En la India tienen un plan para evitar la extinción de lo rinocerontes: matar a los cazadores furtivos

En la India tienen un plan para evitar la extinción de lo rinocerontes: matar a los cazadores furtivos
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¿Estarías dispuesto a matar personas por la preservación de una especie animal en peligro de extinción?

Puede que muchos de nosotros dudásemos mucho en apoyar una afirmación así, pero el gobierno indio lo tiene claro: ahora mismo son más importantes los rinocerontes que los cazadores. Y eso están demostrando en el parque de Kaziranga, en el corazón del Estado de Assam.

Primero, la parte positiva. El parque, declarado zona protegida desde 1904, empezó un plan de conservación de los rinocerontes indios de esta excepcional zona de la India septentrional. Entonces sólo contaban con unos pocos ejemplares. A lo largo de los años las medidas fueron siendo más y más estrictas en cuanto a la protección de Kaziranga, y ahora pastan por sus tierras más de 2.400 animales de esta especie, según datos de mayo de 2015.

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Cuerno de rinoceronte, el elixir del mercado negro

Sólo en esta zona se conservan dos tercios de todos los rinocerontes indios del mundo, y el riesgo de extinción habría sido muy muy alto de no haber hecho este parque su labor de repoblación. Desde hace tiempo los rinocerontes, como lo han sido siempre los tigres, son también un símbolo nacional.

Ahora bien, el cuerno de rinoceronte indio es uno de los productos más cotizados del mundo, sobre todo en diversas regiones asiáticas, donde se machaca y se utiliza con fines medicinales y afrodisiacos en diversas recetas de medicina tradicional. Según los creyentes de Vietnam o China, este elemento es tan poderoso que puede curar el cáncer o la disfunción eréctil. Vale casi para todo.

Cien gramos de cuerno de rinoceronte se te pueden poner sin problemas en 6.500 dólares, y es un precio muchísimo más alto que el oro. Si encima resulta que hay un pequeño espacio en el mundo donde la concentración de este animal es altísima… Sí, como puedes imaginar, el parque de Kaziranga se convirtió en el objetivo de todas las miradas de los cazadores furtivos en cuanto la población de rinocerontes empezó a crecer.

sdf Fragmento de la normativa del parque.

Cuando el crimen ambiental justifica los medios

De ahí que el Gobierno acreditase en los años 80 medidas de protección especialmente altas de la especie. Pero cuando en 2013, uno de los picos poblacionales del animal, murieron más de 27 ejemplares a manos de los cazadores, los políticos locales y el director del parque, M. K. Yadava, protestaron. No se ponía en riesgo únicamente a la especie, también la credibilidad del parque, el punto turístico más importante de la zona, con casi 200.000 turistas anuales.

Yadava envió una propuesta de plan de actuación al Gobierno central. El regente defendía que “los crímenes ambientales”, incluyendo la caza furtiva, podían ser “más graves que el asesinato” para el ecosistema. “Los cazadores erosionan en silencio la raíz misma de la existencia de todas las civilizaciones en esta tierra".

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Los vigilantes del parque tendrían permiso para matar a todos los transeúntes no autorizados del parque después de que rechazasen la orden de salida del recinto inmediata. El Gobierno central, lavándose las manos, aceptó la medida. En los últimos cuatro años han muerto 89 personas interceptadas por los guardias. Y aquí empiezan los problemas.

Los asesinatos que apoya la WWF

Al parecer, la protección del parque, que recae en los guardias, no está lo suficientemente controlada, y los vigilantes actúan con una impunidad similar a la de los soldados en zona de guerra. “Siempre que ves a furtivos, o a cualquier persona durante la noche, tenemos órdenes de dispararlos”, dice un empleado que cuenta con un equipamiento puntero gracias a la ayuda del Fondo Mundial para la Naturaleza o WWF.

Mientras que los guardas, al reportar una muerte, siempre indican que se trataba de un auténtico cazador o alguien que se negaba a acreditarse y marchar, vecinos de la zona dicen que han asesinado y herido a decenas de caminantes que nada tenían que ver con la caza de rinocerontes.

Snip 20170301135114 Uno de los niños que viven en la periferia y que fue disparado en una pierna por los guardias.

Según datos del parque, entre 2013 y 2015 sólo se procesaron a dos malhechores por caza furtiva, unos datos que contrastan con la facilidad de gatillo que parecen tener los guardas. Aunque el parque se escuda en la virulencia de los asaltantes, las cifras no certifican ese gran riesgo. En los últimos 20 años sólo un guarda ha muerto a manos de los cazadores, mientras que el personal de Kaziranga se ha llevado en ese mismo período 106 vidas.

El parque no está vallado, con lo que el límite de las instalaciones podría no estar claro para todo el mundo. Y de entre los asesinatos extrajudiciales, a los locales les dolió especialmente la muerte del hijo menor de una de las familias autóctonas, con una discapacidad física que no le permitía levantar los brazos. Los agentes le debieron pedir que lo hiciera, y en vista de su falta de respuesta le pegaron un tiro, tal y como cuentan los padres a la BBC.

El director de Survival International, Stephen Corry, hizo unas declaraciones sobre el asunto después de hablar largamente con las personas de la zona.

Las organizaciones conservacionistas, WWF incluida, están apoyando un modelo de conservación que ocasionan grandes abusos de los derechos humanos. Están aoyando políticas que sustentan ejecuciones extrajudiciales. La conservación de la naturaleza siempre se ha respaldado en una imagen pública muy positiva mientras escondía ataques continuados sobre los derechos de pueblos indígenas y tribales, y es hora de que los conservacionistas trabajen mano a mano con los pueblos indígenas, los verdaderos protectores y guardianes del mundo natural.

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Sí, Kaziranga es un ejemplo de éxito de conservación de animales que tal vez de otra manera ahora mismo tendrían una población en niveles precarios. No sólo rinocerontes, el parque también cuida de las poblaciones de elefantes, tigres y diversas aves. Pero ahora mismo, en un punto en el que anualmente están muriendo más humanos a manos de los guardas que rinocerontes a manos de cazadores, el recinto lo tiene difícil para seguir justificando sus acciones en nombre de la preservación de la naturaleza.

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