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El origen de los enterradores africanos bailando, el meme que ha unido a España en el confinamiento

El origen de los enterradores africanos bailando, el meme que ha unido a España en el confinamiento
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Un fantasma recorre todos los grupos de WhatsApp de España: el fantasma de los enterradores africanos bailando bajo un ataúd.

No hay forma de esquivar su presencia. No existen ya escondrijos públicos o privados donde ignorar su enfermiza coreografía,  su macabro entusiasmo. Allá donde se abra un vídeo estos días sólo aparecen ellos, por más que la imagen previa trate de camuflarlo, por más que el remitente sea un hombre o una mujer de intachable historial. Una nación, un planeta, unida por ellos en el confinamiento.

¿Pero quién son exactamente? Un grupo de seis enterradores provenientes de Ghana cuyo trazo digital se remonta a mediados de la pasada década, y que ha obtenido una popularidad inesperada durante las últimas semanas gracias a un montaje sobre la canción "Astronomia", de Tony Igy, hija de otra tendencia ya felizmente olvidada.

El mecanismo del meme es sencillo, y se encuadra dentro de la amplia categoría humor "fail", situaciones donde un protagonista acomete una misión arriesgada, pongamos una acrobacia de especial dificultad en una pista de esquí, y termina rematadamente mal fruto de su imprudencia y arrogancia, para goce del espectador.

Los vídeos siempre se presentan con situaciones que esconden un acontecimiento incierto y cuya resolución intuimos catastrófica. Tras unos primeros segundos, corta la escena y nos presenta a los verdaderos protagonistas de la historia, los enterradores africanos. Volvemos a la situación cómica y, como era de prever, sale mal. Acto seguido entran los bajos de la canción y aparecen nuestros fúnebres danzarines.

No falla. Una y otra vez. En cualquier tipo de situación. La suma de un humano pifiándola por todo lo alto, hasta su propia muerte, y de los enterradores celebrándolo con su ataúd al hombro, en enfermizo trance, es un chiste inagotable.

De Ghana al resto del mundo

¿Pero de dónde surge algo así, la imagen de seis hombres negros bailando con un ataúd a cuestas, en lo que a todas luces sólo podría suponer una descarada falta de respeto en las sociedades occidentales?

El origen inmediato se encuentra en una serie de vídeos añejos recuperados para mayor gloria pública durante esta primavera. El primero de ellos llegó a YouTube a principios de 2015, y mostraba a nuestros singulares bailarines a lo largo de seis minutos de puro éxtasis funerario. Ataviados con trajes de etiqueta similares a los viralizados más tarde, el grupo animaba un festejo mortuario en la región de Kasoa, en Ghana.

El segundo lo popularizó la BBC dos años después. Un equipo de la televisión británica entabló contacto con los enterradores, liderados por un tal Benjamin, y grabó los recursos clave utilizados posteriormente en el meme. De aquí surge el desfile pausado, la danza psicotrópica y el posado a cámara final con el que habitualmente se presenta a los bailarines en el meme. Son animadores profesionales. Cobran por ello.

Y cobran mucho. En función de la importancia de la persona a enterrar y de los fastos del rito, los funerales en Ghana pueden exceder los $15.000. El país cuenta con una rica tradición de entierros absolutamente desproporcionados y multitudinarios, en los que no es infrecuente la presencia de miles de personas o su prolongación a lo largo de varios días (se suelen celebrar los sábados).

La explicación se halla en el carácter dual de las ceremonias.

Son a un tiempo una despedida y una celebración de la vida del difunto. Es algo que ha cobrado más y más importancia a lo largo de las últimas cuatro décadas, como explica este estudio. La sociedad ghanesa (en concreto los akan, la etnia mayoritaria del sur del país) siempre había dado gran importancia pública a los entierros. Poco a poco se han convertido en acontecimientos de gran importancia y fastuoso contenido.

Los enterradores ofrecen un espectáculo impactante, pero no son el único elemento que engalana los funerales. Los ataúdes también juegan un rol fundamental. Es habitual que adopten formas relacionadas con la personalidad, los intereses o la profesión de los fallecidos. Así, como relataba este reportaje gráfico de la BBC en 2018, no es extraño toparse con féretros en forma de pimiento, Mercedes-Benz o vivienda.

Al igual que en el caso de los bailes, los extravagantes ataúdes beben de costumbres históricas (los palanquines figurativos empleados a modo de literas de transporte, utilizados sobre todo por las clases dirigentes del país) y han cobrado una importancia creciente durante los últimos años. Hay incluso un taller de carpintería, el Kane Kwei, reputado en toda la región por su fino trabajo artesanal.

La popularización total

Su proceso de viralización ha sido lento. Desde aquel vídeo primitivo volcado en YouTube hace cinco años ha llovido mucho. Los enterradores africanos llevan años ahí, con nosotros, pero no ha sido hasta su asociación con una canción concreta cuando se han convertido en el equivalente audiovisual del ya inolvidable "negro del WhatsApp", cebo que pobló todos los grupos de España hace dos años.

En 2019, una variante aún más ¿divertida? de su coreografía se popularizó en Facebook. Aquel vídeo mostraba a otro grupo de animadores portando un ataúd, pero volcándolo a mitad de camino y desperdigando su contenido (sí, el propio fallecido) frente a centenares de personas.

Fue esta pieza y no la que finalmente ha conquistado el firmamento de la viralidad la que sirvió para el primer meme, uno subido a TikTok el pasado 26 de febrero por @lawyer_ggmu. Lo explica con más detalle Know Your Meme. El vídeo mostraba a un esquiador tratando de cuadrar un salto complejo, perdiendo el control en el camino y deslomándose previsiblemente al otro lado del montículo de nieve.

Cuando su empresa se convierte en un fracaso quienes aparecen son los enterradores. Pero los enterradores igualmente fracasados.

El vídeo recibió más de 4,5 millones de visitas y 474.000 likes en apenas un mes, y espoleó una cadena de réplicas a lo largo de las semanas siguientes. No pasó demasiado tiempo hasta que otros usuarios optaron por el vídeo de la BBC, bastante más cómico por el posado inicial de los bailarines, en vez del subido originalmente a Facebook. El posado de los enterradores, desafiantes frente a la cámara, le otorgaba un nivel superior.

El 14 de marzo, otro usuario, @.minh_hieu, subía una versión que alcanzaba las 7 millones de visualizaciones. Para entonces el magma creativo de TikTok ya había tomado el resto de redes sociales, pobladas por usuarios menos activos en la gestación de memes pero claves en su difusión. Así, paso a paso, WhatsApp se convirtió en un repositorio temporal de animadores ghaneses bailando bajo un ataúd, miles y miles de vídeos unidos por un sólo denominador común.

El entusiasmo del meme lo ha convertido, en silencio y lejos de todos los focos mediáticos, en el auténtico hilo conductor de un confinamiento que todos los españoles estamos viviendo al unísono, en una de las escasas experiencias realmente universales del siglo XXI. Una universalidad acentuada por los enterradores africanos del WhatsApp y su infinita capacidad de reproducción.

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