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Países Bajos da el salto definitivo: en 2018 se vendieron más bicis eléctricas que normales

Países Bajos da el salto definitivo: en 2018 se vendieron más bicis eléctricas que normales
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Holanda lleva su amor por los pedales a un nuevo estadio: por primera vez desde que se introdujeron en el mercado, las bicis eléctricas venden más que las convencionales (si excluimos de la lista las de competición y las infantiles): según cifras de la industria, de más de un millón de bicis vendidas en 2018, 409.000 han sido “e-bikes”, convirtiendo al país europeo, en proporción, en la vanguardia de este tipo de vehículos.

La nueva normalidad: así ha definido Floris Liebrand, portavoz de RAI Vereniging, esta nueva tendencia: "en el futuro no hablaremos de bicicletas eléctricas, sino simplemente de bicicletas. Creo que las bicicletas eléctricas se convertirán en la nueva normalidad dentro de 10 o 15 años. De aquí a entonces estimamos que sea normal que las bicicletas lleven incorporados pequeños motores".

¿Por qué Países Bajos? La noticia es importante por el propio volumen, pero también porque se trata de un cambio cultural en el país donde la bici es un vehículo esencial para el día a día. Con 17 millones de habitantes, 23 millones de bicis registradas y un 23% de los trayectos diarios realizados con bicis, Países Bajos es el paraíso de los ciclistas. Con su movimiento hacia la bici eléctrica podrían estar marcando el camino del futuro de la movilidad.

Unas ventas expansivas: una bici eléctrica cuesta mucho más que una normal. Si el coste medio de una bici ordinaria en Holanda es de 500 euros, la eléctrica de cierta calidad está próxima a los 2.000. De ahí que entre 2011 y 2018 la inversión media por unidad de bici haya pasado de los 734 a los 1.207 euros, expandiendo las vendas de los 823 millones de euros anuales de 2017 a los 1.200 de 2018. Ya hay gente planteándose hacer turismo al país para pillarse una e-bike. Es decir, que a nivel empresarial empieza a ser un sector sexy.

Más uso, más accidentes: como explican los expertos, la adhesión a la e-bike ha venido muy potenciada por el incremento de pasajeros de bici de personas mayores de 65 años. Los jubilados, que antes usaban otros medios de transporte por no tener fuerza para pedalear largas distancias, han abrazado la bici. Tanto el incremento de pasajeros a motor con menos reflejos como el uso de las e-bikes por parte de los usuarios sin casco (por estar acostumbrados a no usarlo con las bicis convencionales) está provocando otros efectos indeseados, como el incremento de lesiones graves. 

En 2017 murieron 207 ciclistas en accidentes (más que de automóvil, que fueron 201), y de ellos, dos tercios fueron personas mayores, y casi todos usaban bici eléctrica.

La nueva normalidad del colapso: a mayor uso y mayor multiplicación de los distintos modos de transporte, mayores problemas de logística y organización del espacio en las ciudades. Los grandes municipios están sumergidos en batallas sobre la clasificación de las vías, prohibiendo patinetes aquí, haciendo más carriles bici ante el constante atasco de sus carreteras por allá. También tienen problemas de aparcamiento, ya que las bicis eléctricas ocupan más y, al ser más caras, son más vulnerables a los atracos y a suponer un perjuicio económico para el ciudadano que sufre el hurto.

Batallas aparte, parece que, definitivamente, la bici eléctrica se abre camino.

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