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La infinita y desconocida belleza de las paradas de autobús soviéticas, retratada en estas 23 fotos

La infinita y desconocida belleza de las paradas de autobús soviéticas, retratada en estas 23 fotos
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Sabíamos que los artistas soviéticos tenían una especial predilección por lo futurista y lo fantástico, pero tal vez en lo que no habíamos pensado es que esos temas pueden aparecer en una variedad de expresiones tan amplia e imaginativa.

Una parada de autobús, el punto de encuentro de los proletarios que en grupo se unirán para compartir transporte, un espacio con una eminente carga simbólica socialista. Esos fueron los rincones que el régimen soviético ofreció a sus arquitectos para que se lucieran en sus diseños y así amenizaran el día a día de los compatriotas que deberían refugiarse en sus esqueletos de hormigón, piedra o metal.

¿El resultado? Una Unión Soviética poblada por obras civiles de infinidad de estilos, donde cada individuo pudo experimentar dejando su marca personal al servicio del pueblo. Una infinita variedad de formas y colores que rompe de frente con nuestro concepto de frialdad y uniformidad soviética. Eso es lo que ha descubierto el fotógrafo canadiense Chris Herwig en sus últimos 12 años, que ha viajado por, según cuenta, las carreteras de más de 30.000 kilómetros cazando instantáneas de estos recuerdos del sistema extinto.

Según Herwig ha descubierto en sus investigaciones esas paradas se construían prácticamente sin restricciones arquitectónicas o limitaciones presupuestarias, con lo que la variedad de estilos es total, llegando a crear obras que van desde el brutalismo más estricto a la geometría á la Gaudí.

Las maravillas podían aparecer en las calles de pueblos georgianos o estonios de la misma forma que en las inmediaciones de las ciudades de Kazajistán, Turkmenistán o Uzbekistán. Aunque la zona y el momento de mayor explosión artística se ha encontrado en las estructuras construidas cerca de Pitsunda, una ciudad a las orillas del Mar Negro donde Khrushchev, el secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética de 1953 a 1964, tenía su dacha de verano.

Por suerte para nosotros no será necesario viajar hasta todos estos espacios, Herwig ha recopilado sus mejores descubrimientos en un libro fotográfico que ya ha conquistado a muchos lectores (puedes encontrarlo aquí). Una gran oportunidad de celebrar la audacia de estos cientos de artistas que, por la naturaleza del sistema, permanecen en muchos casos desconocidos.

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