La corrección política (esta vez sí) ha logrado que @WorldWarBot borre a un país del mapa: Níger

La corrección política (esta vez sí) ha logrado que @WorldWarBot borre a un país del mapa: Níger
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España se prendó hace dos años de @WorldWarBot, una cuenta de Twitter automatizada donde los países compiten aleatoriamente entre sí por la hegemonía mundial. En una de sus primeras ediciones, el juego resultó muy favorable a España, capaz de conquistar Europa y África en un santiamén y de rivalizar con otras grandes potencias como Paraguay o Zimbabwe. Como quiera que tendemos a la chirigota, aquel Risk sin orden ni concierto despertó un patriotismo irónico muy divertido. España conquistó el mundo y todos nos olvidamos de su existencia.

Todos menos los creadores de @WorldWarBot, claro. La cuenta ha seguido generando guerras mundiales desde entonces, cada una con resultado dispar. Más allá del chiste un aspecto ha llamado la atención de sus seguidores con regularidad: de tanto en cuanto, algún país africano se enfrenta a otro llamado "[REDACTED]", traducido aproximadamente como "censurado". Un ejemplo reciente, del 28 de abril: "Noviembre de 2029, [CENSURADO] conquista el territorio de Nigeria. Nigeria ha sido completamente derrotada".

Observando el mapa es sencillo adivinar a qué país se refiere. Níger. ¿Pero cuál es el motivo de la censura exactamente?

El origen del problema se remonta a 2019, cuando la cuenta en Facebook del bot publicó por primera vez la palabra "Níger" en su perfil. Los moderadores de contenido de la plataforma arquearon una ceja. Níger se parecía sospechosamente a "nigger", la palabra con mayor carga política del idioma inglés. Ajeno a la lógica más elemental (poca culpa tienen los habitantes de Níger de vivir en un país aposentado sobre el cauce del río de mismo nombre), el mecanismo de censura de Facebook sustituyó la palabra por "[REDACTED]". Twitter llegó un poquito después. Hoy es imposible encontrar a "Níger" en su historial de publicaciones.

El asunto ha causado toda clase de chistes y críticas entre sus seguidores, como es lógico. "Redacted conquered redactedia", bromea uno en referencia a Nigeria. Controversia agravada por el aparente buen hacer de Níger en el juego, ya encaminada a convertirse en la potencia hegemónica de África. Cada vez que gana una batalla las menciones de @WorldWatBot se disparan. "[REDACTED] nacionalism", se chotea un usuario. "It's pronounced nee-zhere, [niːˈʒɛɚ]", sugiere otro. "I salute to the glorious country of [REDACTED]", sentencia otro más.

¿Qué sentido tiene todo esto? Ninguno, como es evidente, pero sí tiene una explicación. Como muchos lectores sabrán, "nigger" es una de las palabras más explosivas del vocabulario estadounidense. En su origen era utilizada por los esclavistas para referirse despectivamente a los afroamericanos de las plantaciones. "Nigger" proviene de "Negro", palabra de uso corriente hasta mediados del siglo XX. La carga peyorativa de "nigger" jamás se evaporó. Si acaso, se duplicó durante los años de la Reconstrucción y posteriores, como un eterno recordatorio de la posición subordinada que los afroamericanos siempre tendrían en la sociedad estadounidense.

El celo en su uso es más que comprensible. Durante muchas décadas "nigger" sirvió para derogar el estatus de la comunidad negra en Estados Unidos. Funcionaba como sinónimo de "esclavo", de ciudadano inferior, como una herramienta de deshumanización en un país construido sobre desigualdades racistas y violencia contra las minorías. Durante la segunda mitad del siglo XX, en coincidencia con el movimiento por los derechos civiles, "nigger" se convirtió en un tabú. Uno muy disputado por la comunidad negra y arrinconado a los confines del lenguaje.

Censurado Dos

Hoy la palabra está más allá de la censura. Es más conocida como la "N-word", la "palabra N", por la imposibilidad social de pronunciarla sin caer en el oprobio mediático. Cualquier blanco que la utilice afronta una severa pena reputacional, aunque lo haga de forma humorística o irónica. La censura no opera del mismo modo para los afroamericanos, aunque de un tiempo a esta parte cada vez más: cuando Michael Che, presentador de Saturday Night Live, la pronunció en una de las secciones de programa se montó un pequeño escándalo. Pese a que Che es negro.

Cuando David Chappelle emitió un sketch en el que interpretaba a un ciudadano negro ciego ajeno a su condición racial, y extraordinariamente racista en el camino, Comedy Central tuvo que advertir a sus telespectadores que la "N-word" estaba a punto de pronunciarse en varias ocasiones. Ejemplos así los hay a raudales. En este otro sketch un hombre blanco y uno negro mantienen una airada disputa. Cuando el hombre blanco quiere dirigirse al negro como "nigger" utiliza a otro afroamericano. No significa lo mismo de un blanco hacia un negro (derogativo, racista) que de un negro a un negro (camaradería).

Esta última distinción es importante. La palabra no significa lo mismo pronunciada por un blanco que por un negro. Durante las últimas décadas, la comunidad afroamericana se la ha reapropiado hasta convertirla en un apelativo cariñoso. Pero sólo si se usa dentro de la comunidad. "Nigger" significa y ha significado muchas cosas distintas en función del tiempo, del lugar y del sujeto que la emplea. Pero la censura se ha estrechado, llegando a ser excluida de la jerga utilizada en los campus universitarios (para protesta de algunos profesores negros que han dedicado parte de su carrera académica, precisamente, a estudiar la palabra de marras).

Como se trata de una cuestión peliaguda y resbaladiza, una que apunta además al conflicto político y racial que ha vertebrado (para mal) la historia de Estados Unidos, medios de comunicación y redes sociales han optado por censurarla. Este mismo año Edison Cavani vio como censuraban una de sus publicaciones en las que llamaba "negrito" de forma cariñosa a uno de sus amigos (en Uruguay es un apelativo informal; "nigger" es un fenómeno exclusivamente anglosajón).  Una censura gruesa, dado que las sutilezas siempre se prestan a malentendidos.

Y en ese impás Níger, el país, no la palabra, ha sido una víctima colateral de la convulsa historia estadounidense y de las guerras culturales dele presente. [REDACTED] ha llegado para quedarse como una de las víctimas más notorias de la corrección política.

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