Los estadounidenses se han reído de que no usemos secadoras. Es el mejor ejemplo del fracaso de su modelo

Los estadounidenses se han reído de que no usemos secadoras. Es el mejor ejemplo del fracaso de su modelo
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Hay días en los que da la sensación de que hay personas detrás de cuentas de Twitter que en realidad no son personas, son entes concebidos por fuerzas divinas cuya única función es entretenerte a ti. A ti y a media España, en este caso.

La discusión: Josh Barro es un periodista y tertuliano estadounidense, columnista también en el periódico económico Business Insider. Josh Barro habla habitualmente de reformas fiscales y los últimos movimientos de grandes corporaciones, aunque también tiene espacio semanal para juzgar pequeños hábitos de nuestro comportamiento diario, como si bebemos en copas de vino demasiado grandes o si las barbacoas son un aparejo poco higiénico. Ayer tuvo la mala fortuna de opinar, burlarse más bien, de un comportamiento europeo. “¿Ves? Esto es algo que encuentro adorable de Europa, todos esos minúsculos países en plan, ‘mírame, tengo un PIB per cápita envidiable’, y luego resulta que allí nadie posee una secadora. Son increíbles”.

Bienvenido a tu peor pesadilla. En sus siguientes tuits, Barro intenta justificar un poco mejor su crítica. Dice que es ridículo el argumento típico del viejo continente de que, si lavas en modo extra seco, luego la ropa se seca en seguida, y aporta un extra: “que sepáis que en Europa llueve mucho todo el tiempo”. Todo su alegato inicial era, recordemos, una crítica al retraso tecnológico y social del continente frente al mucho más civilizado modo de vida norteamericano.

"Sorry, I don’t speak schoolshooting": Sin saberlo, Barro ha conseguido más en 24 horas por la consolidación del espíritu fraternal europeo que decenas de años de programas Erasmus. Los paladines del modo de vida autóctono empezaron a listar: puede que no tengamos secadoras (lo cuál sólo es parcialmente cierto, en torno a un 25% de nuestros hogares los tienen frente al 85% de los de allí), pero sí tenemos sanidad pública, vacaciones pagadas, una buena red ferroviaria, sistema métrico universal e insulina barata, comemos algo más que comida basura y nos ahorramos miles de homicidios al año por la no tenencia de armas. En España contamos, además, con la Capilla Sixtina de los aparatos domésticos: las persianas.

La idea del “progreso”. Con su exabrupto, Barro ha tocado el hueso de un tema crucial para el futuro de nuestras sociedades, el de la correcta filosofía de vida en un mundo tecnológicamente hiperdesarrollado. De entre todas las réplicas al tertuliano, la más común de todas han sido las que mencionaban un prehistórico utensilio: el sol. Es lógico que muchos europeos, y sobre todo los españoles, se valgan de este elemento natural, ecológico y gratuito para secar su ropa, más si encima te quita de usar otros trastos después (como todo el mundo sabe, si tiendes bien, planchas la mitad, las secadoras no siempre pueden decir lo mismo), pero lo que no es lógico es que el país del western, de California, Texas o Nuevo México, utilice electrodomésticos energéticamente ultracostosos para hacer tareas que no suponen una gran ventaja frente al método tradicional.

Barro nos ha señalado cuál el símbolo perfecto del progreso-cangrejo, uno que, cuando parece que avanza, sólo nos está provocando un movimiento lateral. Según Wikipedia, EE.UU. tiene un consumo de 1.460 vatios per cápita al año mientras que en la UE es de 700. La pregunta no es por qué no tenemos secadoras en Europa, la pregunta es qué dice de tu país que las asociaciones de propietarios residenciales de 19 estados prohíben los tendederos… Y cómo solucionarán ese problema estructural si el día de mañana les toca reducir su huella ecológica.

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