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Cómo serían las pelis de Isabel Coixet si las hubiese dirigido Michael Bay (y viceversa)

Cómo serían las pelis de Isabel Coixet si las hubiese dirigido Michael Bay (y viceversa)
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Cuando pensamos en remakes lo primero que se nos viene a la cabeza son los blockbusters. Y es comprensible, no hace falta más que mirar algunos de los últimos lanzamientos en taquilla (Jurassic World, Cazafantasmas, Tortugas Ninja) para certificar que es en ese contexto donde Hollywood demuestra con más ahínco su capacidad para reciclarse y fagocitarse a sí mismo. Pero lo cierto es que no es sólo ese cine el que nos ha dado propuestas de revisiones de un título anterior. En el cine, pongamos, más autoral, esto también ocurre.

Ahí están, por ejemplo, la versión de Psicosis (la famosa película de Hitchcock) de Gus Van Sant. También la recreación de The Wicker Man que corrió a cargo de Neil LaBute. Pero con esta idea en la cabeza hemos querido jugar a mezclar las dos visiones autorales más opuestas que nos hayamos encontrado jamás. Y así ha nacido esta propuesta: ¿cómo serían las pelis de Isabel Coixet si las hubiese dirigido Michael Bay… y viceversa?

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Sí, si ya es difícil imaginarse en una misma habitación al maestro del setpiece esquizofrénico junto a una creadora tan centrada en lo emocional, mucho más allá iría un posible trasvase creativo, un ejercicio en el que cada una de estas mentes tuviese que adaptar su lenguaje audiovisual al universo del contrario.

Pero merece la pena pensarlo porque, aunque pueden ser en apariencia dos conceptos de la experiencia cinematográfica completamente opuestos (una con esa imbatible capacidad de explorar las emociones que tiene sin miedo a lanzarse al vacío, el otro para convertir el ruido y la violencia el centro mismo de la existencia), hay algo que les une: hacer del tour de force (emocional o pirotécnico, interno o externo) una máxima a perseguir en sus filmes. La épica vista desde lo íntimo y lo público. El corazón también es un músculo.

Resumiendo, si Coixet se valiese de Bay para inspirarse y si Bay se sumergiese en los textos de Coixet podría producirse una revolución visual. O también un absoluto despropósito completamente imprescindible. Vamos a verlo.

Dos policías rebeldes, por Isabel Coixet

2polisrebeldes Coixet

Importante papelón: imagina tener que adaptar la película que puso a un cineasta en el mapa, una obra hecha con tan altas dosis de comedia y que absolutamente todo el mundo ama. Vale, siguiendo el esquema inicial, el de hacer una cinta de acción adaptada a los esquemas del videoclip del momento, la única posibilidad que le queda a la directora catalana es contratar a Hannah Lux-Davis para que se encargue de la realización y a Kendrick Lamar para sustituir esa banda sonora de Warren G y 2Pac. ¿Saldría el tema de Ferguson? Saldría el tema de Ferguson.

Elegy, por Michael Bay

Elegy Bay

Ok, ¿sabes de esos personajes absolutamente estereotipados que aparecen unos microsegundos en algunas películas de Bay? Ahora imagina lo que el director de La Roca podría hacer con un argumento que consiste en una ardiente estudiante hispana de sedosa cabellera morena seduciendo a un carismático profesor cultureta.

Philip Roth puede irse olvidando, una comedia romántica con un director que no tendría piedad con los clichés es justo lo que necesita un encargo hollywoodiense como Elegy. Podemos contar con que el bueno de Bay no sería benevolente con la estudiante juguetona e inquieta ni con el escritor lleno de pedantería, sesentón y calvo. Al final lo mismo no se resiste y mete alguna subtrama criminal por la cual los del DAESH intentan poner una bomba en el MoMa mientras está teniendo lugar una performance de Marina Abrahmovich y los protas, como representantes del jipiprogresismo, hacen todo lo posible por evitarlo mientras de fondo suena Claire de Lune de Debussy.

Dolor y Dinero, por Isabel Coixet

Dolorydinero Coixet

Siendo un poco malos, podemos aventurarnos a que la Dolor y Dinero dirigida por Coixet también sería comedia, como la de Bay, pero en este caso sería involuntaria. Veríamos otra vez aparecer el cartel de “basado en hechos reales” como vimos en las alocadas aventuras de The Rock y otros tres patanes anabolizados que sobrevaloran sus capacidades. Pero antes que el desarrollo cómico del fracasado plan, estaríamos ante un análisis de las motivaciones y el pasado que ha llevado a estos individuos a ser el hazmerreír del capitalismo moderno.

Aprendiendo a Conducir, por Michael Bay

Aprendiendo Conducir Bay

En una entrevista para Europa Press durante la promoción de la película, Isabel Coixet dijo exactamente que los problemas que tuvo para financiar Aprendiendo a Conducir es que “claro, no estamos hablando de Transformers 17”. No hay mejor indirecta para que Bay tome los mandos y adapte esta historia a su manera. Choque cultural y ‘slice of life’ entre Ben Kisley y Patricia Clarkson mientras intentan aprender a conducir algún tipo de automóvil-dinosaurio que permita la dirección humana. Porque en la mediana edad no sólo hay que aprender a superar los matrimonios fracasados, también a luchar contra los Decepticons de este mundo.

Armageddon, por Isabel Coixet

Armageddon Coixet

Si nos adaptásemos a las normas coixetianas, lo más probable es que, en caso de colisión de megameteorito en la tierra, la situación se parecería bastante a la de nuestra realidad: no podríamos hacer nada para evitar la catástrofe.

Nada de misiones al espacio pero sí mucha tensión emocional con respecto a los hijos. Porque no es lo mismo que la naturaleza sigua el transcurso habitual y sepas que tras tu muerte tus hijos seguirán vivos como contar con que el fin de los días será el mismo para todos. Sí, el propósito último de esta obra sería reflejar el heroísmo por la vía de la impotencia más absoluta; es decir, retratar al Bruce Willis de los 90 abrazado a Liv Tyler llorando desconsoladamente en un sofá justo antes de que reviente todo.

Mi vida sin mí, por Michael Bay

Mi Vida Sin Mi Bay

Cosas que hacer antes de morir: pintarme las uñas. Fumar y beber todo lo que quiera. Escribirle una encendida carta a Obama pormenorizando todos los errores en su política multiculturalista y antiblancos y que con suerte sea leída en antena por Glenn Beck. Comprarme una minigun y gastar todas las balas disparando al infinito o a ser posible contra peleles vestidos de insurgentes islámicos. Y, qué demonios, desaparecer de este mundo a los mandos de un helicóptero del gobierno mientras el gigante rojo se va escondiendo más allá de las colinas en algún valle de Texas.

Todos los pósters son readaptaciones ideadas por el ilustrador Víctor J. G. Gómez.

Y oye, si se te ocurre una versión mejor de las aquí planteadas, no dudes en dejarla en los comentarios. Quién sabe, puede que los directores acaben leyendo esto.

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