del descubrimiento al pueblo egipcio a través del niño aguador no sólo parece plausible, sino una reparación histórica.

La anécdota que ocurrió en 1922 (y de la que no se habló hasta 1978)

A esta versión contribuye también la familia de Hussein Abd el-Rassul, el que se cree el legítimo niño de las tinajas que trabajó mano a mano con Carter en 1922. Este Sheikh ha posado en alguna ocasión junto al retrato de un niño que viste el famoso collar de Tutankamón, una cadena a juego de oro deslumbrante montada con cinco escarabajos de lapislázuli e incrustaciones de cornalina, turquesa, feldespato y vidrio. Su valor es, por supuesto, incalculable.

Screenshot 2
Famoso retrato de Harry Burton en 1926 al ya conocido como "niño aguador".

La fotografía sí se sabe que fue hecha por Harry Burton a finales de 1926 o principios del año nuevo y que se publicó en una revista inglesa un año después. Sheikh Hussein falleció a finales de los años 90, y sí se ha identificado como el niño que se hizo la foto del collar. ¿Por qué le dejarían hacerse la fotografía con tan preciada pieza? Como premio por haber encontrado los escalones de la tumba, naturalmente. De acuerdo, pero, ¿por qué se harían una foto cuatro años después de encontrar el escalón? ¿Por qué la edad que aparenta el niño de la foto no encaja con la que se supone que tenía Hussein en el momento de tomarse la fotografía?

El problema es que Hussein nunca ha afirmado (o desmentido) ser él el famoso niño aguador que encontró el escalón. Y lo más extraño de todo: en ningún escrito de la época de Carter, ni en su diario, ni en una carta ni por ningún lado se encuentra la alusión al famoso niño de la tinaja. Lo que puede leerse en su cuaderno de viaje es lo siguiente:

Apenas había llegado a mi puesto al día siguiente me llamó la atención el inusual silencio que nos rodeaba, pues la gente había dejado de trabajar. Me di cuenta de que había sucedido algo extraordinario... Debajo de la primera cabaña que abordamos se descubrió un paso cortado en la roca. Parecía demasiado bueno para ser verdad, pero al añadir un poco de luz se reveló que estábamos en la entrada de un corte empinado en la roca….

“Se descubrió”, dijo el investigador, en un fragmento que igualmente ha traído de cabeza a los estudiosos del asunto por dudar de la verosimilitud de la fecha.

Pero es igual: si no aparece aquí el famoso niño, ¿de dónde sale esta anécdota? Para lo siguiente nos vamos a basar ampliamente en los escritos facilitados por Nacho Ares, escritor y egiptólogo que trabaja para Ser Historia, y Christina Riggs, igualmente historiadora y egiptóloga que trabaja en la Universidad de Durham. En ambos casos no le conceden la más mínima legitimidad a la versión del niño aguador, o, mejor dicho, no con los datos de los que disponemos en este momento.

Hussein

La primera versión escrita del niño aventurero aparece en el libro Tutankhamun: The Untold Story, de 1978 y escrita por Thomas Hoving. Hoving era por aquel entonces el “cuentista y controvertido” director del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. El libro, que fue un superventas, se escribió para promocionar las exposiciones de los restos arqueológicos que tuvieron lugar en esos años en EEUU. Tanto la exposición (siete millones de visitantes) como el libro tuvieron tal impacto que fueron también los responsables de la tutmanía en la que entró el país. Para el libro, el director del museo tuvo acceso a unas memorias inéditas de Lee Keedick, el agente de Carter en Norteamérica en los años 20. Keedick dijo que Carter solamente le había confesado a él la realidad de lo que pasó, y que en privado le contó que fue el niño quien encontró aquel escalón. El pasaje de la confesión es, hay que decirlo, bastante florido.

Una leyenda que interesa mantener viva a múltiples partes

Da la casualidad, además, de que los herederos de Hussein siguen viviendo a la orilla oeste del Nilo en Luxor y regentan una cafetería y casa-museo cerca del Templo de Ramesseum. Lo que se homenajea en ese centro interesante para los turistas que pasan por allí es el descubrimiento de su antepasado Hussein Abd el-Rassul. Hussein era, y esto sí parece confirmado, el hijo de uno de los cuatro rais (o capataces) que trabajaban a las órdenes de Carten en la búsqueda de la tumba de Tutankamón. Hoy en el café pueden verse las paredes empapeladas de recortes de prensa de diferentes épocas entrevistando a Hussein así como la famosa fotografía del niño con el amuleto real. En esas mismas entrevistas, curiosamente, Hussein sólo habla de cómo se hizo la foto, no de que fuese una recompensa por haber encontrado la tumba.

Otra de las cosas que puede leerse por ahí es que Carter, en sus conferencias presentando su trabajo en la excavación, habría contado la anécdota del niño aguador ya en los años 20. Hay dudas sobre la existencia de algún artículo periodístico que haga alusión a este hecho en aquel período, o, incluso, de haber sido así, si no habría sido una nota de color de Carter para endulzar el hecho. Ya se había pillado en el pasado a Carter inventando simpáticas atribuciones de importantes descubrimientos a un burro y a un canario suyo.

Es interesante el proceso de indagación sobre los hechos de Francine Marie David, una escritora y fotoperiodista suiza que estuvo casada durante un tiempo con uno de los nietos de Hussein. Tras preguntar a la familia, uno de los Hussein le cuenta que Carter dijo la anécdota en 1924, sin embargo la fuente que usa como referencia para acreditar esta información es la edición germana del libro de Hoving, donde Carter se lo habría contado a su agente publicitario en privado, no en público.

¿Qué tiene de interesante todo esto? ¿Qué necesidad hay de desmontar una inocente fábula sobre un niño aguador que no molesta a nadie? Aparte del evidente interés por preservar el rigor histórico, para Christina Riggs hay algo más interesante detrás de todo esto:

¿Por qué la egiptología tiende a atribuir el mérito de los "descubrimientos" únicamente a los egipcios si estos son niños o los llamados ladrones de tumbas? En la breve lista de descubrimientos arqueológicos que no han sido atribuidos a hombres blancos, los cuadrúpedos aparecen con la misma frecuencia [que los propios egipcios]. No puedo evitar preguntarme si un niño fotogénico parece la forma "segura" de reconocer, y luego ignorar, la desesperada necesidad de tenemos en nuestro ámbito de introducir voces diversas y enfoques descolonizadores a nuestras investigaciones. Me parece que lo más importante aquí no es si estas historias y sus fotografías son verificables o "verdad", sino por qué queremos creerlas y difundirlas ahora.

El “niño de la tinaja” es un fenómeno en Google en constante crecimiento desde 2014 o 2015, parte ya asentada de las entradas sobre Tutankamón en la prestigiosa revista Smithsonian y en libros académicos en Reino Unido y Estados Unidos. También habrá que pensar hasta qué punto no se ha ganado ya Hussein Abd el-Rassul por derecho propio un apéndice legendario en uno de los pedazos de la historia más envueltos en misterios y fábulas de toda la Humanidad.

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