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Peppa Pig es ahora un símbolo antisistema en China y al Gobierno no le mola nada

Peppa Pig es ahora un símbolo antisistema en China y al Gobierno no le mola nada
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La cerdita más famosa del mundo entre los asistentes a jardines de infancia se ha convertido en un símbolo de subversión en China. Así lo afirma el Gobierno chino, que a través de sus aparatos de censura (directa o indirecta) ha causado el borrado de decenas de miles de videos que hacían referencia a la serie en las redes sociales del país.

Por qué ha pasado esto: Peppa entró en los hogares del gigante asiático hace un par de años. Desde entonces sus índices de popularidad en las plataformas de video han sido muy altos. Muchos niños veían una serie que representaba los valores del país, una niña que intenta hacer las cosas bien y que antepone a su familia a todo lo demás. Algo ocurrió a finales de 2017, bien la viralización del clip en el que Peppa le cuelga bruscamente el teléfono a su amiga o esta locura, que se empezó a utilizar como un símbolo de algo más.

Los shehuiren: según los periódicos oficiales del régimen, el problema fue esa traslación semántica. Peppa se convirtió entonces en un icono para una subcultura llamada shehuiren, o “persona de sociedad”, que con ironía hace referencia a la antítesis de lo que el Gobierno espera que sea el comportamiento de sus jóvenes. Son pobres, no tienen trabajo, no se adaptan e, incluso, coquetean con las mafias. En cosa de un mes Taobao vendió 30.000 stickers de la cerda, 110.000 relojes y otros tantos miles de objetos de merchandising. Hay gente que se está tatuando a Peppa con tinta de verdad.

Controvertida Peppa: la cerdita ya ha protagonizado otras polémicas, como aquella vez que Australia quiso prohibirla por hacer que sus hijos se hicieran amigos de las arañas, cuando los birtánicos la acusaron de crear “falsas expectativas” en cuanto a la atención primaria sanitaria o en la misma región asiática, cuando los padres de preescolares denunciaron a los periódicos que varios de sus hijos habían empezado a gruñir y a revolcarse por los suelos imitando lo que veían.

Apropiación irónica: no es el primer ejemplo de un producto audiovisual que adopta tintes oscuros al ser secuestrado por una comunidad. Los adolescentes de 4Chan hicieron imposible volver a mirar con los mismos ojos My Little Pony, y en España la serie Aquí no hay quién viva ha vivido varias transformaciones para encajar en una estética vaporwave u otaku. Si lo que buscamos es la utilización de una ficción como referencia subversiva, los adolescentes tailandeses criticaron a su gobierno dictatorial a través del símbolo de Los Juegos del Hambre. Hace nada China también tuvo que vetar a Winnie the Pooh después de que se popularizase un viral por el que se había creado una inolvidable asociación meméica del President Xi Jinping como osito del bosque de Los cien Acres.

Peppa no va a desaparecer. En parte porque, arrastrados por la diversión de esta mofa antisistema, hay hasta estrellas musicales vistiendo iconografía del animal rosado. También porque en 2019 abrirán en Shanghai y Beijing dos parques temáticos dedicados a la serie infantil. Los empresarios empezaron las obras mucho antes de este revuelo, por supuesto. Es de imaginar excursiones de ninis a los parques, protestando con sarcasmo contra las políticas de la República Popular.

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