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Google suele pagar pocos impuestos. Su último plan en Toronto es que los ciudadanos le paguen por estar allí

Google suele pagar pocos impuestos. Su último plan en Toronto es que los ciudadanos le paguen por estar allí
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Sidewalk Labs es la organización de innovación urbana de Alphabet Inc. Alphabet Inc. es la matriz de Google. Sidewalk Labs llevaba tiempo buscando desarrollar su primera “zona inteligente”, un ambicioso y revolucionario plan para “acelerar el desarrollo de las ciudades” con innovaciones propias. Toronto tenía una zona industrial semi abandonada, el barrio de Quayside, a las orillas de la ciudad. Parecía el matrimonio perfecto.

Futurismos sospechosos: Sidewalk se ha comprometido a desarrollar una línea de metro ligero, un nuevo sistema de pagos mediante reconocimiento facial, transporte exclusivo de coches eléctricos autónomos y bicicletas, pagos mediante reconocimiento facial, un área residencial de 10 campos de fútbol (las casas serán de madera, material muy criticado para este tipo de construcciones) y diversos sensores que medirán el movimiento de los ciudadanos, el consumo de agua y el gasto energético de los vecinos. Ah, y otra gran sede tecnológica de Google, por supuesto.

Los secretismos: en octubre de 2017 se conoció que la agencia de la ciudad votó a favor de la propuesta de Google de desarrollar su smart city, pero las condiciones del contrato estaban envueltas en secretismos, hasta tal punto que en marzo de 2018 el alcalde, Denzil Minnan-Wong, quien había podido ver las condiciones pero había firmado cláusulas de confidencialidad, protestó públicamente diciendo que la ciudadanía debería conocer los términos de acuerdo. 

Dinero por tu privacidad: ese mismo mes de 2017 cientos de ciudadanos acudieron a una conferencia pública sobre el proyecto, pero se fueron sin resolver ninguna de sus dudas. Estaban especialmente preocupados en lo tocante a la administración de sus datos. En octubre de 2018 Google anunció públicamente que, aunque recopilaría los datos de todos los transeúntes en el espacio público, no los controlaría. Poco después, un asesor de la ciudad experto en privacidad que trabajaba en el proyecto lo abandonó, apelando que la propuesta de Google era “inaceptable”. A todo esto, la ciudadanía seguía sin conocer las implicaciones económicas del acuerdo.

Y el dinero en forma de dinero: el Toronto Star ha logrado acceder a los documentos internos del Waterfront Toronto, y tal y como ha publicado la semana pasada, la ciudad le dará de forma indirecta 6.000 millones de dólares al gigante tecnológico durante los próximos 30 años. Google recibirá ese caudal en forma de recepción de una parte de los impuestos municipales a la propiedad (en principio, los edificios que van a construirse serán vivienda pública) y del canon urbanístico así como parte de los ingresos fiscales generados por el aumento del valor que sufra la región en esos años. 

En el documento, el lenguaje de Sidewalk Labs indica que se sienten “con derecho a” recibir esos impuestos estatales.

Y llegaron las críticas: a raíz de la publicación de Toronto Star, ciudadanos, expertos y políticos han criticado la visión de Google. El problema es que este revolucionario sistema de “ingresos por desarrollo” es cuanto menos dudoso, sobre todo cuando el público aún no conoce el coste exacto de la inversión de Google. Si el plan se expande a más barrios, la presencia de Google será mucho mayor, y con el pago de impuestos directos a esta empresa privada es como si los torontonianos entraran en un feudalismo 2.0.

"La nueva sede de Amazon" all over again: con el caso de Toronto Google ha encontrado una nueva y creativa forma de evadir sus responsabilidades fiscales, y es muy similar a un caso reciente: después de que cientos de ciudades estadounidenses lucharan entre sí por llevarse la nueva sede de Amazon, ofreciendo hasta a sus primogénitos, la ciudad de Nueva York, la que se llevó el gato al agua, acabó tumbando las condiciones de negociación porque parte de los políticos (como mucha ciudadanía) las veían abusivas. 

En verdad, las contiendas de poder entre capital privado y público por el futuro de las ciudades no es nada nuevo, pero la llegada de los gigantes tecnológicos lo han convertido en un escenario muy distinto. ¿La solución que han querido ver algunos? Exprópiese.

Aquí Quayside actualmente:

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Y aquí los últimos bocetos del proyecto de Toronto publicadas por  Sidewalk Labs:

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