Un volcán ha entrado en erupción en Islandia. Y lo han convertido en una atracción turística

Un volcán ha entrado en erupción en Islandia. Y lo han convertido en una atracción turística
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Islandia es una utopía hecha realidad. Un país muy diferentes al resto de Europa, repleto de gente muy civilizada y que sobre todo cuenta con uno de los paisaje naturales más espectaculares del planeta. ¿Y qué llama especialmente la atención? Los volcanes. Que uno de ellos entre en erupción es poco o nada común. Pasa cada cierto tiempo y supone todo un fenómeno en Internet. Los medios se llenan de fotografías que parecen sacadas de El Señor de los Anillos y las redes sociales contemplan boquiabiertos cómo la naturaleza nos deleita con semejante maravilla paisajística.

El último volcán en erupcionar ha sido el monte Fagradalsfjall, en Islandia, a pocos kilómetros de la capital, Reykjavik. La lava comenzó a brotar a través de una pequeña grieta en el monte hace unos días, convirtiéndose en la primera erupción de este tipo en más de 800 años, según los expertos. En realidad no se parece en nada a la erupción en 2010 del volcán Eyjafjallajokull en el mismo país, que arrojó tanta ceniza que dejó en tierra a cientos de vuelos en diferentes partes de Europa durante semanas.

No obstante, las imágenes que nos llegan son impresionantes. Solo hace falta ver la tierra carbonizada, los ríos de lava rojiza y las nubes que se forman alrededor en una escena casi apocalíptica. Los islandeses se habían estado preparando para la erupción durante varias semanas, después de que la nación insular registrara más de 50.000 terremotos recientes. La zona fue, como todos esperaban, bloqueada al público. Pero desde el sábado por la tarde se permitió a las personas hacer trekking por el lugar. Y ha sido una gozada para los visitantes, ya que la actividad volcánica suele ocurrir en lugares bastante remotos. Pero en esta ocasión, el monte Fagradalsfjall se encuentra a solo unos 40 kilómetros de la capital, y se puede acceder fácilmente mediante una caminata de 30 minutos.

 

Pese a las alertas de altos niveles de contaminación por gas, este volcán que ha despertado de su largo sueño se ha convertido en un verdadero imán turístico. Miles de excursionistas han acudido en masa a contemplar su espectáculo. Una cuenta de Instagram recoge las fotos de la gente posando frente a la lava. Algunos incluso lograron asar malvaviscos y perritos calientes sobre la lava fría. "Es absolutamente impresionante", decía un excursionista. "Huele bastante mal. Para mí lo que me sorprendió fueron los colores de la naranja: mucho, mucho más profundos de lo que uno esperaría", agregaba otro montañero. Los ingenieros de RÚV, incluso, han colado una cámara web que ahora está transmitiendo en vivo desde Fagradalsfjall, frente a Geldingadalur, durante 24 horas al día para que la gente pueda disfrutarlo desde casa.

La emoción se vivía. Incluso la famosa cantante Bjork se pasó por la zona para grabar un vídeo y hacerse una sesión de fotos. Más tarde publicaba en su cuenta de Instagram: “¡¡SÍ!! ¡¡Erupción!! ¡En Islandia estamos tan emocionados! ¡¡Aún lo tenemos !!! Sensación de alivio cuando la naturaleza se expresa !!!” Como ella, cientos de turistas y excursionistas locales se agolpaban en las laderas volcánicas armados con sus teléfonos móviles.

 

 

Hay una larga historia de actividad volcánica en Islandia, que tiene más de 30 volcanes activos. El país se extiende a ambos lados de dos placas tectónicas, que a su vez están divididas por una cadena montañosa submarina que rezuma roca caliente fundida o magma. Los terremotos ocurren cuando el magma atraviesa las placas. Los científicos ahora se están preparando para lo que podrían ser décadas de mayor actividad: han observado que los volcanes en el suroeste de Islandia se activan aproximadamente cada 800 años, y que las erupciones pueden ocurrir durante 200 años.

El auge del turismo volcánico y cómo recuperar visitantes

Una investigación publicada por la británica Royal Geographical Society revelaba el crecimiento que ha registrado el turismo volcánico en las últimas décadas. La autora, la geógrafa Amy Donovan, se centraba en el caso islandés, donde los locales ya hablan de una “erupción turística”. La doctora alertaba de que aunque los turistas suponen una importante fuente de ingresos para el país, también son un gran quebradero de cabeza para las autoridades locales, incapaces de evitar que se produzcan accidentes a pesar de sus esfuerzos y advertencias. La geóloga pone el ejemplo de dos turistas sin la equipación ni la preparación suficientes que se perdieron y murieron congelados en el glaciar del Mýrdalsjökull, de camino al volcán Katla.

 

Desde la antigüedad, los volcanes han ejercido una gran atracción sobre los humanos. Pero todo lo que tienen de atractivos lo tienen de peligrosos, advierte el experto. Son lugares donde es fácil que haya fatalidades. Además de corrientes de lava, los volcanes expulsan gases muy tóxicos y rocas fundidas, que se encuentran a unos 2.000 grados de temperatura.

La pequeña isla se convirtió a mediados de la pasada década en el símbolo del turismo masivo, de sus gigantescos beneficios y de sus descomunales perjuicios. Lo hemos contado en Magnet. En su punto álgido, Islandia recibía más de 2,3 millones de turistas internacionales, siete veces más que su escueta población. Un maná para el comercio turístico, una amenaza sobre su entorno natural y un modelo económico que parasitaba la vida normal del país. Desde que comenzó la pandemia, se ha registrado una caída del 65% de ese turismo, que se habría traducido en pérdidas equivalentes a los €385 millones.

Un problema para los miles de negocios dependientes de ellos, pero una oportunidad para repensar la relación del país con el turismo. ¿Cómo? Sustituyendo cantidad por calidad. Cribando al tipo de visitante. El gobierno trabaja en un permiso de residencia temporal (seis meses) que habilitaría a quien lo deseara a disfrutar sin cortapisas de las maravillas de Islandia. A instalarse allí durante un tiempo. Eso sí, con dinero. Un turismo, digamos, más elitista.

Pero con la llegada de la vacuna, la pequeña isla atlántica ha entendido que puede segregar a los turistas europeos de otra manera: en función de si pueden acreditar su vacunación completa con una de las tres soluciones aprobadas por la Agencia Europea del Medicamento. Ya ha abierto sus puertas a los ciudadanos estadounidenses o británicos agraciados con la inmunización. La idea de Islandia es entonces reactivar la economía minimizando los riesgos sanitarios.

Todo esto nos lleva a una una clara contradicción, la que ahora moldea la vida económica y social del país: por un lado temen la sobreexplotación del turismo y por otro lo necesitan con urgencia.

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