Retretes inclinados 13º grados para que cagues incómodo, la última tendencia en tortura laboral

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Su nombre es Mahabir Gill y tiene un serio problema con el tiempo que pasas sobre la taza del váter depositando tus necesidades. Tan serio, a su juicio, que ha revolucionado la forma del retrete sólo para que, pasados los primeros cinco minutos, comiences a sufrir. Gill es el creador del "Standard Toilet", un inodoro ligeramente inclinado, apenas 13º grados, para limitar tus ausencias laborales y disparar tu productividad.

A costa de un enorme sacrificio. Tu comodidad cagando.

¿Qué es? Un invento que hoy copa los medios de comunicación de medio mundo por su aparente originalidad. El retrete de Gill ha sido escogido por la British Toilet Association (sí, existe) como uno de sus modelos predilectos. Al parecer, Gill, ingeniero y consultor durante más de cuarenta años, encontraba terriblemente irritante las desapariciones de sus compañeros en horario de oficina y las largas colas de espera en los baños públicos.

Solución. Consternado por tan grave disrupción del orden cívico, Gill ideó un retrete inclinado 13º grados. Lo justo para reducir las esperas, no tanto como para causar dolor real. Aquellos que se sienten en él percibirán la fuerza de la gravedad a los cinco minutos de posar sus nalgas: "Un ángulo superior causaría mayores problemas. Trece grados no es demasiado molesto, pero querrás levantarte del asiento tan pronto como sea posible".

El dolor, según él, se asemejaría al de una sentadilla sostenida en el tiempo.

Tiempos. Gill, por si acaso, ha patentado cualquier retrete que oscile entre los 13º y los 35º grados, no sea que tus superiores encuentren demasiado laxo el ángulo original. Según sus cálculos, Standard Toilet es capaz de reducir un 30% nuestro tiempo sobre el váter, milagro de la productividad que, tal y como anuncia en su web, ahorraría a las empresas más de €5 millones al año.

¿Fichar? No es suficiente. ¿Una monitorización en circuito de vídeo cerrado? Tampoco. Tu tiempo cagando también es un problema (aunque el trabajador tienda a regalar más horas a su empleado que al contrario).

Modernidad. Nace pues la "patrulla del cagar", como bien ha apuntado Wired. Parte del fenómeno denunciado por Gill surge del advenimiento de los teléfonos inteligentes. Estamos relativamente enganchados a nuestros móviles. El adulto medio pasa más de dos horas y media al día en las redes sociales, para un tiempo total de unas cuatro horas frente a la pantalla. El retrete supone un espacio privilegiado para ello, con su tiempo suspendido y sus espacios diáfanos, sin nada más que hacer.

Más tendencias. El hallazgo de Gill es una paradoja en un momento de la historia en la que el ser humano se está tomando en serio su eficiencia sobre el retrete. Búsquedas de oscuras posturas ancestrales que mejoran nuestro flujo intestinal se han disparado (como la del samurái), y pequeñas invenciones, como Squatty Potty, capaces de generar el ángulo perfecto en nuestro vientre, han disfrutado de éxitos virales.

A sumar a la extensa industria del WC de lujo en Japón, siempre tres pasos por delante de los demás, o al incipiente mercado del váter sostenible (sin derroche de agua).

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