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Siete mitos sobre eclipses y conjunciones planetarias que siempre vuelven
Un mundo fascinante

Siete mitos sobre eclipses y conjunciones planetarias que siempre vuelven

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¿Habéis oído eso de que una conjunción planetaria entre la Tierra, la Luna y Mercurio puede causar un terremoto de 9,8 en la Escala de Richter en California? No, no tiene nada que ver con 'San Andrés', la película de Dwayne Johnson justo sobre un terremoto en California, sino que, en teoría, es una predicción de Nostradamus que un usuario de YouTube llamado Ditrianum Media lleva meses "ajustando" a diferentes fechas a traváes de varios vídeos.

Si lo de "predicción de Nostradamus" no os ha hecho sospechar, os confirmamos que, efectivamente, no es más que un hoax, una falacia, un mito de esos que circula periódicamente por Internet y que predice la llegada del fin del mundo cada tres meses, aproximadamente. En la Antigüedad, era muy habitual que se creyera que los eclipses de Sol y los cometas eran malos augurios porque no se disponía de la información que se tiene ahora sobre estos fenómenos. Pero, aun así, sigue habiendo siete mitos sobre estos eventos que son sorprendentemente resistentes a desaparecer.

El Gran Terremoto es culpa de Mercurio

O de Júpiter, o de Venus, o de Marte, depende de lo que más convenga. Como decíamos, a finales de mayo empezó a circular el bulo de que una conjunción planetaria entre la Tierra, Marte y Mercurio iba a ser el detonante de un terremoto de 9,8 en la Escala de Richter en California. Vamos, que iba a ser The Big One, el gran seísmo que se lleva esperando allí desde 1906, cuando la actividad tectónica en la falla de San Andrés provocó el mayor terremoto que ha sufrido la zona de San Francisco hasta la fecha.

La primera fecha que se predijo para ese seísmo fue el passado 28 de mayo, y como no pasó nada, podéis apreciar en el vídeo de arriba que las nuevas fechas en este mes de junio para ese cataclismo se basan solamente en las conjunciones planetarias mostradas por un software de planetario. Y esas alineaciones entre la Tierra y otros planetas no pueden causar un terremoto, ni siquiera pequeño. Phil Plait, del blog Bad Astronomy, ya ha explicado varias veces que las distancias entre los planetas son demasiado grandes para que puedan ejercer ninguna influencia gravitatoria de tamaña magnitud sobre la Tierra.

Ni siquiera la Luna puede hacerlo. Si tuviera esa capacidad, teniendo en cuenta que la órbita que describe alrededor de nuestro planeta la lleva a alcanzar el perigeo (el punto más próximo a la Tierra) y el apogeo (el más alejado) cada dos semanas, deberíamos notar algún tipo de seísmo entonces. Pero no lo hacemos.

El día "sin gravedad"

Jupiter
Júpiter brilla a la izquierda de la imagen, en medio de la constelación de Géminis.

El pasado mes de enero, empezó a circular un elaborado bulo que afirmaba el día 4 iba a ser el día Zero G, es decir, el día sin gravedad. Utilizando un supuesto tuit de la NASA y otro del astrónomo británico Patrick Moore (fallecido en 2012), el bulo apuntaba que ese día, Plutón iba a pasar en su órbita por detrás de Júpiter, creando un inusual alineamiento con la Tierra que iba a provocar cinco minutos de ingravidez en los que la gente podría notar como si estuviera "flotando". ¿Vosotros sentísteis algo? Yo creo que me acordaría.

En realidad, el día de gravedad cero es una inocentada que Moore gastó en la radio el 1 de abril de 1976, como explican en Space, y que aunque se desmintió entonces, acaba volviendo periódicamente, cual Cid Campeador.

¿Puede Marte verse más grande que la Luna?

La oposición de Marte de 2005 fue uno de esos momentos que los astrónomos aprovechan para contar al gran público algunos datos interesantes sobre el planeta. En octubre de aquel año, el planeta rojo y la Tierra iban a estar separados por sólo 69 millones de kilómetros, su mayor acercamiento en cincuenta años, así que era una gran oportunidad para observar y fotografiar el brillante punto rojo que era Marte en el cielo nocturno.

Los bulos de la oposición de Marte y el día de gravedad cero vuelven cada dos por tres desde hace años, y pese a que siempre se demuestra que son falsos

También fue el momento en el que empezó a hacer sus rondas en cadenas de e-mails y por las entonces aún jóvenes redes sociales la leyenda urbana de que, en esas fechas, Marte iba a estar tan próximo a la Tierra, que se vería más grande que la Luna llena, como si nuestro planeta, de repente, fuera Tatooine, pero sin dobles soles. A 69 millones de kilómetros de distancia, resultaba difícil que Marte pudiera verse con el mismo tamaño que se aprecia la Luna, que en su perigeo más próximo puede estar a 356.566 km. Nuestro satélite sí que se aprecia más grande en ese momento, lo que ha llevado a otro bulo bastante conectado con el primero de esta lista.

El cataclismo de la Superluna

Luna Foto: NASA

Las órbitas que los planetas describen alrededor del Sol, y que los satélites siguen alrededor de los planetas, son elípticas, lo que quiere decir que tienen un punto en el que están más alejados de su cuerpo progenitor, y otro en el que están más cerca. Ya hemos visto antes que, en el sistema Tierra-Luna, esos puntos se conocen con los nombres de perigeo y apogeo. Las distancias no siempre son las mismas, varían ligeramente con el tiempo, por lo que hay momentos en los que el perigeo de la Luna es más cercano que otros. En esos momentos es cuando puede verse una Superluna.

Ah, la Luna. Qué gran fuente de mitos y leyendas variadas, todas relacionadas con alguna catástrofe de tal magnitud, que George R.R. Martin podría utilizarlas como inspiración para la destrucción de Valyria, de la que sólo hemos visto sus efectos en 'Juego de tronos'. Es cierto que tiende a haber mareas más fuertes, pero de ahí a afirmar que esa Superluna puede causar erupciones volcánicas, tsunamis y terremotos monstruosos... Esta sección de preguntas frecuentes sobre terremotos de la Universidad de California en Berkeley ya deja bien claro que no es así.

La gran conjunción galáctica

Si algo tan habitual como las conjunciones planetarias lleva a que los conspiranoicos afirmen que se acerca el fin del mundo, ¿qué pasa si lo que se alinea no es meramente la Tierra con Marte y Venus, sino también con el Sol y con el centro de la Vía Láctea? ¿Y si esa conjunción coincide con diciembre de 2012 y el solsticio de invierno? Pues que se generó la teoría del Dark Rift, o la brecha oscura, un título estupendo para un videojuego y que unía aquella predicción del final del calendario maya y el apocalipsis el 22 de diciembre de 2012 con una alineación de la Tierra y el Sol con el centro de la Vía Láctea.

Vialactea

La NASA ya se encargó en su momento de desmentir este bulo, que afirmaba que, por obra y gracia de esa conjunción, el agujero negro supermasivo en el corazón de la galaxia iba poco menos que freírnos a todos cual arma láser de los marcianos de 'Mars attacks!'. Ese Dark Rift al que nos referíamos antes se refiere a las franjas de polvo que oscurecen la visión desde la Tierra del centro galáctico, y se suponía que la entrada del Sol en esa zona, justo en ese día, es lo que iba a desencadenar todo tipo de catástrofes. Pero el solsticio no tiene nada que ver con conjunciones con el corazón de la Vía Láctea (es el momento en el que el polo norte de la Tierra está más alejado del Sol), y nuestra estrella tampoco estuvo en línea directa con él.

El asteroide del fin del mundo

El próximo fin del mundo ya tiene fecha: 28 de septiembre de 2015. Es el día en el que, en teoría, un gran asteroide impactará contra la Tierra y llegará el día del Juicio Final. O eso aseguran vídeos como éste, que utilizan como punto de partida de su teoría una afirmación de la NASA de 2013, después del meteorito de Chelyabinsk. La agencia apuntó que el objeto que había caído sobre esa zona de Rusia formaba parte de otro más grande, y que en un par de años se podría saber algo más sobre él. Ya estamos en 2015 y et voilà, llegan las predicciones de que ese asteroide más grande nos va a aniquilar.

Cometa Foto: TRAPPIST/E. Jehin/ESO

Es cierto que hay objetos cercanos a la Tierra (NEOs) cuyas órbitas pueden presentar un riesgo de colisión con nuestro planeta, y que las agencias espaciales monitorizan para saber más datos sobre esos caminos que trazan por el Sistema Solar. A eso se refería la NASA cuando apuntaba que sabrían algo más sobre el objeto del que se desprendió el meteorito de Chelyabinsk, también porque en este tiempo se han podido analizar los fragmentos que cayeron a la superficie. Lo que se sabe del asteroide original es que, probablemente, forma parte del cinturón principal entre Marte y Júpiter y que ha sufrido muchos impactos de otros cuerpos más pequeños en su vida. Pero no va a regresar este año para "vengarse" de nosotros.

Seis días de oscuridad

Finalmente, un mito que lo mismo puede aplicarse a un eclipse que a una tormenta solar; el de los seis días de oscuridad por culpa de un fenómeno solar. La última vez que este bulo asomó la cabeza fue en diciembre del año pasado, afirmando que una potente tormenta solar iba a generar tal cantidad de polvo y escombros orbitales, que bloquearía el 90% de la luz solar y, por tanto, causaría seis días de noche en la superficie del planeta. O tres, que con el paso de los años, a veces la predicción cambia, como ocurrió en 2012.

Este mito se basa en una concepción falsa de lo que es una tormenta solar. No es como la tormenta de arena de 'Mad Max: Furia en la carretera', sino que hace referencia a una potente erupción de material desde el Sol, provocado por su intensa actividad magnética, que cuando se produce en dirección a la Tierra, hace que un flujo de partículas cargadas eléctricamente, y con altos niveles de energía, interactúe con la magnetosfera y la atmósfera terrestres y genere, por ejemplo, auroras boreales. Si la tormenta es muy fuerte, puede causar problemas en los satélites en órbita del planeta. ¿Pero seis días de oscuridad? En todo caso, seis días de espectaculares luces en los cielos polares.

Imagen | Anthony Crider, Sage_solar, s58y

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