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Hola, chándal; adiós, tostadas de aguacate: la estética "unfluencer" se ha adueñado de Instagram

Hola, chándal; adiós, tostadas de aguacate: la estética "unfluencer" se ha adueñado de Instagram
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La permeabilidad del contenido y la estética de Instagram parece estar llegando a su fin y hay quienes ya hablan del concepto "unfluencer", es decir, la figura contraria al influencer. El crecimiento estancado de algunos perfiles, la saturación de un estilo de fotografía que parece estar agotado y las tendencias impuestas por las nuevas generaciones son algunas de las variables que más influyen en este nuevo fenómeno.

Unfluencer. Incialmente este término nació como un hashtag en Instagram que recopilaba todas aquellas actitudes que iban en contra de la estética influencer. En él, lo mismo podías encontrarte la típica foto donde se aprecia el brazo del fotógrafo que acompaña a la "unfluencer" en cuestión, que montajes fotográficos donde se imita la publicación de una influencer al estilo Kylie Jenner.

Al hilo de esta tendencia,  la revista americana New York dedica un artículo completo a explicar la trayectoria de este fenómeno y se detiene a analizar la paradoja en la que se ha convertido. Y es que, varios de los usuarios que comenzaron publicando este tipo de contenido en Instagram se han convertido precisamente en aquello que satirizaban: influencers.

El fenómeno Katie Sturino. Esta italiana es una de las representantes del movimiento "unfluencer" que nació como una broma interna que se reía de los influencers poniendo el foco en la exageración de sus comportamientos. De hecho, la cuenta de Sturino nació como una colección de collages donde se comparaba el posado de una influencer con el suyo. Es decir, había un punto crítico en su mensaje porque ponía frente al espejo el subtexto de los influencers aportándoles la perspectiva de una persona anónima que no viv de su imagen.

Sin embargo, tal ha sido la repercusión que ha tenido que ahora su cuenta de Instagram es una oda a sí misma, las colaboraciones publicitarias y la promoción de sus propias marcas. Sturino comenzó criticando la industria influencer desde el humor y ahora ha conseguido vivir de ella.

Instagramismo.  En 2017  Lev Manovich publicó un ensayo sobre cómo Instagram estaba influyendo en el significado de la imagen y la cultura contemporánea. Aplicaciones como VSCO Cam que acumulan más de 30 millones de usuarios han establecido unas reglas que han ayudado a perfilar la apariencia de las fotografías de Instagram, que destacan por jugar con los niveles de saturación y contraste. 

Manocvich sostiene que el mero hecho de retocar las imágenes ya supone un cambio en la forma de compartir las experiencias y, por extensión, de cómo configuramos la realidad. Según este ensayo, la estética de Instagram que perpetuamos entre todos los usuarios está haciendo que nuestras vidas se parezcan más a una foto de banco de stock que a una realidad verosímil. Y esto, a su vez, es algo que afecta a las dinámicas de consumo: si en Instagram todo el mundo desayuna tostadas de aguacate, al final, aumenta la venta de los mismos.

No más publicidad. La figura del influencer nació a raíz de que varios usuarios en redes sociales subiesen un contenido diferente o compartiesen un estilo de vida original o fuera de lo habitual. Sin embargo, la homogenización de esta estética y la nueva fama que les ha llegado a muchos ha derivado en que la mayor parte del contenido que comparten es publicidad. ¿Resultado? Cada vez más usuarios consumen este contenido no por inspiración o admiración, sino por la misma curiosidad que lleva a los lectores de la prensa social a comprar el Hola.

Vida sin filtro. En oposición a todo lo anterior, pero sin llegar al punto de satirizarlo, las nuevas generaciones están introduciendo cambios en la forma de comunicarse a través de esta red social. A pesar de que son usuarios recurrentes en el uso de filtros de inteligencia artificial en las stories, las fotografías de la feed se alejan mucho de la estética anterior y dejan paso a un contenido que no busca reflejar la perfección. Suben el contenido directamente desde el smartphone y no pierden tiempo en retocar las fotos. Apuestan por el contenido en bruto que aporte algo diferente a sus seguidores. Un ejemplo de esta tendencia y su posterior éxito es el perfil de la americana Joana Ceddia que acumula más de 600.000 seguidores siendo una persona normal.

Imagen: Joana Ceddia/Instagram

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