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¿Son ridículos los videoclips? Un tío les quita la música de fondo para que puedas comprobarlo

¿Son ridículos los videoclips? Un tío les quita la música de fondo para que puedas comprobarlo
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La música puede afectar a nuestra percepción de la realidad, atacar a nuestra consciencia. Nadie se pondría a bailar sin el contagio musical. Es más, cuando hemos visto discotecas sin sonido ambiente, de esas en las que las melodías sólo se escuchan a través de cascos personales, la imagen es bastante absurda.

Tal vez fue esa idea la que empujó al videocreador Mario Wienerroither a plantearse la cara B de los momentos más adulterados en todo el mundo de la música: los videoclips. Porque sí, queda maravilloso ver a Rihanna, a Britney Spears contornearse al ritmo de sus últimos hits haciendo extraños aspavientos o acompañando con su cuerpo una tonada triste. Ahora bien, es bajarle la música intradiegética a los videos y que todo de mucha, mucha risa.

Empezamos con Miley Cirus. En Adore You le cantaba al amor de su vida una íntima balada entre sábanas blancas y virginales. Bajamos el audio y lo que nos queda es, bueno, una chica un poco mamarracha retorciéndose de ganas de echar un polvo que no llega.

Saltamos a Lady Gaga. Esa gata sobre el tejado en un escenario ochentero preparado para dar rienda suelta al smooth jazz se convierte, sin la música de The Edge of Glory, en una clase de gimnasia para mujeres horteras y desequilibradas (¿a qué viene eso de beber del suelo, Angelina Germanotta?). Al menos el saxo le pone un poco de color al final de su actuación.

Y lo mismo para Britney Spears, Rihanna, Eminem o incluso los Beatles. Todos tienen algo grande que ofrecernos en sus videos amusicales. Lo que Wienerroither consigue con sus videos es mostrarnos el patetismo al que seguro deben enfrentarse los artistas cuando tienen que representar alguna de estas minipelículas.

Pero tan absurdo como los videos musicales pueden ser otras ficciones. Las posibilidades de morirse del asco o de la vergüenza sólo con quitarle el sonido a la clase de alfarería más popular de la historia son altísimas. Lo advertimos: son dos minutos muy difíciles de soportar.

Wienerroither, especializado ya en el arte del montaje semi mudo, también se ha atrevido con el primer debate presidencial de estas elecciones. Sí, puede que los cantantes tengan que mantener el tipo de manera habitual en entornos de irrealidad, pero cualquier famoso puede enfrentarse a ese abismo.

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