La picaresca alemana con el coronavirus: fraudes masivos con los test rápidos gratuitos y obligatorios

La picaresca alemana con el coronavirus: fraudes masivos con los test rápidos gratuitos y obligatorios
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A finales de febrero Alemania fue allanando el terreno para su nueva estrategia de contención del virus: los tests rápidos y caseros, con un uso semejante a los tests de embarazos y que se venderían sin prescripción médica en todo tipo de establecimientos.

No entras sin un test negativo. A medida que se fue reabriendo tras el último confinamiento, el Gobierno alemán, así como los distintos estados federales, añadieron la obligatoriedad de presentar una de estas pruebas negativas para acceder a tiendas o incluso terrazas al aire libre, aunque no valdría con el que te compras en Aldi, habría que realizarlos en centros de pruebas recién habilitados. A cambio garantizaron un copago: hay derecho al menos a una prueba gratuita semanal por persona en todo el territorio nacional, pero en distintos territorios, como Berlín o Hesse, la propuesta se amplía a una prueba diaria o “varias a la semana”.

Rápido y deliberadamente poco burocrático. Así ha sido, según los medios, la implantación de estos centros de pruebas. Al principio imperó la escasez, para Berlín había apenas una docena de centros y las citas en estos establecimientos eran inmensamente codiciadas. Semanas después sólo en la capital hay 1.296 puntos autorizados. Son desde cafeterías hasta ferreterías pasando por salones de belleza, casas de apuestas o incluso puntos móviles como camiones o bicicletas con toldos. No ha de realizarlo personal sanitario y en muchas regiones basta con un cursillo en línea sobre cómo tomar la muestra. Tiene una pinta tan informal como la que te imaginas: entras a la peluquería, alguien te pasa un hisopo por la parte nasal inferior y te hace esperar 15 minutos.

A cada uno de estos operadores Alemania les reembolsa hasta 18 euros por prueba, cuando en tienda al ciudadano de a pie le cuestan hoy entre cuatro y cinco euros.

Y de ahí la exclusiva incendiaria, una investigación conjunta entre las cadenas televisivas NDR y WDR y el periódico Süddeutsche Zeitung en la que comprobaron la sospecha que guardaban muchos alemanes, que estas empresas estaban cometiendo fraude con los tests. La semana pasada los periodistas se apostaron a las puertas de centros, contaron las personas que entraban y después el número de pruebas que facturaban al estado. En un caso de un centenar de atendidos el local mandó factura de 422. En otro se contabilizó 500 asistentes pero registraron 1.743. Con la intención de agilizar el proceso, los puntos de pruebas quedaban exentos de la obligación de dar los nombres de las personas sometidas a los tests o facilitar las facturas de sus compras de material. Se cree que el monto de lo estafado puede ascender a unos 1.000 millones de euros.

Entran las fiscalías, las de Bochum y Lubeck, donde los funcionarios inspeccionaros distintos locales relacionados con las prácticas y abrieron sendas investigaciones por "fraude" relacionadas con la "realización y la facturación de test rápidos". Jens Spahn, el ministro de salud federal, ya ha anunciado que se coordinará con los länder para introducir reformas, principalmente implantar la obligatoriedad de enviar, junto con el informe de pruebas diarias realizadas, las facturas con el número de kits adquiridos y contratar a personal para realizar chequeos presenciales aleatorios. Dado que el precio de fabricación de estos productos también ha bajado, también se reducirá el aporte por unidad.

No es la primera vez que los germanos se topan con mala gestión y chanchullismo pandémico: este escándalo llegó después de otro de mayo del año pasado por el cobro de comisiones por negociar la compra de mascarillas para la sanidad pública que precipitó la dimisión de varios parlamentarios del Bundestag.

¿Y qué tal lo están haciendo? Hay cierta satisfacción. La incidencia acumulada promediada a 14 días es de 79 allí frente a los 118 de España, lo que les da motivos para que las autoridades rebajen el nivel de alerta por primera vez en cerca de seis meses e implanten medidas de desescalada. Por ejemplo, proponen que hoy sea el último día necesario de tener un test negativo para estar en terrazas. Su caída ha sido sostenida mientras aquí llevamos unas semanas estancadas.

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