En su legendario mal perder, Francia ha querido impugnar Eurovisión por consumo de cocaína

En su legendario mal perder, Francia ha querido impugnar Eurovisión por consumo de cocaína
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Francia es un país acostumbrado a narrarse desde la magnificencia. No importa que su relato tenga poca relación con los hechos sobre el terreno. Lo que importa es la grandeur, la imagen aún perenne en el imaginario europeo de que toda la civilización moderna comienza y termina en Francia. Tales aires se suelen traducir en una difícil digestión de la derrota. ¿El inglés como lingua franca de la Unión Europea? Por encima de su cadáver. ¿Una paz consensuada donde todas las potencias, derrotadas o vencidas, asuman su parte de responsabilidad? Ni hablar.

Hoy tenemos un nuevo ejemplo.

La decepción. Como tantas otras historias producidas por Francia durante los últimos 150 años, la de hoy también comienza con una derrota. La que protagonizó su enviada a Eurovisión, Barbara Pravi, frente a un desarrapado grupo de italianos llamado Måneskin. Pravi era una de las favoritas a llevarse el trofeo. Francia, cuatro décadas sin oler premio, había depositado grandes esperanzas en su artista. Sucedió que Europa quedó encandilada con la irreverencia de Damiano David, un guapísimo italiano heredero de las mejores enseñanzas del glam rock.

Tras una votación ajustadísima, ganó Italia.

La celebración. Lo que sucedió a continuación fue muy divertido. En un tiempo en el que el rock parece condenado al ostracismo, David hizo algo extremadamente rockero: provocó. Simuló que esnifaba una raya de cocaína cuando las cámaras le apuntaban. Las imágenes no son claras. Agacha la cabeza con el antebrazo apoyado sobre la mesa, pero un objeto decorativo impide ver qué sucede. El gesto colmó la indignación de los puristas. ¿Cómo era posible que un hombre abiertamente andrógino, sumido en el vicio, se hubiera impuesto a Pravi, paradigma de la francesidad?

El trámite. Este debate tan trasnochado fue avivado al día siguiente por el ministro francés para asuntos europeos, Clement Beaune: "Debe haber una total transparencia. Si hay problemas, hay sanciones, incluyendo una potencial descalificación (...) No quiero ser un mal perdedor, pero en términos de imagen no podemos dejar que la gente piense que estas competiciones resulten en este tipo de comportamientos". Dicho de otro modo, la Agencia Mundial Antidopaje, o en su defecto Eurovisión, deberían intervenir en caso de flagrante consumo de sustancias.

Similares palabras emitió Jean-Yves Le Drian, ministro de Exteriores: "Eurovisión es responsable de asegurar el honor de la competición".

La respuesta. Drogas, alcohol, sexo. Terreno abonado para el escándalo en esta nuestra Europa de 1961 2021. En el mismo día el presidente de la televisión francesa matizaba: Italia no había robado la victoria y su corporación "no tenía intención" de apelar. Pero la maquinaria de la indignación ya funcionaba a pleno rendimiento. La EBU, el consorcio de televisiones públicas europeas que organiza el evento, avanzó en la madrugada del domingo que estaba "investigando" el asunto. Måneskin tuvo que negar la mayor frente a la prensa y en sus redes.

El test. Para entonces David y sus compañeros ya tenían un problema de imagen pública. No importaba que el gesto fuera accidental o una broma. Debían hacer algo. El cantante se mostró voluntario el domingo para un test de drogas. "Estamos en contra de las drogas y nunca hemos tomado cocaína", explicarían en un comunicado, "y estamos preparados para someternos a una prueba porque no tenemos nada que ocultar". La prueba se ha realizado hoy y el resultado ha sido... Negativo. "No se utilizaron drogas", explica la EBU, "y consideramos el asunto cerrado".

Francia se tomó demasiado en serio un chiste.

La locura. Entre tanto, David se ha convertido en un auténtico fenómeno de las redes sociales. Circulan a esta hora vídeos de estudiantes de Historia del Arte, especialidad Renacimiento, en los que se utilizan técnicas elementales de perspectiva y profundidad de campo para afirmar que no existió raya de cocaína alguna. David ha trascendido a Eurovisión en los días posteriores al concurso de un modo que no se recordaba desde Conchita Wurst, y por razones similares: allá donde unos vieron escándalo y espanto, otros encontraron personas que rompieron moldes y fronteras mentales.

A tenor de su victoria, más gente opina como los segundos que como los primeros.

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