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Los agujeros del Impuesto de Sociedades: cada vez recauda menos mientras la empresas ganan más

Los agujeros del Impuesto de Sociedades: cada vez recauda menos mientras la empresas ganan más
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La escasa recaudación del impuesto de sociedades en España está siendo objeto de debate. Y no es para menos, ya que aunque los beneficios empresariales se han recuperado después de una larga crisis, la recaudación no. De hecho, si desde 1999 hasta ahora los beneficios empresariales se han duplicado en España, la recaudación apenas llega a ser la misma.

Esto hace pensar que tenemos un problema. Las sucesivas reformas del impuesto de sociedades que hemos vivido o bien han generado agujeros por los que las empresas escapan o hay otra razón para la reducida recaudación. Según a quien se escuche se puede pensar que estamos ante un profundo problema legislativo, que ha dejado numerosos agujeros del impuesto de sociedades para que las empresas no paguen lo que les corresponde, o que el impuesto es justo y que simplemente los beneficios empresariales no provienen de donde antes y por tanto no deben ser gravados.

Estos son los motivos por los que recaudamos menos

La imagen está clara. Tal y como apunta el Presidente de la Autoridad Fiscal Independiente, el impuesto de sociedades no sube a pesar de que el beneficio contable de las empresas no para de incrementarse. Y esto es porque en 1999 la base imponible de las empresas (es decir, la parte de los beneficios sobre la que se calculan los impuestos) era prácticamente la misma que el beneficio contable de las mismas, en la actualidad esta base imponible es mucho menor que el beneficio.

Esto quiere decir que a pesar de que las empresas españolas están ganando dinero, no todo este beneficio está sujeto al impuesto de sociedades, mientras que en 1999 sí que era así. ¿Por qué? Hay tres motivos principales.

El primero es la posibilidad de consolidar los resultados empresariales de varias empresas. Es decir, si una empresa es propietaria a su vez de varias empresas y alguna de ellas pierde dinero, estas pérdidas compensan las ganancias de otras para que así la base imponible sea menor. Esta normativa es bastante antigua, pero en 2014 se clarificó (para adaptarlo al derecho comunitario) que también se puede aplicar aunque la empresa matriz sea extranjera.

¿Existe un problema aquí? No, la normativa parece justa, si una actividad empresarial quiere dividirse en varias empresas parece normal que se permita hacerlo sin penalizaciones fiscales.

Ministra De Hacienda Cristóbal Montoro, ex-ministro de Hacienda, durante la toma de posesión de la actual ministra del ramo, María Jesús Montero. (GTRES)

El siguiente punto de la ley que permite reducir la base imponible es evitar la doble tributación por repatriación de beneficios vía dividendos de filiales extranjeras. Es decir, si una empresa española tiene una filial extranjera, gana dinero allí y paga impuestos allí, puede traerse los beneficios a España y aquí estos beneficios no pagarán impuestos. De nuevo, esto parece justo. Por un lado existe una corriente muy mayoritaria que lleva años pidiendo que las empresas paguen impuestos donde generan actividad.

En Europa nos quejamos mucho de que empresas como Apple, Google y Facebook, por poner algún ejemplo, tributen sus beneficios en Irlanda, cuando deberían hacerlo en cada país donde generan su actividad. Por otro lado no parece muy racional que las empresas paguen impuestos dos veces por unos beneficios. Este es uno de los principales motivos por los que los beneficios empresariales han subido tanto desde 1999 y en cambio la recaudación no: las empresas españolas ahora son mucho más internacionales y parte de los beneficios (cada vez más) se generan en el extranjero y por tanto pagan impuestos en otros países, no en España.

Ahora bien, este sistema de deducciones por doble tributación tiene también sus fallos. El primero es si realmente las empresas están realmente pagando impuestos fuera de España o no (hay quien apunta que no). Y el segundo es que algunas empresas se aprovechan de estos mecanismos para mover los beneficios a países con tipos impositivos bajos (como Irlanda o Luxemburgo, por poner dos ejemplos dentro de la UE), para luego repatriar los beneficios sin pagar en España.

Apple Irlanda Apple y el resto de grandes tecnológicas se benefician de la no doble imposición. (Mark Lennihan/AP)

El tercer motivo por el que las empresas no parecen pagar los impuestos como antes es que hay una posibilidad, denominada deducción por bases imponibles negativas, que permite a las empresas compensar los beneficios actuales con pérdidas anteriores. Es decir, si una empresa pierde este año 100 y el próximo año gana 100, se compensan entre sí y el próximo año no pagará impuesto de sociedades (es un ejemplo, la normativa pone límites a cómo y cuánto se pueden compensar). La idea parece justa, sobre todo para negocios donde los beneficios no son constantes.

Pero en el fondo todo es complicado: ¿por qué las personas físicas no podemos hacerlo (sí que podemos, pero solo en las rentas del capital)? ¿Por qué a los bancos se les ha dado un régimen tan favorable de bases imponibles negativas que pueden meter ahí no solo las pérdidas sino también provisiones y aportaciones a fondos de pensiones de sus empleados?

Lo cierto es que la crisis de los últimos años ha dejado un gran fondo de bases imponibles negativas, solo en empresas del IBEX35 se estima que de 100.000 millones de euros, con lo que las empresas dejarán de pagar unos 25.000 millones de euros en impuestos en los próximos años.

La competencia fiscal entre países

La realidad siempre es compleja. Mientras una persona tiene difícil o muy difícil huir de un sistema fiscal estricto, las empresas (sobre todo las exitosas, las que ganan mucho dinero y que por tanto son las que más aportan al Impuesto de Sociedades) lo tienen fácil. Por tanto se ha creado con el tiempo una competencia fiscal entre países que hace difícil endurecer el sistema fiscal. El tipo oficial del Impuesto de Sociedades ha bajado en todo el mundo. Sin ir más lejos en España hemos pasado del 35% al 25% en apenas dos décadas.

Pero como hemos visto esto no explica la bajada de recaudación (solo en parte), sino el gran desacoplo entre los beneficios contables y la base imponible.

Google Dublin Los HQ de Google en Dublín. (Ron Cogswell/Flickr)

Si en España se empezara a apretar mucho a las empresas, si se mirara con detenimiento las deducciones por doble imposición, si no se dejara aplicar con manga ancha las bases imponibles negativas quizá muchas empresas volarían a otros países. De hecho en 2016 se cambió la ley para que las empresas aplicaran de forma más pausada las bases imponibles negativas y ya hubo polémica. Por tanto la competencia fiscal es uno de los motivos por el que el impuesto de sociedades ha perdido relevancia en el agregado de recaudación fiscal.

Existe un tipo del Impuesto de Sociedades más bajo que en 1999, hay una gran internacionalización de las empresas españolas (y esa parte internacional no paga impuestos aquí, aunque no está del todo claro que paguen impuestos en algún sitio), ha habido una crisis económica tremenda que ha dejado una gran bolsa de exenciones del impuesto en la actualidad (y una normativa muy favorable a la banca para ayudarla a recuperarse sin que parezca que son ayudas públicas, pero lo son) y todo esto en un mundo donde los países compiten fiscalmente por las empresas.

Este último punto lo marca todo y cualquier reforma debería ser global (o al menos Europea).

El futuro del trabajo

¿Y por qué es importante esta pérdida de relevancia del Impuesto de Sociedades en el agregado de la recaudación fiscal de España? Porque el futuro del trabajo es muy incierto. Hay muchos expertos que preveen que la automatización, vía inteligencia artificial, va a diezmar la necesidad de trabajadores en el futuro.

Con empresas más automatizadas habrá menos empleo. Esto hará que la recaudación por IRPF se desplome, y seguramente la de IVA también. Por tanto, o las empresas pagan más impuestos o el Estado del Bienestar no es sostenible.

¿Cuál es la solución a todo esto? ¿Se puede frenar la competencia entre países? ¿Y al desvío de beneficios entre países buscando la configuración más óptima? ¿Podrá frenarse la bajada de recaudación por el menor empleo? Son muchos retos los que hay entre manos, y aunque ya hay algunas soluciones propuestas (el impuesto a los robots o el impuesto por facturación en lugar de por beneficios) tienen también sus inconvenientes.

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