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Estos son los 20 peores segundos de toda la historia del fútbol

Estos son los 20 peores segundos de toda la historia del fútbol
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Fútbol, noble arte del balompié, épico encuentro entre veintidós gladiadores de la hierba, deporte venerable con centenares de años a sus espaldas, fiebre de las masas, reino de la pasión, etcétera.

Cierto es que bien jugado y planteado el fútbol alcanza cotas de poesía visual en pocas ocasiones igualada. Sin embargo, son las menos: en la mayor parte de las ocasiones y de las categorías, el fútbol es un deporte que se deleita en el tedio, que premia la cobardía y la mediocridad y que tiende a acaparar talentos (y pies) torcidos. La brillantez es ocasional.

Conscientes de ello, la revista italiana l’Ulitmo Uomo decidió iniciar la búsqueda de los veinte peores segundos jamás jugados en la historia del deporte, en un retrato mucho más fidedigno de la realidad diaria del fútbol que los vídeos recopilatorios de Maradona. ¿Y cuál fue el resultado tras sesudas deliberaciones? Este cuarto de minuto disputado entre el Manchester City y el Queen Parks Rangers en 1993.

No se necesitan muchas palabras, la jugada es desternillante desde su inicio hasta su final.

Se inicia en un córner, único y último ejercicio futbolístico bien ejecutado. A partir de ahí, una sucesión de desastrosas calamidades: un balón mal peinado, un remate con la espinilla, un despeje que camina hacia atrás, un defensa que regatea a delanteros en dirección a su portería, una mala cesión, un terrorífico centro, un portero chanante y dos, dos remates inexplicables.

En fin, tamaño espanto futbolístico bebía de aquella época y de aquel lugar: a principios de los años noventa la era dorada del fútbol inglés había quedado muy atrás en el tiempo. La prohibición de competir en Europa tras la tragedia de Heysel provocó una degradación general de la competición doméstica inglesa, y su fútbol se resintió pese a las relativamente positivas actuaciones de la selección en 1990 y 1996.

El Manchester City, de hecho, representaba a la perfección aquel fútbol tosco, rudimentario y poco apegado al caracoleo técnico que se transformaría en las décadas subsiguientes. Hoy, ese mismo City es un equipo plagado de estrellas internacionales que despliega un fútbol aún físico, pero también eminentemente táctico y engrasado, con mayor apego al balón. Aquellos barros quedan muy atrás, y hoy los lodos, dinero mediante, son muy distintos.

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