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La marea descontenta: estos son los países que están tonteando con iniciar sus propios chalecos amarillos

La marea descontenta: estos son los países que están tonteando con iniciar sus propios chalecos amarillos
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El mes pasado, medio millón de franceses vestidos con chalecos reflectantes cortaron diversas carreteras del país para mostrar, en concreto, un rechazo a la política del aumento de los impuestos a los carburantes y, en general, un hastío de la clase media abandonada en su pérdida de poder adquisitivo por parte de los políticos. Son los gilets jaunes franceses, el último ejemplo del triunfo de la presión popular activa y organizada. Ahora que este grupo ha conseguido conquistar el escenario político francés, el movimiento se está exportando a otros países vecinos. Aunque con modestos resultados.

Coletes amarelos portugueses: la convocatoria portuguesa. Un movimiento disperso, con distintos canales de difusión. Aquí, por ejemplo, se habla de un grupo con más de 12.000 miembros. Los promotores habían escrito el manifiesto Vamos a parar Portugal, donde reclamaban distintos tipos de mejoras salariales. Era el país donde se había fermentado un mayor seguimiento, pero en las 25 manifestaciones programadas para hoy sólo se han juntado decenas, cientos de personas en el mayor de los casos. El fracaso de participación lo achacan a la falta de apoyo de los sindicatos y a las fuertes aproximaciones de los participantes a la extrema derecha, con escaso apoyo en Portugal.

Los chalecos belgas: junto a las francesas, las manifestaciones más violentas. Tuvieron lugar el 8 de diciembre, al cuarto fin de semana de la convocatoria francesa. El descontento llegó a una protesta en Bruselas con un saldo de 1.000 participantes, 450 de ellos fichados, y 60 detenidos por provocar caos en el tráfico, lanzamiento de piedras y destrozo del mobiliario urbano. Algunos de ellos llevaban cuchillas. Según la radiotelevisión pública belga francófona, RTBF, entre los manifestantes figuraban algunos miembros del movimiento de extrema derecha Nation, aunque no está del todo claro. Sus consignas clamaban genéricamente por la bajada de impuestos.

Sólo unos días después varios grupos de extrema derecha belgas (5.500 ciudadanos, según la Policía) se manifestaban en la capital contra el Pacto Mundial sobre Migración.

La rabia por Pedro el Negro en Países Bajos: también aquí en distintas ciudades salieron a las plazas algunos manifestantes, cientos en sus convocatorias más exitosas a principios de este mes de diciembre y en todo caso muy pacíficas. De nuevo, un movimiento descabezado y con consignas generales. Mientras muchos manifestantes exigían una mejora de los servicios asistenciales y mayor protección de los refugiados, otros han sido vinculados con la extrema derecha, como los que portaban la Prinsenvlag (equivalente holandés de la bandera franquista), los que exigían medidas más restrictivas contra la inmigración y los defensores del Zwarte Piet.

Contra la fallida Turquía: la lira turca no para de depreciarse y los servicios públicos que se cerraron en 2016 todavía no han sido reinstalados. La vida se está haciendo cada vez más dura, de ahí que muchos de los 136.000 manifestantes por el coste de la vida en Turquía la semana pasada hicieran referencia esta semana a los chalecos amarillos, a pesar de que su presidente Recep Tayyip Erdoğan advirtiese que los que intentasen emular el gesto galo lo iban a “pagar caro”.

Oposición pura y dura en Hungría: en Hungría las protestas no han nacido estrechamente vinculadas a los chalecos amarillos, pero el propio Gobierno de Viktor Orbán les ha vinculado con los “violentos” gilets jaunes franceses. Han sido campañas de oposición al régimen actual más o menos espontáneas y encabezadas por el Partido Socialista Húngaro, que pidió a sus simpatizantes que usaran los chalecos. La demanda más repetida era la de la prohibición de su “ley de la esclavitud”.

Socialismo y tractores en Polonia: una protesta pacífica y mayoritaria, aunque vinculada a los protestantes franceses sólo tangencialmente. Miles de agricultores polacos, ataviados con el consabido chaleco reflectante, se han montado sobre sus tractores para bloquear una carretera hacia Varsovia. En realidad allí los agricultores son una fuerza obrera cohesionada, y ya en 2015 y 2017 llevaron a cabo una manifestación similar. Quieren compensaciones del Gobierno por la mala fortuna de la cosecha de este año causada por la peste porcina africana.

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