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El amor romántico, asignatura universitaria: la idea de China para la crisis emocional de sus jóvenes

El amor romántico, asignatura universitaria: la idea de China para la crisis emocional de sus jóvenes
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Antaño potencia poblacional del mundo, China afronta una larga decadencia demográfica. Su tiempo aún no ha llegado. Sigue siendo el país más poblado del planeta. Pero sus patrones de envejecimiento y sus menguantes tasas de natalidad no engañan. Al término del siglo, los habitantes de China se parecerán más a los envejecidos y poco fértiles europeos que a los más pujantes y jóvenes de Nigeria o la India, para entonces el país más numeroso. Un problema del que el gobierno es consciente.

Ideas. De un tiempo a esta parte el Partido Comunista se ha propuesto atajar los comportamientos poco provechosos de sus ciudadanos en materia demográfica. Un ejemplo lo tenemos en la conferencia que celebra estos días en la capital: además de tratar asuntos geopolíticos de vital importancia, los miembros del aparato estatal también barajan ideas para gestionar mejor las habilidades románticas, emocionales y sexuales de sus ciudadanos. Y qué mejor que educarles sobre ello en las aulas.

Estudios románticos. Tal y como explica Global Times, el órgano de propaganda oficial del régimen, Yu Xinwei, delegada en la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, ha sugerido impartir estudios relacionados con el "emparejamiento, el matrimonio, las relaciones familiares y las relaciones padre-hijo". Los alumnos chinos carecen de "educación emocional", argumenta, e incurren en "excesivos altibajos" sentimentales, llegando a "comportamientos extremos" fruto de sus decepcionantes habilidades interpersonales.

El gobierno ya ha allanado el terreno para promocionar la idea: los suicidios entre estudiantes universitarios despechados emocionalmente habría crecido durante los últimos años; sus capacidades sexuales se habrían desplomado. "Fortalecer el matrimonio y la educación romántica entre los universitarios conducirá a la estabilidad y armonía en sus futuras relaciones", argumenta Xinwei.

Tendencia. Los jóvenes chinos no saben querer. El enamoramiento les supera. Lo que, en la lógica de las autoridades, les lleva a emparejarse menos y a tener menos hijos. No hay nada excepcional en este hecho: sabemos que los jóvenes de todo el mundo están dejando de tener sexo y que el porcentaje de adolescentes que se declaran asexuales ha crecido. Es un retroceso transversal a las sociedades occidentales, con su consecuente repunte en la ansiedad generacional. China tan sólo ha llegado ahora a este proceso. Tiene en Japón un espejo inmediato.

Aprende a amar. Al igual que otras naciones, China desea revertir esta tendencia. En su caso con una idea arquetípica del modelo de pensamiento del partido comunista: un programa nacional que corrija las deficiencias románticas y emocionales de sus jóvenes. La idea ha sido arduamente debatida en las redes sociales chinas. Xinwei lo considera necesario dado el abanico de referentes negativos presentes en la esfera pública, con sus affaires extramatrimoniales y laxa moral en cuestiones sexuales. Impartir las bondades del correcto matrimonio se antoja necesario.

Otros expertos se han mostrado escépticos con la idea, subrayando la necesidad de establecer criterios fijos y currículums bien diseñados, capaces de sobreponerse a las ideas, prejuicios y sesgos de los profesores en un asunto tan preñado de la cosmovisión personal de cada uno.

Demasiado femeninos. La sugerencia de la delegada es interesante porque entronca bien con otros proyectos e ideas de las autoridades. Lo veíamos el mes pasado: el Ministerio de Educación desea educar en valores más masculinos y tradicionales a sus jóvenes varones, demasiado "feminizados" por la influencia de andróginas estrellas pop y la ausencia de roles de géneros más marcados y estrictos. Desde los videojuegos hasta un ambiente familiar más suave, los culpables eran variados.

China atribuye el desplome de su natalidad, al menos en su relato conservador, a la misma crisis de la masculinidad que aflige a los países occidentales. Una promovida por el desdibujo de los roles de género tradicionales y que es motivo de no pocos debates en Europa y Estados Unidos, en ocasiones en similares términos a los avanzados ahora por China.

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