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Nos hemos reído durante años de la "vecina de Valencia". Ahora su hijo expone su terrorífica historia

Nos hemos reído durante años de la "vecina de Valencia". Ahora su hijo expone su terrorífica historia
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HOY SE HABLA DE

“APM? – Las vecinas locas”, “Las míticas vecinas locas de Callejeros”. Isabel y Vicenta, dos habitantes contiguas de la calle Estrella de Valencia, forman parte desde hace quince años del folklore televisivo español, de nuestra propia historia profunda, esa en la que una señora vestida con bolsas de basura que se lamenta de que la otra le tira orines y la llama “puta, puta, puta, sin ser yo nada de eso” es carne de memes, disfraces en Carnaval y hasta cameos en series de Netflix.

La perspectiva que produce el paso del tiempo impide que miremos hoy de la misma forma que entonces lo que vivieron estas dos mujeres. Con más fundamento nos lo acaba de confirmar en Twitter Jesús, el hijo de Isabel, que después de un montón de años ha querido contarnos en primera persona cómo se vivió un calvario que estuvo más de dos lustros en los juzgados, con más de 4.000 páginas de sumario y con una sentencia condenatoria en 2013 para la persona que le hizo la vida imposible a su madre.

En su hilo Jesús cuenta que sufrió doblemente. Por un lado, que se ridiculizada en televisión a su madre cuando lo que hacía era contar la crónica del horror diario que sufrían, lo que todo el mundo se tomó a cachondeo. En segunda instancia, por los propios ataques de la vecina Vicenta: como constató la sentencia, la mujer se pasó un tiempo tirando heces, disparándoles pis con una pistola de agua, insultándoles o destrozándoles la puerta, entre otras muchas lindezas.

“Recuerdo un día por la mañana que mi madre volvía de comprar y la vecina se le abalanzó y empezó a arañarle la cara. Mi madre pedía auxilio en medio del rellano, mientras yo la oía a través de la puerta. No podía parar de llorar y de sentirme impotente. Tenía 7 años”, explica, también que, aunque el traje de bolsas de basura fuese muy gracioso, se trataba de una señora que estaba tirándole lejía o productos químicos, tanto a ella como a sus hijos, y que podía haber perdido la visión.

Teníamos otro piso al que nos podríamos haber ido. Pero ella se negaba a dejar que esa hija de puta se saliera con la suya. El piso en el que vivíamos era de mis abuelos y ella se había criado aquí, era su casa”, sentencia Jesús. Para terminar, y para responder a los que acusaban al tipo de habérselo inventado todo en este hilo que ya se ha hecho viral, ha subido una foto junto a su madre, Isabel, que, como se aprecia, mantiene intacta su afición por los peinados elaborados que también fueron razón de risotada pública en su momento.

La cascada de apoyos que han recibido Jesús y su madre ahora que ha dado conocer su historia ha sido infinita. Jordi Cruz (el bueno), les ha aplaudido, la guionista Carolina Iglesias ha recordado que siempre hay vidas detrás de la gente que sale en la tele, y los mensajes de los internautas son en su mayoría in reconocimiento a la condición de luchadora y “reina” de Isabel.

La sentencia del caso de las “vecinas de Valencia” llegó en 2013. A Vicenta le cayeron nueve meses de prisión y 10.000 euros de indemnización por daños morales, pero era mucho menos de lo que pedía la acusación, que exigía más de dos años de cárcel y denunció otros delitos que no fueron confirmados por la sentencia como descubrimiento y revelación de secretos o denuncia falsa.

La juez confirmó que Vicenta denunció judicialmente a Isabel por abandono de hijos y que formó parte un complot para tratar de incapacitar a Isabel, lo que “ha provocado una merma en la vida familiar de Doña Isabel y le ha afectado a nivel anímico", pero la magistrada también advierte que el daño que se hicieron es mutuo y que si Isabel no recibió ninguna condena es porque Vicenta no quiso mantener la denuncia contra su vecina. Según lo constatado, los daños fueron mutuos, constantes y de misma virulencia en 2003, y la madre de Jesús consintió en que se siguieran cometiendo porque, a pesar de contar con otra vivienda en su propiedad, nunca abandonó su inmueble de la calle Estrella donde la pesadilla era el menú diario.

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