La vivienda está más cara que nunca en todo el mundo: el miedo a que explote otra burbuja es real

Auckland New Zealand Circa May 2014 Typical Suburb Of The Western World
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Según la última publicación del Índice Global de Precios de la Vivienda de Knight Frank, con cifras del primer trimestre de 2021, la vivienda está disparada a nivel global. Da igual que te vayas a Estados Unidos, Alemania, China o Perú, la tendencia es la misma En los últimos doce meses los precios crecieron un 7.3%, al ritmo más rápido desde el cuarto trimestre de 2006 cuando la burbuja de la anterior crisis estaba en plena cocción. Por eso mismo algunos analistas y políticos están preocupados de que estemos ante una burbuja nueva, aunque también hay quien cree que no hay riesgo de colapso.

¿Quiénes encabezan la lista del crecimiento? España no, donde sólo subimos a un 4.4%. El primer puesto es para Turquía, con un crecimiento anual del (prepárate) 32%. Nueva Zelanda, segundos, a un 22%. El top sigue así: Luxemburgo (16.6%), Eslovaquia (15.5%), Estados Unidos (13.2%), Suecia (13%), Austria (12.3%). Otros importantes países al auge son Rusia, Reino Unido y Bélgica.

A nivel mundial, hay causas comunes. Los tipos bajos es el factor determinante, pero la pandemia también ha cambiado muchas dinámicas. Las ayudas y cheques sociales de países europeos y Estados Unidos están detrás de la mayor capacidad monetaria de muchos hogares, y después muchos ciudadanos se han replanteado sus prioridades en el hogar (si tal vez no necesitan casas con más espacio y a las afueras de los grandes núcleos urbanos) o incluso en el caso de ciertos teletrabajadores si no podrían mudarse. Según The Wall Street Journal, la mayoría de compras a nivel mundial siguen estando impulsadas por la demanda real en lugar y no por la especulación, lo que alejaría el diagnóstico al de una nueva recesión mundial, si acaso vigilando zonas calientes concretas.

Pero también las hay específicas. Nueva Zelanda, donde una política monetaria ultraflexible ha llevado a los costos de los préstamos a mínimos históricos y ha impulsado una avalancha de inversiones de mayor rendimiento, como la propiedad. En Turquía, el llamativo dato tiene un poco de truco: una vez eliminada la inflación, las ganancias se limitan a alrededor del 16%, lo que no quita que estén viviendo un boom de venta y construcción importante.

Hay varios países que intentan enfriar el mercado. Nueva Zelanda ha eliminado los incentivos fiscales para los inversores inmobiliarios y el Gobierno espera que la inflación de los precios de las viviendas se desacelere a solo el 0.9% en junio del próximo año. En Reino Unido el actual Gobierno, conservador, ya habla abiertamente de un mercado "roto". En Australia su primer ministro se comprometió a construir viviendas más asequibles y en Canadá las pasadas elecciones se centraron en saber qué partido político impulsaría las mejores medidas para controlar el precio de la vivienda. El Banco Central Danés, viendo el comportamiento y el endeudamiento de su población, se ha mostrado reacio a mantener los tipos bajos.

La encrucijada de China. Allí llevan un tiempo adoptando de forma tanto local como nacional aplicar distintas medidas de corrección que van desde las restricciones de compraventa o crédito a mayores retenciones de exención de impuestos, pero su capacidad para corregir los precios es muy limitada, la situación es a nivel crediticio demasiado buena y hay una demanda real por pisos en grandes ciudades, donde escasea la construcción, algo de lo que también saben los ciudadanos europeos.

La solución imposible. Como cuentan en un reportaje especial de The Economist, una vivienda cara hace daño a la economía a largo plazo, por ejemplo, por el problema de acceso a las mismas de las nuevas generaciones, que en algunos casos deciden posponer o renunciar a la paternidad y además gastan en alquiler el dinero que podrían hacerlo en otras parcelas de la economía. Pero el sector de propietarios está contento de las subidas de precios porque así ve que su inversión crece y siente que la economía va a mejor, lo que ayuda a la reelección de los candidatos. También incentiva a que esos propietarios, pensando que están en una economía próspera, se animen a pedir más préstamos, que pueden impulsan a la economía pero suponen también un riesgo de deuda personal excesiva que, en caso de pinchar, tal vez no puedan pagar.

Según algunos analistas la medida más efectiva para enfriar el precio de la vivienda sería subir los tipos, pero eso, además de molestar a los inversores, podría provocar ahora un daño crucial en la recuperación económica postpandemia.

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