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700 muertes menos al año: el impacto de las supermanzanas en la salud de Barcelona

700 muertes menos al año: el impacto de las supermanzanas en la salud de Barcelona
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El modelo urbanístico que Barcelona comenzó a impulsar con el barrio de Gracia allá por 2010 es hoy una de las razones por las que la ciudad condal saca pecho en materia de movilidad ciudadana. Un reciente estudio ha confirmado que de completarse el modelo de las supermanzanas podrían evitar 700 muertes prematuras cada año. Como consecuencia, ciudades como Seattle barajan tomar medidas muy similares en sus calles.

700 muertes menos. Un reciente estudio elaborado por investigadores de la Universidad Pompeu Fabra, el Instituto de Epidemología de Madrid o la Universidad de Melbourne, entre otras instituciones ha confirmado que las 503 supermanzanas que el arquitecto Salvador Rueda quiere implantar en Barcelona reducirían las muertes prematuras en 667 casos anuales. Al reducir los niveles de contaminación del aire, este nuevo esquema incrementaría también la esperanza de vida en 200 días por persona y supondría un ahorro económico de 1,7 mil millones de euros.

Aunque las expectativas en torno a este modelo están muy altas, hasta la fecha solo se han podido llevar a cabo 5 supermanzanas de las 503 totales que recoge el proyecto y, antes de las elecciones del pasado mes de mayo, el gobierno local dejó planificada la instauración de otras 3 más (Dreta de l’Eixample, la Esquerra de l’Eixample y Sant Gervasi de Cassoles).

Supermanzanas. La iniciativa impulsada por BCNecologia a través del ayuntamiento de Barcelona continúa dando pasos al frente para lograr su objetivo: poner en marcha 503 supermanzanas. La reurbanización hasta el momento ha afectado a calles de barrios como Poblenou, Sant Antoni, Horta, Gràcia, Les Corts y Sants. En estos espacios de 400 por 400 metros se reduce al mínimo el tráfico motorizado y el aparcamiento en superficie. ¿Resultado? Peatones y bicicletas recuperan un espacio relegado al automóvil durante décadas.

El desglose de esas 667 muertes que estiman que se reducirían quedaría de la siguiente forma: la mejora de la calidad del aire ahorraría 291 fallecimientos relacionados con esta causa, otras 163 motivadas por la contaminación acústica y 117 vinculadas a los efectos que producen las islas de calor urbanas. A pesar del optimismo de estas cifras, el estudio no es del todo claro en el número exacto de muertes. Es decir, la cifra que se utiliza para subrayar el impacto en el apartado de destacados son los 700 muertos, pero después el desglose ubicado en cuerpo del texto habla de 667 defunciones menos,

¿La causa? Según la investigación anterior, la implementación de este nuevo sistema urbanístico mejoraría sustancialmente la calidad del aire. Esto se traduce en que los niveles de NO2 se reducirían en un 24%, pasando de los 47 ug/m3 a 36 ug/m3 y cumpliendo así con el máximo recomendado por la OMS (40 ug/m3). Del mismo modo, la contaminación acústica se reduciría un 5,4% llegando a un máximo de 51db (4 puntos menos que en el presente). Sin embargo, las buenas previsiones del estudio no solo están vinculadas con estos parámetros, sino que también se estima que los espacios verdes que colonizan las nuevas supermanzanas podrían evitar otras 60 defunciones.

10.000 muertes anuales. En el lado opuesto de la estadística, la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica cifra en 10.000 el número de defunciones vinculadas con la contaminación, un dato que se queda en pañales si lo comparamos con las 1.700 muertes que se producen anualmente en accidentes de tráfico. Si, además, tenemos en cuenta que según la OMS el 92% de la población mundial respira aire insalubre, no resulta tan sorprendente que la contaminación sea la 4º causa de muerte a nivel global. 

Tendencia. La idea de las supermanzanas no es nueva ni mucho menos. Su arquitecto Salvador Rueda ya la aplicó en el rediseño de Victoria-Gasteiz, ciudad que se alzó con el premio Capital Verde de Europa en 2012 y que ahora es galardonada por la ONU con el título de ciudad más verde del planeta. En esta línea, ciudades como Seattle miran el caso de Barcelona de cerca y debaten sobre la viabilidad de las superislas catalanas en sus calles, mientras que Londres hace sus primeros ensayos con nuevos modelos urbanísticos.

Este último caso es especialmente interesante porque Londres está tratando de poner en marcha, en diferentes distritos de la ciudad, lo que ellos denominan el "pequeño Amsterdam" . ¿Resultado? Un año después de implantar este sistema, los ciudadanos que viven en estas áreas habían caminado y utilizado la bicicleta 41 minutos más al día, que los londinenses que residen fuera de este perímetro experimental.

Imagen: Ayuntamiento de Barcelona 

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