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Una periodista se metió en el mundo del póker para un artículo. Se volvió tan buena que dejó el periodismo

Una periodista se metió en el mundo del póker para un artículo. Se volvió tan buena que dejó el periodismo
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La vida de una escritora y periodista habitual de medios como The New York Times, The Atlantic o Slate ha dado un giro de 180 grados gracias a los descubrimientos hechos en su última investigación para un libro. Maria Konnikova iba a pasar unos meses empapándose de la idiosincrasia del universo del poker profesional, con tan mala suerte que ha descubierto que es demasiado buena con las cartas. Por el momento ha pospuesto la escritura del libro, ha cancelado sus colaboraciones y se está concentrando en sus próximos torneos.

Para Konnikova seguir siendo escritora no es una opción profesional lógica. En su primer campeonato consiguió ganar 2.200 dólares con sus jugadas, y poco a poco ha mejorado sus marcas desde entonces: en enero quedó primera en la PCA National amasando 84.000 dólares. Ganar el equivalente a un salario anual en unas apuestas realizadas en unas pocas horas hacen que sea fácil dejar el mundo de los blogs.

Es posible que Konnikova contase con una serie de conocimientos que han provocado su inesperada maestría sobre el tapete. Se licenció en Harvard especializándose en escritura creativa, tiene un doctorado en psicología y ha dedicado todo su talento literario a explicar el funcionamiento de las mentes de los estafadores.

El libro que la puso en el mapa fue ¿Cómo pensar como Sherlock Holmes?, donde desarrollaba una teoría acerca de los sistemas de concentración mental y de potenciación de las capacidades deductivas del sujeto. En sus columnas y podcasts conjuga su capacidad para la creación de relatos con datos científicos acerca de nuestro poder de manipulación. Es decir, era alguien que llevaba décadas estudiando de manera indirecta cómo mentir de forma convincente, interpretar las emociones ajenas y conseguir utilizarlas en tu favor.

Como cualquier profesional en el póker reconoce, alcanzada cierta categoría la mera estrategia numérica (una anticipación de variables, detectar progresivamente el estilo de juego del rival según sus jugadas) se agota y empieza a cobrar importancia un segundo nivel de estrategia: tu capacidad para aprovecharte de las emociones del rival y acallar la falsa percepción de control que caracteriza al juego.

Otros profesionales del póker (Erik Seidel, Isaac Haxton) se convirtieron en los tutores de Konnikova y la ayudaron a crecer en base a estas ideas. A partir de ahí su mérito para bloquear los sentimientos propios y atacar las del resto de la mesa aun cuando hay decenas de miles de dólares en juego es lo que la ha llevado a abandonar su vieja vida.

Ella está tranquila, esperando ver hasta qué nivel de profesionalidad es capaz de llegar. Y cuenta además con otra ventaja. Aunque empezase a perder niveles en este mismo instante ya ha logrado la suficiente experiencia para volver a su antiguo oficio y entregarle al mundo un libro con sabias lecciones acerca del póker como plano de juego mental.

Tampoco es la primera periodista que se deja atrapar por las mieles del objeto de estudio. Hay también escritores que han intentado dedicarse al deporte, entrar en ligas como la NFL para, cuando sus opciones se agotasen, volcarlo en unas páginas. Otro escritor, Stefan Fatsis, cambió su vida para ser un jugador de élite de Scrabble. Periodistas tecnológicos de alto nivel como MG Siegler o Mike Moritz aprovecharon sus conocimientos, abandonaron el editor de texto y abrazaron la inversión de riesgo. En el mundo documental es una historia aún más habitual.

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