Un efecto positivo del confinamiento: los suicidios han caído en Japón un 20%

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Se trata de un tema nacional de primer orden. A principios de los 2000 el país llegó a cifrar en 34.000 las personas que cada año se quitaban la vida, y desde 2007 los sucesivos gobiernos lo han tratado como lo que es, un drama a paliar que necesitará de definir y erradicar las conductas culturales que hacen que sus ciudadanos se suiciden más que en la mayoría de regiones del mundo (a día de hoy son el décimocuarto país con el índice más alto, ganando Lituania, Rusia y Corea del Sur además de otros países subdesarrollados).

El suicidio es algo tan arraigado en su identidad tanto dentro como fuera de sus fronteras que por todos es conocido el mito de Aokigahara, el bosque al que la gente va a morir.

El virus que sofocó la desesperanza de cientos de personas. Ese abrupto contratiempo de la vida tal y como la conocíamos llamado coronavirus ha ayudado sin querer a que puedan definir mejor las causas del fenómeno y a cómo acabar con él. El país entró en confinamiento a mediados de abril. El Estado, en repliegue, limitó el número de horas del personal del teléfono de la esperanza, lo que les hizo temer que aumentarían los casos. Todo lo contrario: con las cifras de este mes ya en mano han descubierto que abril de 2020 ha contado con un 20% menos de suicidios que el mismo mes del año anterior, de 1.814 a 1.455 víctimas, 359 menos.

Las vidas salvadas no se concentran donde podía parecer. El tópico nos hace pensar en esos oficinistas grises que han tenido que dejar de ir a la oficina y han podido pasar tiempo en sus casas con sus familias. Sabemos que es una cultura en la que se fomenta un trabajo extenuante y unas jornadas larguísimas. Los expertos creen que el ahorro de las dos horas de traslado diarias al trabajo de muchos de estos trabajadores habrá influido en la positiva estadística, pero el beneficio máximo estaba en otro lado: los adolescentes.

En los últimos tiempos el aumento de suicidios se ha concentrado entre los jóvenes, siendo ya la principal causa de muerte de este grupo demográfico tanto por los efectos del bullying como por la enorme presión que la sociedad coloca en estos jóvenes para encajar en un modelo de vida que se va haciendo materialmente cada vez más difícil. Abril es el mes en el que empieza el curso académico, a partir de ese dato no hay que hacer muchos cálculos más.

Por supuesto, la cifra no compensa: esta reducción de una de las causas de muertes más importantes del país sigue sin resarcir del drama del Covid-19. En dos meses llevan registradas oficialmente 16.100 muertes. A finales de abril morían cada día entre 300 y 400 personas diarias, lo ganado en todo este mes de confinamiento con su inferior registro de suicidios. Los nipones tampoco se atreverían a levantar la cabeza con orgullo, ya que, como bien conocen por experiencia, las crisis económicas del país llevan a que más gente se quite la vida y todo indica que podrían entrar en una.

Las otras vidas salvadas: según el teléfono de emergencias de Madrid, se han producido aproximadamente diez veces menos de llamadas por intoxicaciones etílicas, nueve veces menos por accidentes de tráfico, la mitad de agresiones y un largo etcétera comparado con el año pasado. California ha constatado que se han producido la mitad de accidentes automovilísticos. Según unos investigadores, se podrían haber prevenido 1.700 muertes prematuras en Reino Unido y otras 2.000 en Alemania por contaminación atmosférica en el mes que se han pasado en cuarentena.

En todos los casos son cifras que no indemnizan el coste de la actual pandemia mundial, pero que sí son experimentos sociales involuntarios que deben tenerse en cuenta para cuando queramos pensar en qué mundo queremos construir una vez salgamos de esto.

Foto: @arith

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