Llevamos cuatro milenios inventándonos remedios loquísimos para la resaca (y ninguno funciona)

Llevamos cuatro milenios inventándonos remedios loquísimos para la resaca (y ninguno funciona)
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Ibuprofeno, una ducha fría, huevos crudos, café… son los típicos remedios tradicionales que a uno se le vienen a la cabeza cuando se ha despertado con una resaca de mil demonios. Sabemos que con algunas edades, una noche de alcohol y desenfreno le puede costar a uno un domingo entero en la cama. Y hablamos de síntomas que incluyen fatiga, dolor de cabeza, náuseas, mareos, sed y hasta sensibilidad a la luz o al sonido.

A lo largo de los siglos, diferentes culturas y civilizaciones han seguido ciertos ritos para deshacerse de tamaña circunstancia. Y no han faltado las curas “milagrosas”, que van desde beber un vaso de zumo de pepinillo hasta frotar un limón en la axila antes de beber. Pocas de ellas (o ninguna) respaldadas por la ciencia, claro. Pero los libros y la historia nos brindan algunas de las historias más surrealistas.

Hace unos días, un equipo de arqueólogos en Israel descubrieron una solución completamente diferente: un anillo de oro y amatista púrpura. Espera. ¿Un anillo para la resaca? ¿Dónde lo compro?

Excavada en la ciudad de Yavne, la antigua joya fue descubierta en el sitio de la bodega más grande conocida de la era bizantina, según la Autoridad de Antigüedades de Israel. En un comunicado de prensa, los arqueólogos explicaban que es muy probable que esta joya se usara para prevenir los efectos nocivos de ingerir demasiado alcohol. "Se han atribuido muchas virtudes a esta joya, incluida la prevención del efecto secundario de la bebida, la resaca", argumentaban.

Anillo para la resaca.

El anillo se encontró a solo 150 metros de los restos de un almacén que contenía ánforas, un tipo de jarra que se utiliza para almacenar vino. El sitio de excavación data aproximadamente del siglo VII, alrededor del final de la era bizantina y el comienzo del período islámico temprano. "Los anillos de oro con incrustaciones de piedra amatista son conocidos en el mundo romano, y es posible que el hallazgo del anillo pertenezca a las élites que vivieron en la ciudad ya en el siglo III d. C.", explicaban.

Desde tiempos inmemoriales, la amatista ha tenido muchas otras "virtudes" y asociaciones religiosas, habiendo sido mencionada en la Biblia. También especularon que el anillo, que pesa 5,11 gramos, alguna vez perteneció a una persona "rica". ¿La persona que llevaba el anillo quería evitar la intoxicación por beber vino? Probablemente nunca lo sabremos.

Remedios "milagrosos" por todo el mundo

Pero la amatista no es la única cura antigua para la resaca que ha caído en desgracia. En 2015, se descubrió un remedio griego antiguo en un papiro de 1.900 años de antigüedad, que recomendaba usar un collar de hojas de laurel como una "cura para el dolor de cabeza en estado de ebriedad", según Live Science. Y en la antigua Mesopotamia, un médico recomendaba una tintura de regaliz, adelfa, frijoles, aceite y vino en el caso de que "un hombre haya bebido vino fuerte y le afecte a la cabeza".

Ha trascendido a todo el mundo. Los antiguos romanos, aficionados a las bacanales orgiásticas masivas, a veces se despertaban con la sensación de que había una carrera de carretas en sus cabezas. Plinio el Viejo recomendó freír un canario y devorarlo. Continúa el debate sobre si el pájaro fue decapitado y desollado o comido entero, pero todos parecen estar de acuerdo en que esos huesos crujientes fueron un festín en pro de la salud.

Grecia fiesta del vino.

Supuestamente, los bebedores de Puerto Rico también han descubierto cómo prevenir la resaca. Antes de una noche de indulgencia, frotan una rodaja de limón en la axila del brazo con el que beben. Supuestamente previene la deshidratación. Un dato importante: no hay forma de que esto funcione ni hay ciencia detrás.

En Japón, después de beber demasiado sake en uno de los pequeños bares nomiya de Tokio, los clientes comen umeboshi, un ume seco en escabeche, que es similar a una ciruela o un albaricoque. Algunos lo sumergen en té verde y luego lo beben para hacerlo menos concentrado, pero sigue siendo horriblemente amargo (incluso la versión más suave sin secar es difícil de tragar). Hay al menos un poco de ciencia detrás de esto, ya que la sal de la ciruela en realidad puede ayudar a reponer los electrolitos.

Esto quizás esté pasado de moda, pero en el pasado, los sicilianos con resaca mordían el pene de toro seco. La suposición fue que restaura la virilidad. Pero lo de los haitianos sí que no tiene nombre. Algunos practicantes de vudú pasan a la ofensiva con sus resacas: clavan 13 alfileres de cabeza negra en el corcho de la botella que les hizo eso. Una especie de venganza contra la botella que provocó esta horrible sensación en la oscuridad de la noche.

Los antiguos griegos trataban sus resacas con un desayuno de pulmones de oveja y dos huevos de búho. Cuesta imaginarse eso rebotando en un malestar estomacal. Y, según la leyenda irlandesa, la mejor manera de curar una resaca es enterrarse hasta el cuello en la arena húmeda del río. Irlanda no es un país cálido, por lo que la arena húmeda del río debería ser bastante fría. Esto podría tener el mismo efecto que una ducha fría. Lo despertará y hará que la sangre bombee, pero no hay mucha evidencia médica de que cure el dolor de cabeza y las náuseas. Otra mentira convertida en leyenda.

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